Las horas perdidas por Adolfo Jose Bengoechea Amador

POR ADOLFO BENGOECHEA AMADOR - HOGAR Y FAMILIA - 25 JUN 2016, 5:32 P.M.

Adolfo Jose Bengoechea Amador

Cedula: 0012108690067N

Email: Adolfo.bengoechea@gmail.com


 

Las horas perdidas

Nueve meses, 270 días, 6480 horas es el tiempo que tengo de no poder relacionarme con mis hijos, Alejandro (6 años) y Elena (3 años), por capricho, venganza, egoísmo de mi ex conyugue.

Hay una sentencia de divorcio en la cual se me da derecho de ver a mis hijos cada 15 días de 8 a 5 pm. Sin embargo, esta sentencia se encuentra sentada en los juzgados de familia de Chinandega, esperando que el juez de turno tenga la voluntad o el tiempo para ejecutar la misma. Mientras tanto me toca, esperar, ya que no puedo recurrir a ninguna institución para que pueda hacer valer mi derecho de padre y de relacionarme con mis hijos. No existe ley en Nicaragua que penalice a la madre, cuando excluye al padre de la vida de sus hijos.

No obstante, existe penalización si los padres dejan de otorgar la pensión alimenticia. ¿Y qué pasa en el caso de que el padre cumple? ¿ y la madre le sigue negando el derecho de ver a sus hijos?. Verlos no significa que sea bajo las condiciones de la madre, ni negarles a los niños una relación con la familia paterna (abuelos, tías y primos). Hay un vacío en la ley que no contempla esta situación y muchos padres responsables que quieren tener una relación con sus hijos son negados de la misma. Sufrimos entonces de Padrectomia, otro tipo de violencia familiar, esto es: el alejamiento forzado del padre, cese y extirpación del rol paterno y la pérdida parcial o total de sus derechos ante los hijos (R. Fay y Nelson Zicavo 1999:9). Un proceso ascendente que tiende a la destrucción funcional y síquica del padre y provocar el síndrome del padre destruido, donde el rol se ve anulado y la constelación de síntomas provocados por la carencia de sus hijos lo llevan a la pena, vivencia de perdida, angustia, rabia, desazón, miedo, incertidumbre (Zicavo, 2006:25)

Hasta qué extremos llegan las madres por revanchismo, venganza, egoísmo para alejar a sus hijos de la relación padre e hijos. Inclusive hasta de poner falsas denuncias para desprestigiar al padre y poder despojarlo de autoridad paternal.

¿Y el daños a los niños?

¿Por qué necesita un niño a su padre?

El hombre necesita a su padre para tener su historia completa, saber de dónde vino y a donde va. Poder mirar hacia atrás y no tener un agujero negro. No encontrar una muralla de silencio o un cumulo de mentiras cuando se le interroga sobre su progenitor. El niño/niña ante todo necesita equilibrio y este sólo se logra si tiene una relación con ambos progenitores.

La construcción mental del niño depende del padre como de la madre y depende también de lo que suceda entre ellos, de cómo ellos se comprometen en su crianza, mas allá de cuales sean sus lazos maritales. Un padre ausente suele significar una sobre presencia materna.

En nuestra sociedad cuantas veces hemos escuchado lo siguiente, “Mi hijo nunca necesito a su padre y es perfectamente normal, no tiene ningún trastorno, es mas nunca lo quiso conocer”. Sin embargo, lo que hace y dice el niño contradice a la madre tan ostentosamente que solo la ceguera de quienes no quieren ver puede mantenerlas en la ignorancia. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.). No es que los niños digan “mentira mama yo quiero conocer o estar con papa”, pero la forma de apegarse a los hombres que aparecen en la casa, la manera de buscar aliados que se interpongan entre su madre y él son algunas de sus más inocentes y menos violentas maneras de expresar sus carencias.

, “Yo he tenido que hacer de mama y papa” admirables y abnegadas madres que pelearon con todas sus fuerzas para salir adelante solas tratando de criar a sus hijos lo mejor posible. Ellas saben mejor que nadie que no es fácil reemplazar al padre y que a veces es imposible. (Un pere, pour quoi faire?, Yvon Dallaire, M. Ps.) porque la relación paterna - cuando se establece - dura toda la vida.

Más que las guerras, las enfermedades mortales o los desastres naturales es el egoísmo de la madre y/o del padre que suelen dejar mayor cantidad de huérfanos esparcidos por doquier. No puede aceptarse que cuando el padre no quiera a la madre abandone a los hijos; no puede ni debe aceptarse que cuando la madre no quiere al padre haga todo lo posible para que los hijos de ambos tampoco lo vean, lo quieran o se relacionen con él y la familia paterna.

Al final, a mis hijos los veré, eso lo sé en mi corazón. Alejandro y Elena los amo. Sin embargo, el tiempo que se me ha robado de verlos, gozarlos, reír y llorar con ustedes, esas horas perdidas nadie me las devuelve, se han ido para siempre.

En Nicaragua no existen leyes que penalicen acciones como la de mi ex-conyugue. Sigo esperando que el juzgado de familia de Chinandega ejecute la sentencia y mientras tanto las horas, los días, las semanas, los meses pasan………..son las horas perdidas….¿cuánto tiempo mas tendré que perder?.

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