El vil egoísmo que nunca más triunfó ( Prefacio)

POR ADRIANA VIGILANZA - VENEZUELA - 29 SEP 2016, 7:43 P.M.

PREFACIO *

"¡No es la riqueza y el esplendor, sino la

ocupación y la tranquilidad, lo que da felicidad!” 

-Thomas Jefferson 

 

* Libro de próxima aparición

El 28 de junio de 2009, mientras convalecía en reposo por una insignificante cirugía, pude ver en la TV, en vivo y en directo, algo muy perturbador. Tal como había sucedido 10 años antes en Venezuela, con Chávez, el para entonces Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, se proponía hacer que los hondureños votaran para convocar una Asamblea Constituyente. Bastó con escuchar aquel anuncio para que se apoderara de mí un auténtico terror…

Desde que había llegado la llamada “Revolución Bolivariana”, con su fraudulenta Asamblea Constituyente, los venezolanos nos veíamos bombardeados a diario con muy perturbadores sucesos: dramáticos cambios en las leyes, tomas ilegales de empresas, detenciones arbitrarias, asesinatos atroces, algunas veces a manos de un hampa que crecía de manera alarmante, sin duda azuzada por los discursos de odio que constantemente profería su líder, en interminables “cadenas”, es decir, transmisiones de radio y TV, obligatorias, tanto para medios privados como para medios oficiales, que podían durar hasta 7 horas continuas. Durante todo ese tiempo, el líder relataba anécdotas como si estuviese hablando con su familia. Tocaba temas  irrelevantes y a veces, hasta escatológicos, como cuando contó cómo en una cierta ocasión, mientras trataba de derribar un muro montado en una grúa (ya siendo Presidente), lo agarró un cólico con diarrea, describiendo con lujo de detalles todo el episodio

Al hampa común, problema de vieja data en Venezuela, le salió una novedosa competencia: grupos paramilitares, llamados  “colectivos”, armados por el Estado, que adquirieron enorme poder con “la Revolución”. Esos grupos se declaraban abiertamente aliados de la “causa” revolucionaria y atacaban con casi total impunidad a cualquiera que tuviera la desgracia de ser señalado por el líder máximo como “enemigo”: empresarios, medios de comunicación no afectos al “Proceso” (otro apelativo dado a la Revolución), políticos opositores, periodistas, profesionales, Jueces, Iglesias. Cualquiera que osara disentir. Muy temprano en su “Revolución Bolivariana”, el líder echó mano de la violencia física contra disidentes, acompañada del grito de guerra castrista “patria, socialismo o muerte”, que nosotros los venezolanos ingenuamente habíamos creído extinto, pasado de moda. A ese grito, unos militares embriagados de dinero fácil y otras prebendas que los desconectaron por completo de sus deberes Constitucionales, respondían con vehemencia inaudita “¡Venceremos!”…No en balde, en los 14 años que duró esa

“Revolución”, los asesinatos en Venezuela excedieron la escandalosa cifra de 200.000 casos,  casi los mismos 250.000 asesinatos que produjo, durante 52 años, la guerra con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (“FARC”) y otras guerrillas, en Colombia. 

Como para que nuestras almas no tuvieran reposo, empezaron a sucederse, también, casos que nunca antes habíamos vivido: abominables torturas a mujeres, niñosy animalitos, a los que unos Tribunales repletos de jueces temporales y por tanto, serviles (por ser más vulnerables a amenazas de despido), jamás daban adecuada solución. Muchos compatriotas reían ante tan dantescos espectáculos, llenos de sadismo y maldad. Mi desconcierto era enorme. ¡No reconocía al venezolano! ¿Dónde y desde cuándo había guardado tan ruines sentimientos contra los suyos? 

Ver la televisión comenzó a ser casi lo mismo que ver una película de horror. Las transmisiones obligatorias, de radio y TV, llamadas “cadenas” se hicieron cotidianas y durante en ellas, personajes siniestros iban apareciendo en la pantalla, uno tras otros, expresando las ideas más descabelladas, sobre todos los temas. Recordaba aquello que Jorge Olavarría profetizó, en su discurso ante el Congreso del 5 de julio de 1999, describió como “la orgía de la insensatez demencial”. Se hacían planteamientos absurdos, tan absurdos como la ridícula manía que empezaron a adquirir los funcionarios públicos de vestirse todos de rojo, para agradar al Comandante, algo antes nunca visto en mi país, al menos no durante la era democrática…Era como si el diablo se hubiese escapado del infierno y los hubiese poseído.  ¡En aquel año 2009, llegó un punto en el que ya yo no clamaba por justicia, sino por un exorcismo!

Por supuesto que tampoco faltaron, desde los primeros días de la “Revolución bonita” (así la llamaba su creador) asesinatos directamente vinculados a las más altas esfera del poder político, que quedaban “resueltos”, dejando demasiados cabos sueltos. Fue una “Revolución” que nació con el sino de la muerte. De hecho, el 15 de diciembre de 1999, mientras se votaba la Constitución impuesta por la minoría que se hizo del poder absoluto en la Asamblea Constituyente mediante una escaramuza matemática (que logró el milagro de que el 54% de los votos, resultara en un 95% de los escaños para los oficialistas), Venezuela sufrió una vaguada que se llevó decenas de miles de vidas, la mayor tragedia natural de su historia contemporánea, con más fallecidos que en el gran terremoto de Caracas, de 1967. Pero ni eso los detuvo…

 

Las constantes devaluaciones de la moneda contribuían, igualmente, a complicarnos cada vez más la subsistencia. El control de cambios llegó para quedarse, tal como me lo había advertido un extraño personaje que conocí en el año 2003, justo antes de su implementación. Comprar y vender divisas en el país, fuera del “sistema” oficial, fue considerado un delito. Eso propició escases de bienes esenciales, porque de esos cada vez se producían menos en nuestro territorio, sobre todo desde que un camarada, de nombre Juan Carlos Loyo, fue encargado por el máximo líder para que, pistola en cintura, se apropiase de cuanta finca productiva se le atravesara en el camino, a lo que seguía –como no es difícil suponer- su inmediata ruina. Sin que nos diéramos mucha cuenta, sucedió que las medicinas, los repuestos y hasta los alimentos, había que comprarlos en el exterior. Y mientras más necesitábamos de compras foráneas, menos dólares nos vendía el régimen. 

Para la entrega de divisas, la burocracia revolucionaria tenía predilección por empresarios “de maletín”, que accedían a las divisas simulando compras de bienes adquiribles con dólares baratos (al llamado “cambio preferencial”), destinados a insumos básicos, alimentos y medicinas. En vez de hacer esas adquisiciones, simplemente revendían esos dólares, comprados al cambio oficial de Bs.6.30 por cada dólar de los EEUU, al precio del mercado negro, mucho más elevado. Luego, con los bolívares de la venta de esos dólares, compraban otra vez más dólares baratos y los volvían a vender por diez, cincuenta y hasta más de cien veces el precio oficial de su compra. Una y otra vez repetían esta operación, creando una fuente de riqueza que parecía que no iba a agotarse nunca. 

Pero al comenzar a ser escaso, el dólar cada vez costaba más o, lo que es lo mismo, el Bolívar, nuestro signo monetario, se devaluó. En Revolución, vivimos al menos 5 devaluaciones oficiales y la inflación llegó a ser la más alta del mundo. Como correspondía al cinismo revolucionario, a partir del 2008 nuestra moneda fue oficialmente llamada “Bolívar Fuerte”. Por supuesto, los complicados y absurdos mecanismos cambiarios que idearon los incompetentes Ministros de la economía, entre quienes destacaron Jorge Giordani, Nelson Merentes y Rafael Ramírez, mientras duraron, quedaron sólo para ser cumplidos por los “tontos”.

Como se puede suponer, el terror que se apoderó de mí aquel 28 de junio de 2009, estaba plenamente justificado. ¡Zelaya proponía llevar a los hondureños por el mismo espantoso camino que ya habíamos estado transitando los venezolanos! Y lo más descorazonador era que mientras los venezolanos vivíamos el súmmum de lo anormal, el mundo consideraba que los que rechazábamos tan infame estado de cosas éramos unos egoístas oligarcas, enfurecidos por el poder que ellos suponían que habían alcanzado los pobres, en Venezuela. Los comentaristas políticos y periodistas internacionales, sobre todo los que aparecían en la cadena de televisión que llegó a convertirse, varios años más tarde y gracias al periodista mexicano Fernando del Rincón, en la mejor caja de resonancia de nuestros muchos males, “CNN en Español”, para aquel entonces hacían (algunos aún en el 2016, los siguen haciendo) comentarios que demostraban un casi absoluto desconocimiento de nuestra realidad, lo que los llevaba a favorecer, injustamente, a un régimen del que, siendo racionales, muy poco podría rescatarse. Mi frustración era enorme y mi único consuelo, enviarles tuits, algunos de los cuales, lo reconozco, fueron bastante altisonantes. 

Lo que cualquier venezolano consciente podía sentir, en aquella época, era que estábamos metidos en un autobús conducido por un ciego, que se dirigía a toda velocidad hacia un abismo, mientras que a lo largo de la carretera la gente nos sonreía y nos decían adiós con el movimiento de sus manos. Para mi estaba claro que la causa de tan disparatada carrera en la que, en contra de nuestra voluntad, se nos había inscrito a muchos venezolanos, se encontraba en las recurrentes violaciones a la Constitución, que Chávez proponía y muchos aceptaban. Era aterrador constatar cómo a muy pocos –y ciertamente, a casi ningún gobierno, político o periodista extranjero de entonces- eso parecía siquiera incomodarles. Como parecía que molestaba bien poco, también, a una mayoría en el gremio de mis colegas abogados, salvo por contadas excepciones. Una de ellas, Rocío San Miguel, incansable luchadora por los Derechos Humanos, quien dejó plasmado para la historia el mismo malestar que yo sentía, en un documental de la ONG “Ciudadanía Activa” (ONG a la que más tarde yo me uní) llamado “La Lista”, relativo a la retaliación política que sufrimos los venezolanos que firmamos para activar un Referendo Revocatorio contra Chávez, en el año 2004 y de cuya convocatoria salió una especie de “Schinder`s List”, pero al revés, porque el que aparecía en esa lista, en vez de salvarse, podía olvidarse de conseguir o mantener un empleo en el sector público o de recibir algún beneficio (más bien dádiva) revolucionario. En ese documental, Rocío declaró indignada: “…aquí todo el mundo sabe que hubo despidos por haber firmado (para convocar un Referéndum Revocatorio contra Chávez). ¡Pero el país está anestésico frente a eso!..”. En efecto, el país estaba anestésico. El mundo estaba anestésico. Ya Chávez había despedido antes, por causas políticas, a más de 18.000 trabajadores de la empresa estatal petrolera, “Petróleos de Venezuela, S.A.”, en el año 2002. Y no pasó nada…O más bien, sí. Pasó que las trasnacionales petroleras decidieron no emplear, tampoco, a la gente despedida por Chávez de PDVSA, no se le fuera a ocurrir al “Comandante” tomar represalias contra ellas…

Nuestra indefensión era pues, total. No importábamos al Presidente. Pero tampoco le importábamos a las instituciones, ni a las trasnacionales, ni al mundo. Acudir al llamado “Tribunal Supremo de Justicia”, en solicitud de alivio frente a los innumerables quebrantos a nuestros derechos –cosa que en lo particular hice decenas de veces- era inútil. Ese ente había sido malamente designado por la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente y tanto ese máximo Tribunal, como el resto del Poder Judicial, quedó conformado por jueces muy gises, casi desconocidos en el gremio, personas sin luces pero también sin moral; eso sí, muy Revolucionarios. Personas que con alarmante desparpajo un día sí y otro también, destrozaban una Constitución que parecía haber sido impulsada por el líder del “proceso sólo para darse el gusto de violarla. 

Mientras tanto, de manera espontánea y no muy articulada, algunos abogados y organizaciones no gubernamentales del país nos íbamos haciendo cargo de esas violaciones, en la medida de nuestras respectivas especialidades o por nuestro particular interés en la materia debatida o, simplemente, por necesidad, porque algún amigo o periodista nos pedía nuestra opinión. Sólo para citar mi caso, entre el 2007 y el 2009, participé en la redacción de más de media docena de Recursos judiciales por inconstitucionalidad, contra leyes u otros instrumentos jurídicos con medidas de trasfondo político. No alcanzaría ahora a sumar las horas que dediqué a estudiar y preparar tales Recursos. O los resúmenes ejecutivos que de ellos hacía para repartir en los medios o en las conferencias, a todo lo cual aceptábamos acudir con gusto y obviamente, ad honorem, aunque a costa de no pocos sacrificios, como tener que recorrer más de media ciudad, dentro del infernal tráfico caraqueño, para llegar a la estación de radio o televisión a la que habíamos sido invitados, algunas veces a horas bastante inconvenientes, que nos exponían al hampa o a peligrosas persecuciones. Otras veces nos tocaba madrugar a fin de abordar un avión y asistir a dictar una charla en algún otro Estado del país, al cual se nos había invitado con ayudada económica de otros ciudadanos “comunes”…

…La Revolución me enseñó que, usualmente, los ciudadanos “comunes” son los más excepcionales…

Recuerdo cómo el Dr. Paul Escobar, muy reconocido (nacional e internacionalmente) médico urólogo, residenciado en la ciudad de Valencia, a quien conocí por intermedio de Héctor Manzano, colega que participaba conmigo en la redacción de la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, quien me escuchó en un evento al cual fui invitada por el Colegio de Abogados del Estado Carabobo para disertar sobre la propuesta de “Reforma” de la Constitución que Chávez lanzó al país el día 15 de agosto de 2007 y me enroló en su cruzada por evitar la definitiva implementación del castro-comunismo en Venezuela, llevándome con él a recorrer medio país, a veces hasta alquilando avionetas para que entre ambos pudiéramos llevar el mensaje a muchas comunidades, en el poquísimo tiempo que las instituciones chavistas nos dieron para discutir eso que, ni en los hechos ni en el Derecho, era una propuesta de “Reforma” constitucional, sino la implementación  de un nuevo Estado, diametralmente opuesto al diseñado en la Constitución de 1999, por el cual debíamos votar “SI” o “NO” el 2 de diciembre de aquel año 2007, pero cuyo contenido final no nos fue revelado sino cuando una Asamblea Nacional que había sido electa con apenas el 25% de los electores inscritos, terminó de hacer públicas sus “propuestas”, apenas un mes antes del día fijado para la votación. Ante tanto atropello, hasta la Iglesia católica tuvo que hablar. Y el iracundo Chávez acusó a sus jerarcas locales de ser unos "demonios" y "estúpidos", por expresar su preocupación en torno a la reforma de la Constitución, para convertir a Venezuela en un Estado comunista.

En mi impotencia y desesperación por la forma inconsulta y atropellada en la que se nos llevaba al basurero comunista disfrazado de “Constitución” y como queriendo lanzar un conjuro capaz de impedirlo, declaré en la TV, en el programa de entrevista transmitido por Globovisiòn llamado “Tres para las Nueve” (conducido por tres populares jóvenes comunicadoras sociales), que se trataba de una reforma que había nacido “muerta”, pues el 2 de noviembre es en Venezuela el día de todos los difuntos. Milagrosamente, mi conjuro pareció  surtir efecto y el CNE dijo que la propuesta de Reforma Constitucional no había sido aprobada, aunque nunca se molestó en contar 1.8 millones de votos…cosa que, por supuesto, poco importó…¡al país entero! 

Lo cierto es que al Comandante, la tan supuestamente extraordinaria nueva Constitución de 1999, a menos de una década de su entrada en vigencia, ya le había quedado pequeña. Y eso, sencillamente, no se iba a quedar así. Ya Chávez había contado con 3 “leyes habilitantes”, para legislar sin la ayuda de los, de suyo, muy serviles diputados. Pero entonces, fue “a por la enmienda” Constitucional, cosa que finalmente logró que le aprobaran en el año 2008 y gracias a lo cual consiguió lo que realmente anhelaba su corazón, para poder ser llamado –formalmente- “Comandante eterno”: la fatídica reelección indefinida.  

Bajo el ardid de llamarla “enmienda” y no “reforma” Constitucional, Chávez consiguió que el Consejo Nacional Electoral esta vez dijera que él sí ganó y la reelección pasó a ser, en Venezuela, indefinida, continua, eterna o como les dé la gana de llamarla, ya que sobre eso también hubo debate. De nuevo para nuestro asombro, tan burdo ardid jurídico y tanto deseo de perpetuidad, no causó gran alarma en el resto de las sociedades “democráticas” de América (incluidos los EEUU y Canadá), así que la fraudulenta “enmienda” de 2008, pasó “como si tal cosa”.

 Precisamente, a Zelaya se le había ocurrido en ese año 2009, pretender la misma gracia. Quería tener la posibilidad de ir a cuantas reelecciones le viniera en ganas. Pero su Constitución, como la venezolana de 1999, no sólo se lo prohibía: lo penaba con prisión. Por eso, a mí me parecía que lo que intentaba Zelaya era aún peor, porque la Constitución de Honduras expresamente consideraba delito siquiera proponer la reelección indefinida… Zelaya planteó la reforma de esa norma Constitucional, a la luz pública. De manera que aconteció lo que era inevitable. El delincuente -es decir, a Zelaya- fue pillado in fraganti. Cualquiera diría “¡Ah! ¡Seguro Zelaya fue detenido y fin de la historia!”. Pero no. No en aquella nefasta y pusilánime etapa de la historia de América…La comunidad internacional no sólo no reparó en la norma Constitucional violada, sino que comenzó a defender a Zelaya, a capa y espada. Y quien lideró ese apoyo fue la Organización de Estados Americanos (“OEA”), a cargo del chileno José Miguel Insulza, personaje que no tardó en ganarse nuestro muy sentido –y más que merecido- repudio.

Aquel 28 de junio de 2009, tendida sobre la cama de mi hermana Ana Teresa,  donde habíamos decidido que era mejor que yo hiciera mi reposo por la pequeña cirugía a la que me había sometido, podía ver la televisión a lo largo de todo el día. Sintonicé CNN en español y comencé a ver el rebullicio que se estaba formando en Honduras por la inconstitucional pretensión de Manuel Zelaya. De inmediato, todo el horror que hasta aquí he relatado -y mucho más, que ya también había vivido hasta entonces y tendrá ocasión de relatarles, más adelante-  daba vueltas en mi cabeza. Obviamente, no lograba conciliar el sueño. ¡Los hondureños iban a ser sometidos a las mismas tropelías que hacía ya diez años veníamos sufriendo los venezolanos! ¡Y eso que la Constitución de Honduras incluso criminalizaba, expresamente, a aquél que simplemente propusiera un cambio en los Artículos que prohibían el continuismo!

Tuve razón en no dejar mi temor a un lado, aun conociendo la existencia de esas clarísimas normas de la Constitución hondureña, porque en Venezuela ya habíamos sufrido en carne propia lo poco que le importaba a la comunidad internacional el Derecho Constitucional. “¡Qué ironía!”, me decía yo.  Un mundo que se jactaba de tener cada día más naciones bajo el imperio de la ley y no de ciertos hombres; que contaba con Organizaciones internacionales de costosísima infraestructura que se suponía debían velar por unos derechos humanos -que no admiten bemoles, porque sólo si se los respeta se garantiza la paz y el progreso planetario- había estado ciego, sordo y mudo ante las flagrantes y gravísimas violaciones a la Constitución venezolana, que se cometían a diario, en “Revolución”. Un mundo donde los Estados se vanaglorian de su avanzado grado de civilización, por contar con leyes sobre “responsabilidad social empresarial”, a la hora de la chiquita -como decimos en Venezuela para significar “a la hora en que nos tocan el interés propio”- se movían únicamente según sus intereses económicos, peor que muchas de las empresas mercantiles a las que ellos pretenden obligar a comportarse de forma “socialmente responsable”. 

…Fue la época de los Estados socialistas, socialmente irresponsables…

A pesar de todo, a Zelaya lo terminaron destituyendo todas las instituciones hondureñas, por haber sido acusado de una evidentísima violación constitucional, declarada por un Tribunal con competencia para eso. Pero a la OEA poco le importó esa decisión. Juzgó como transgresores al Parlamento y a la Corte Suprema hondureña y de “ñapa”, quien fue designado por esas instituciones para ocupar el cargo de Presidente de la Nación y de forma transitoria, mientras se celebraban otras elecciones, aún hoy tiene prohibida la entrada en los Estados Unidos de América, por “golpista”. Pero es que no sólo a él le fue retirada la visa norteamericana, sino también al canciller de entonces, Carlos López…¡y a catorce magistrados de la Corte Suprema de Justicia hondureña! ¡Para rematar, a Honduras, cuyas legítimas instituciones se activaron para evitar que Zelaya violara la Constitución, se la suspendió en tiempo record de su participación en la OEA!

…Ciertamente, sólo un hombre pudo haber logrado semejante hazaña…El detestable anciano caribeño, que no estaba dispuesto a dejar sucumbir su decimonónico plan de dominación de América Latina, costara lo que costara… 

En línea con la actuación de Insulza, irónicamente apenas un mes antes, en San Pedro Sula, Honduras, la OEA había revocado a Cuba la misma sanción que ahora hacía pesar sobre Honduras…Fidel Castro no sólo dominaba a Venezuela sino que, evidentemente, ya dominaba por completo la OEA, en el año 2009.

Cualquiera se preguntaría: ¿Y cómo había sido posible tan inusitado logro? Pues bien, ya para entonces los horrendum fraters Castro se habían procurado un impresionante ejército del mal. Lo conformaban un supuesto “estadista”, que ocupaba la Presidencia de Brasil, en aquel año 2009, conocido por el mote de “Lula”, más digno de un payaso que de un Presidente y que el tiempo se encargó de demostrar que, de “gran estadista” (como nos lo vendía hasta los más prominentes líderes de la oposición venezolana), tenía muy poco y de socialista, muchísimo menos. Un bizco, de nombre Néstor Kirchner, abogado que presidía la Argentina en aquella época y que se había hecho multi-millonario antes de ocupar la Presidencia, revendiendo viviendas arrancadas a sus propietarios a precios de gallina flaca, contando el “socio-listo” de Néstor con información privilegiada por ser abogado al servicio de una entidad financiera ultra capitalista que determinaba quienes ya no podían pagar por su vivienda. Ayudándolo en esto, su esposa Cristina, mucho más “socialité” que socialista, quien más tarde quedó convertida, también, en Presidente de esa nación, luego de la sospechosa muerte de su marido, en pleno ejercicio del cargo. En Uruguay, un médico oncólogo llamado Tabaré Vázquez, quien se dice que fue el primer presidente de izquierda, en ese país. Luego entró Pepe Mujica, un anciano con apariencia de guerrillero, siempre presto a colaborar con la infamia. Evo Morales, fundador en su país del “Movimiento al Socialismo”, líder de los productores de coca, en Bolivia. En Ecuador, Rafael Correa, un bravucón con insoportable voz de párvulo, abanderado de la “Teología de la Liberación”, con una historia familiar triste, la típica que crea resentimientos, pues su padre fue preso en los EEUU por ser mula del narcotráfico. En Nicaragua, Daniel Ortega quien, entre otras cosas, fue acusado por su hijastra Zoilamerica de haber abusado de ella desde que era una menor de 11 años de edad. En Paraguay, Fernando Lugo, un obispo católico “reducido” a estado laical, de quien se supo, después de que quedó electo Presidente, que más que  pastorear almas, lo suyo era tener un rebaño de féminas, pues incluso cuando aún estaba comprometido por supuestos votos de castidad, engendró unos cuantos hijos. Llegó al poder montado en los valores cristianos. Por eso resultó tan escandaloso que incluso oficialmente llegase a reconocer que no sabía en realidad cuántos hijos tenía. Salió de la Presidencia de Paraguay por un “impeachment” (juicio político), al igual que Dilma Rousseff, quien sucedió a Lula. A este decadente grupete de Presidentes, que obtenían mucho dinero robado al pueblo venezolano, con sobrada justicia los apodé “los representantes de la América Letrina”.  

A la sombras de todos aquéllos oscuros “socialistas”, había otro actor fundamental, que por un tiempo logró “pasar agachado”, como decimos coloquialmente los venezolanos, para referirnos a quien no llama la atención sobre sí mismo. Nos referimos, por supuesto, al ya mencionado José Miguel Insulza, a quien la ambición y su supuesta ideología “socialista” lograron posicionar como Presidente de la Organización de Estados Americanos (“OEA”). Desde ese importantísimo cargo se convirtió, a la vista de propios y extraños, en el más ferviente protector del “socialismo del Siglo XXI”, es decir, del narcotráfico, del terrorismo y de la corrupción, porque no otros son los males con los que se había logrado sustentar en el poder el detestable “Caballo”, como llaman en Cuba a Fidel Castro y no otra cosa terminó siendo ese costosísimo disparate histórico en el que decidieron participar algunos venezolanos, escandalosamente llamado Revolución Bolivariana

Sin la decisiva y descarada colaboración de Insulza, no habría sido posible que el plan Castro-comunista de dominación de América Latina prosperara como lo hizo.

Insulza siempre se negó a activar la Carta Democrática contra la “Revolución Bolivariana” y de la misma forma, presenció de brazos cruzados –más bien, auspiciándola- la erosión de la democracia en Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Sin embrago, en aquél año 2009, reaccionó de inmediato para activar esa Carta, claro está, en contra de Honduras, que se reveló a la dominación de los Castro, una dominación que estuvo germinando en la mente de “El gran arruinador”, por más de cincuenta años.

De hecho, un antiguo aliado de Fidel, el ex guerrillero venezolano Héctor Pérez Marcano (quien perteneció al llamado “Frente de Liberación Nacional de Venezuela”) le relató al diario “El País” de España, el 29 de septiembre del 2013, cómo fue el intento castrista de invadir a Venezuela, en el cual él participó, a finales de los años 60. En ese relato, Pérez Marcano añadió: 

“(…) Era evidente que Fidel no había abandonado la idea, siempre buscó por otra vía el desarrollo continental de su revolución. Esa otra vía es la que ahora vemos desplegarse en América Latina en la era de Hugo Chávez y sus herederos (…) Nadie me hizo caso. Veía la conexión a partir de información de un agente de inteligencia cubano que trabajó en la Embajada de Cuba en Venezuela en las décadas de los años 70 y 80 (…)Y una de las personas con la que se reúne siempre, es conmigo. Fue a través de él que supe detalles de la presencia cubana, ya como una intervención en Venezuela. Me di cuenta que se estaba armando lo que califiqué de nuevo proyecto continental cubano. Teniendo el poder por la vía electoral, busca promover la expansión de estos movimientos en América Latina. Él tenía contactos con Ramiro Valdez, el sucesor de Manuel Piñeiro, “Barba Roja”, el principal responsable de la subversión cubana en Latinoamérica en la era de Fidel (…)” Resaltado nuestro.

Se ve que Pérez Marcano sintió al mismo país “anestésico” que desde hacía rato sufríamos otros. Ciertamente, en esos años, a la verdad le costaba un montón salir a lucir su resplandeciente ropaje, en Venezuela. Uno denunciaba, gritaba. Advertía. Pero todo rebotaba contra unas paredes de corcho invisible, que apagaban casi por completo nuestras voces…Sospecho ahora que esos no eran muros de corcho; más bien, eran muros de un papel de un peculiar color verde…Un  petróleo que alcanzó la increíble cifra de $140 por barril, fue mucho lo que pudo comprar…tapar, acallar. Ayudó mucho a este horror, que la izquierda nacional intentó desde el comienzo que el proyecto “Bolivariano” liderado por un militar estridente, quedase desvinculado del decadente militar, Fidel Castro. No sabemos si fue por vergüenza o por admiración a aquel anciano trastornado. A la izquierda internacional le toca otro tanto de responsabilidad. El ideólogo del

“Socialismo del Siglo XXI”, el sociólogo alemán Hans Dieterich, ante la evidente responsabilidad que le corresponde por hacer pasar al proyecto del militar golpista venezolano como una ideología respetable, trata de deslindarse de este desastre de la historia universal en que se ha convertido la Venezuela de los Castro, aduciendo con descaro que Chávez no le hizo caso porque: 

“(…) es muy difícil, en primer lugar porque hay que entender un poco de economía y el problema de toda la izquierda del mundo es que cuando se habla de una economía no capitalista piensan que se trata de colocar la bandera roja en la fábrica y meter un tanque (…)”

 

Muy interesante: “(…) el problema de toda la izquierda del mundo

(…)”. A confesión de parte…

Pero también ocurrió que para una gran parte de los venezolanos, la sola idea de que los Castro pudieran dominarnos en pleno Siglo XXI, era considerada una estupidez. Tal vez por eso, ni Venezuela ni América, supieron reaccionar, firmes y a tiempo, contra la amenaza real de las fuerzas comunistas que nos tomaron, como en cambio sí lo supieron hacer en el pasado, cuando esas mismas fuerzas quisieron implantarse en América Latina, a través de Cuba, donde muy desafortunadamente sí lograron establecer un régimen marxista-leninista. 

Nosotros, los niños nacidos en Venezuela en los años 60, contamos con la fortuna de que nuestros padres llevaran al poder, democráticamente, al Presidente Rómulo Betancourt, quien con gran hidalguía espantó a ese flagelo de ruina y corrupción, junto a unas Fuerzas Armadas capaces y leales a la democracia, pero sobre todo, probas. Para mi enorme tristeza, los venezolanos nacidos en el Siglo XXI, no estaban teniendo tanta suerte… La Fuerza Armada venezolana los traicionó de la forma más vil posible, por dinero, escudándose en una “ideología” tan vieja y mal oliente como seguramente es el fétido aliento del viejo fumador de habanos que los sometió,  a través del vil egoísmo.  

En ese estado de desesperación, ante lo que claramente yo veía como una maniobra orquestada internacionalmente para conseguir que Zelaya permaneciera indefinidamente en el poder y convencida, no sé por qué, de que sobre los hombros hondureños pesaba la enorme carga de decidir la suerte del bien en América Latina, me fui a la cama aquél 28 de junio de 2009. Y comencé a rezar fervientemente, no directamente por la salvación de Venezuela, sino por la suerte similar que estaba por correr otro pueblo hermano. Pedí a Dios y a la Virgen María que le dieran fuerzas a los hondureños para resistir el embate internacional al cual estaban siendo sometidos, por haber osado a negarse a beber la nauseabunda pócima que el viejo hechicero de La Habana le había suministrado a ciertos venezolanos y también a otros pueblos del continente, de países mucho más grandes, mucho más ricos y por lo tanto, aparentemente, también mucho más poderosos que la indefensa Honduras. 

Fue entonces cuando tuve el inolvidable sueño que contaré a lo largo de estas páginas, porque aconteció que después empecé a experimentar insólitas “casualidades” relacionadas con quien fue su muy inesperado protagonista: un inolvidable curita franciscano. Por supuesto que no noté de inmediato esas coincidencias (que una muy especial amiga a quien conocí años más tarde, Joaquina, me dijo que ella llamaba  “Dioscidencias”). Empezando porque  apenas unos dos meses más tarde, en aquel mismo año 2009, se dio la “casualidad” de que pude visitar Asís, algo que ni siquiera imaginaba que haría cuando tuve el sueño. En Asís fue cuando comencé a conocer la vida de San Francisco, de quien yo no era devota y por eso, mal podría haber detectado la presencia de varios de sus “símbolos”, en ese sueño. 

De regreso a Venezuela, en las más variadas circunstancias, aparecían ante mi imágenes de San Francisco de Asís o de algo que con él se relacionaba. Esas imágenes o símbolos iban asociados a bellos mensajes de esperanza, que para mí estaban relacionados con el destino de Venezuela. Con el tiempo comprendí que tendría que buscar la forma de compartir, de la manera más amplia posible, esos mensajes. Y ese es uno de los propósitos de este libro. 

Debo reconocer que ya antes de esa sin duda inspiradora experiencia onírica, yo venía acariciando la idea de escribir un libro que sirviera como el testimonio de una “ciudadana de a pie”, perteneciente a la casi siempre olvidada clase media profesional, sobre su experiencia en el “socialismo del Siglo XXI”. Pero los mensajes que fui recibiendo, poco a poco, fueron lo que terminó de impulsarme a escribir. Mi interés hasta entonces sólo había sido dar testimonio de los eventos, situaciones, personajes y pensamientos que acabaron con la Venezuela que me vio nacer, a la cual extraño tanto y le estoy tan agradecida, porque me hizo la profesional que soy hoy, una entre millones de profesionales formados en democracia, en Universidades gratuitas y cuya calidad era tan elevada que, por causa de la Revolución, nos convertimos en uno de los más preciados “bienes” para la exportación. Por primera vez en la historia de mi país, millones de venezolanos emigraban. La gran mayoría, con títulos universitarios y algunos –los que tuvieron mejor suerte o mejores credenciales- hasta están siendo ayudados para que puedan ejercer sus profesiones en los países que los cobijaron, en donde alcanzan notables éxitos.

Me animaba la esperanza de que el relatar esta historia, pudiera contribuir con que no volviera a repetirse una experiencia “revolucionaria” parecida, ni en Venezuela, ni en ningún otro país del mundo.  Pero como en el año 2009  tuve el peculiar sueño y comenzaron las “coincidencias”, entonces se me planteó el reto de mezclarlas con el resto de mi relato. No tenía para nada clara la relación que podía haber entre el acontecer político de mi país y aquellas “apariciones franciscanas”, ni los mensajes que las siguieron. Tal vez justamente porque tampoco veía esa relación, hubo quien pretendió disuadirme de que escribiera sobre mi experiencia “mística”, temiendo que al hacerlo, perdiera yo lo que esta persona llamó mi “prestigio profesional”. Pero al contrario, hubo también quien me animara a relatar esas experiencias. Para rematar, yo dudaba y me preguntaba cómo poder engranar la historia de las “casualidades” franciscanas, con el título que ya  tenía escogido para mi libro, desde que sentí el deseo de escribir, título que me negaba a abandonar porque lo veía como la “contra” al maleficio que nos hundió: “El vil egoísmo”, que forma parte de una estrofa de muestro Himno Nacional y que yo desearía que no se cantara más o, en todo caso, que fuese sustituida para que decretemos que “eso”, nunca más triunfó. De ahí, el título de este libro. Esa tenía que ser la frase que leyese cualquiera que lo tomara en sus manos. Colocarla como título garantizaba que siquiera ella fuese leída, aun cuando mi libro, no. 

Pese que me había estado empapando en la historia del Santo que tan inesperadamente irrumpió en mi vida, sólo fue cuando comencé a escribir este Prefacio que noté la relación –que en ese momento se me hizo evidente, como por arte de magia- entre mi preocupación por Venezuela, por Latinoamérica y la presencia de San Francisco.  Si, como ya había estado concluyendo, el egoísmo es lo que nos ha venido impidiendo ser la nación próspera que estamos destinados a ser, pues resulta que el ejemplo de vida de San Francisco era, justamente, todo lo opuesto! ¡El vínculo, estaba claro!   

¿Cómo podía extrañarme que ante el enorme desconcierto que yo sentía por la inverosímil magnitud del robo de dineros públicos que ocurría en Venezuela, la más gigantesca de la que pueda dar cuenta la historia de pueblo alguno de América y tal vez hasta del mundo, apareciera a alertarnos San Francisco de Asís? Si hay algo de lo que estuvo exento el muy querido San Francisco, es del siempre perturbador mal del egoísmo. De nada se jactaba aquél Santo y si en alguna oportunidad pareció que lo hacía, habrá sido sólo para exaltar la dicha que él veía en una vida de pobreza material. Famoso es el relato según el cual, después de un episodio de profunda meditación, que imprimió en su rostro un evidente embelesamiento, San Francisco fue increpado por sus mundanos amigos, quienes le preguntaron “¿Amor tenemos, Francisco? ¿Has descubierto por fin a la doncella que ha de ser tu esposa y pasas la noche y el día pensando en su belleza y en sus encantos?, a lo cual él les respondió: ”Si, en verdad estoy pensando en tomar por esposa a la doncella más noble y más rica que jamás habéis visto. La dama pobreza”. Y aquél que era el hijo de una de los más prósperos comerciantes de Asís de la época, Pietro Bernardoni, habiendo llevado una vida de lujos y placeres hasta sus 20 años, renunció a todo eso para entregarse por completo a servir a Dios y a los más necesitados.

La crisis de valores y el agobiante maniqueísmo que se vive hoy en América Latina, especialmente en Venezuela, tiene como epicentro el exagerado apego por los bienes materiales, que lleva a los pueblos a procurarlos, no con trabajo, sino a costa de cuanta vileza sea necesaria: asesinar, acusar, mentir, condenar o enviar al exilio a inocentes. La magnitud de ese apego a lo material es tal, que nos ha hecho presenciar hechos sencillamente insólitos, como que el mundo entero sepa que el hijo de un militar ex Tesorero de esta Nación “socialista” de Venezuela, hoy sumida en la más calamitosa pobreza, siga siendo el orgulloso propietario de 150 caballos de salto ecuestre y viva en una lujosa residencia en uno de los más exclusivos vecindarios de los EEUU y nadie ose perturbar su opulenta existencia,  pues más bien se le aclama como “campeón”, o que un Ministro socialista de Argentina, en un ataque de demencial avaricia, se haya dispuesto a esconder bolsas que contenían cerca de 9 millones de dólares, en un convento…¡contando con la colaboración de algunas de las monjas!. A tan escandalosos hechos yo no le hallo sino una explicación sobrenatural. Por eso me he preguntado si tan exagerada sed de dinero, al menos en el caso de Venezuela, no será culpa de que los venezolanos repetimos colectivamente y cuatro veces al día, en el himno nacional (que por decreto oficial es reproducido a las seis de la mañana, al medio día, a las seis de la tarde y a la media noche, en cada estación de radio y de TV del país), la que para mí fue siempre una funesta frase en ese himno, que dice que ante “el santo nombre” de la “Libertad”, “…tembló de pavor, el vil egoísmo, que otra vez triunfó”.

El caso es que soñé con San Francisco de Asís (así opinó mi prima Eleonora, quien no acepta que la contradiga en esto), sin tener ni idea de quien era él. Y desde el año 2009 venía teniendo mis “encuentros”  franciscanos, lo que me condujo a leer sobre su increíble experiencia de vida y a sentirme protegida frente a la locura del materialismo que se desató en Venezuela –y el planeta- que a mí se me hace, en verdad, insoportable. Cuando el 13 de marzo del año 2013, el obispo argentino recién electo como sumo pontífice de la Iglesia Católica, Jorge Mario Bergoglio, escogió “Francisco” como nombre para llevar adelante su Papado, me pareció que no había una elección más ajustada a la época que enfrentaría. De paso, ¡era el primer Papa latinoamericano de la historia y se iba a llamar “Francisco”! ¡Otra “casualidad”! Recibí cantidad de llamadas  ese día, de quienes ya conocían de mis “Dios-cidencias”, felicitándome y felicitándose, comentándome que “¡nuestro Papa latinoamericano ha decidido llamarse Francisco, en homenaje al santo con quien soñaste!”…

…Pues bien, propagar el mensaje del querido San Francisco de Asís es también objetivo de esta obra… 

Este texto, como ya presentirán, no tiene ninguna pretensión literaria y menos, científica. Con las pretensiones científicas siento que he cumplido publicando, aparte de una decena de artículos para revistas jurídicas, un libro sobre Federalismo, Descentralización y Derecho Tributario, cuya virtud está, según quien fuera mi Profesor de la materia 20 años antes y a quien escogí como su Prologuista, el Dr. Ezra Mizrachi, en que desenmarañó una compleja madeja de enredos conceptuales que condujeron a grandes sin sentidos, tanto, que muchas de las Constituciones venezolanas han contenido, como pasa con la vigente, normas que se contradicen en materia de reparto del poder de crear tributos. En cuanto a las pretensiones literarias, si es la voluntad de Dios, quedarán para alguna obra posterior. 

Pretendo sí, con estos relatos, alertar a los pueblos de América sobre la suerte que podrán correr si no se imponen al “vil egoísmo”. Empecemos por aclararles que los venezolanos ya pasamos por creer que era absurdo que Cuba, sin ser lo que el mundo conoce como una “potencia”, lograra dominarnos y no sólo a nosotros, sino a gran parte de América Latina. Hoy, algunos, hemos aprendido una dura lección: la Cuba de los Castros sí es una potencia, sólo que no bélica, ni económica. Su único producto de exportación es, sencillamente, el mal. Obligados a ingeniárselas para no perder el poder, una vez que cesó todo apoyo económico de la Unión Soviética, los Castro fueron perfeccionado, a lo largo de cinco décadas, una espeluznante arma de control social: la exacerbación de todas las perversiones del alma humana, valiéndose del vil egoísmo. Con impedir al ser humano el natural acceso a la riqueza que produce el trabajo honesto –mientras que toda la élite comunista del mundo disfruta de una vida sin privaciones, gracias al trabajo de los demás- lo convierten en un ser vulnerable, débil y ruin, porque para acceder a bienes,  lo que tiene que hacer es someterse o corromperse. 

Nos preocupa especialmente Colombia porque la beligerancia política para las “Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia” (FARC) fue uno de los más caros anhelos de Chávez. Él aseguró, el 13 de enero de 2008, que no abogaba "por la guerrilla, sino por la paz de Colombia" y argumentó que si se reconociera el estatus de beligerancia a las FARC, éstas tendrían que renunciar al secuestro como instrumento de lucha…Creo que se adelantó en su declaración y hasta pudo haber puesto en riesgo lo que ya era una estrategia castrista: esperar por un gobierno, el de Santos en Colombia, para hacerse del poder, de manera más “sutil”.

Aunque suena maravilloso lo de que las FARC deje de secuestrar, matar, abusar, violar; pero la experiencia venezolana lo que ha demostrado es que quienes vieron en la guerrilla y en la violencia una vía para acceder al poder político, aun habiendo alcanzado el poder por la vía de una contienda electoral al principio limpia, llegado el momento de la pérdida del favor popular, no renuncian a prácticas anti democráticas y contra los Derechos Humanos para conservar el poder a cómo de lugar. “Once a cheater, always a cheater” (“un tramposo, siempre será un tramposo”), reza un sabio refrán popular norteamericano, que hace poco le escuché a la campeona olímpica Shirley Babashoff y que resume mi sentir en este tema. A Shirley le tomó 40 años probar que ella era quien tenía razón, cuando denunció el doping como práctica anti-deportiva…Y Venezuela languidece porque 50 años de dictadura Castro-comunista parece que aún no han sido suficientes para que el mundo occidental y democrático detecte a tiempo y neutralice las estratagemas de sus secuaces…

Chávez no fue un guerrillero, pero sí fue un militar golpista. Alguien que insurgió, que escogió la violencia para alcanzar el poder y que encontró en ex guerrilleros castrocomunistas venezolanos, un apoyo incondicional. Hoy, ex militantes o descendientes de la llamada “Liga Socialista”, uno de los movimientos que tuvo que ser proscrito por los gobiernos democráticos de Venezuela porque se rehusaban a dejar la lucha armada, ocupan altísimas posiciones de poder. El primero de ellos, Nicolás Maduro. Le siguen, entre los más emblemáticos, Jorge Rodríguez, ex Rector del Consejo Nacional Electoral (“CNE”), quien una vez acabado su cargo en ese ente electoral, pasó a ser nombrado por Chávez Vice Presidente de la República (es ahora Alcalde del Municipio más importante de Caracas y Presidente del partido oficialista, “Partido Socialista Unido de Venezuela”) y su hermana Decly Rodríguez. Ambos jugaron un rol estelar en la consecución del fraude electoral que permitió a Chávez conservar la Presidencia, aun cuando había sido revocado por el voto popular en el año 2004. La capacidad de mentir sin sentir el más mínimo remordimiento, en ambos hermanos, es proverbial. Jorge Rodríguez lo probó entonces y lo sigue demostrando hoy, cuando achaca a la oposición fraude electoral “masivo”, por supuestamente enrolar firmas de fallecidos para alcanzar las que se necesitaban para convocar un segundo referendo revocatorio, esta vez contra Maduro (quien sucedió a Chávez, a su fallecimiento), algo que ha venido permitiendo el CNE, controlado particularmente por Jorge Rodríguez, en cada elección. De hecho, es el CNE quien forma el Registro Electoral que permite votar a muertos. No la oposición, que ni siquiera tiene permitido hacerle una auditoría que se pueda llamar aceptable. Su hermana, Delcy Eloína, no se queda atrás. Como cuando aseguró ante un estupefacto auditorio en la OEA, que Venezuela podía surtir de alimentos a tres naciones, en plena crisis humanitaria por la que pasábamos los venezolanos, dada la alarmante escasez de alimentos básicos de nuestra dieta, en este año 2016. También la más emblemática de las Rectoras –y Presidente vitalicia, al parecer- de esa morisqueta de CNE, Tibisay Lucena, es hija de otro guerrillero de la Liga Socialista. A ellos, después de su extraña alianza con la muerte, lo otro que los caracteriza es su inclinación natural por el fraude, la mentira. Y las consecuencias están a la vista. Acabaron con el país más rico de América latina, en su período de mayor bonanza económica. Dilapidaron en populismo y compra de conciencias, la inverosímil cifra de un millón de millones de dólares. Sí, con doce ceros a la derecha…La suerte que corrimos los venezolanos al llevar al poder a aliados ideológicos de Castro y de su ejército (las FARC), no se la deseamos a nadie. 

Por nuestra experiencia, nos resulta muy obvio que las FARC, más que desear la paz, lo que buscan desesperadamente es la posibilidad de llegar al poder institucional. Esa ha sido condición sine qua non que han fijado para dejar las armas. Para unas FARC llenas del dinero del tráfico de cocaína, que nadie les exige poner a disposición del Estado colombiano, además de contar con armas que nadie ha inventariado (así que nadie sabrá si las entregan en su totalidad, o no), la sociedad colombiana, sobre todo la más vulnerable y necesitada, será presa fácil. Con armas y dinero, ya cuentan para la conquista del poder político (sobornos y fuerza física), Son los elementos con que logró mantenerse en el poder, Chávez y ahora, Maduro, en Venezuela. Y ese es el libreto de los Castro. Los guerrilleros venezolanos, una vez colocados como cabezas de las instituciones democráticas, las desnaturalizaron. Y lo primero que hicieron fue acabar con el Estado de Derecho. Como ha empezado a suceder ya, en Colombia…

Para desarrollar idéntico plan en le hermana República colombiana, cuentan con un potente aliado en el Poder Ejecutivo (Juan Manuel Santos) y con otro en la Fiscalía (el Fiscal General Eduardo Montealegre). Nos es lícito considerar a estos personajes como aliados de la guerrilla, más que de la paz, pues ¿acaso es falso que Juan Manuel Santos fue Ministro de la Defensa del ex Presidente Álvaro Uribe y que una vez que llegó a la Presidencia de Colombia,  dio un vuelco de 180 grados en lo que había sido antes su acercamiento al problema de la narco-guerrilla terrorista? ¿Cambió de forma de pensar o había estado mintiendo Santos, durante los años que pasó al lado de Uribe? Válido es, por lo menos, sospechar que siempre estuvo mintiendo. El charco putrefacto de la mentira ha quedado demostrado que es el hábitat donde los guerrilleros castrocomunistas se sienten más cómodos. En ellos ha sido internalizada la idea –la prueba son Venezuela, Corea del Norte y Cuba- de que todo se justifica y se sacrifica, por la “Revolución”. Principalmente, la verdad. No es una casualidad ni un “detallito” que todo régimen comunista haya causado tragedias humanas innecesarias. Hambrunas injustificables que mataron a millones de seres humanos, llevando a algunos hasta a la escalofriante antropofagia, en busca de subsistencia. Los marxistas-lenilistas toleran, a conciencia, que sean cometidos hasta genocidios o crímenes de lesa humanidad, “por la causa”. Eso se llama “terrorismo”, no “ideología” y en mi Venezuela querida, lo estamos sufriéndo…

Lamentablemente, una comunidad internacional que raya en la fatuidad y la ausencia total de empatía con quienes sufren el comunismo, lo sigue permitiéndolo como “ideología”, cuando ya no lo es, pues en todos los casos en los que ha pretendido llevárselo a la práctica, devino en un fanatismo abominable, en una patología de la psiquis humana. Una patología que siempre, invariablemente, permite a los que lo lideran, vivir de forma opuesta a como quieren que vivamos los demás, los “gobernados”, a quienes nos privan de todos los derechos humanos, paradójicamente, llamándose “humanistas”.

…He llegado a pensar que quizás no se trate de una patología mental, sino de una patología del espíritu…y tal vez a eso se deba el primer mensaje que recibí, a raíz de mi sueño con San Francisco de Asís…

 Mucho nos preocupa, asimismo, la posición que asumirá con respecto a Venezuela, Cuba y Colombia, el próximo gobierno de los EEUU. La que asumieron hasta ahora el Papa Francisco y Obama, nunca la comprendimos. Ambos establecieron una relación cuasi amistosa con los crueles dictadores de La Habana, con quienes ni siquiera ha sido posible sentarse a dialogar en la OEA, a donde esos mismos dictadores forzaron su regreso para, después de lograr tan benevolente bienvenida a esa organización, seguir negándose a cumplir los estándares democráticos mínimos y el respeto a los derechos humanos que justifican la existencia misma de la OEA.  Ya lo dijo el propio Papa Francisco en la preciosísima celebración ecuménica para orar por la Paz, celebrada en Asís, el    20 de septiembre 2016: hay que estar siempre del lado del que sufre. Por eso mismo, su visita a Cuba exactamente el mismo 20 de septiembre, un año antes  (2015), para reunirse en privado solamente con el dictador, fue una puñalada en nuestro corazón.  Seguramente motivado por las mejores intenciones, a nosotros sus seguidores, nos envió un estremecedor mensaje. Y me pregunto si habrá valido la pena causar aún más desasosiego en quienes sufrimos estas dictaduras, para intentar hacer cambiar a quienes han dado sobradas señales de no estar dispuestos a hacerlo. Tememos que, al revés, esas imágenes han favorecido a los Castro, sin lograr absolutamente nada, al menos, en mi doliente Venezuela, en la que en solamente 14 años, hubo más asesinatos que en Colombia, en los 52 años de presencia Guerrillera. Sin embargo, en la oración por la Paz en la que fuimos incluidos entre 28 países que la perdieron, durante esa hermosa celebración, apenas merecimos una tibia súplica (igualmente bienvenida) para que “cesen las tensiones”.  Una cosa es la pasividad y silencio que la comunidad internacional mantuvo durante años ante los terribles crímenes cometidos en América por los Castro y sus regímenes aliados y otra la cooperación activa de tan importantes factores mundiales, para que se sigan propagando, sorprendiéndolos en su buena fe. Mi amigo el poeta Octavio Montiel, resumió perfectamente en un pequeño verso, este temor, que compartimos millones: 

“Enviados de satanás/ para confundir la tierra/ hacen gárgaras de paz /para escupir odio y guerra”

La actitud de Barak Obama frente a los Castro –claros mentores e “ideólogos” de lo que pasa en Venezuela-  ha sido diametralmente opuesta a la que al menos a última hora asumió con los “Socialistas del Siglo XXI”, sus más fieles seguidores. A estos  se les ha venido sancionando, aunque a cuenta gotas, por violaciones a derechos humanos, mediante la “Ley Venezuela en Defensa de Derechos Humanos y de la Sociedad Civil”, que permite que le sean congeladas las fortunas y emporios que fueron acumulando estos marxistas-leninistas (que con razón se autocalifican también de “progresistas”, pues su progreso material personal es inocultable), en los EEUU. Y mientras que ese país les retiró las visas a 14 Magistrados, al Procurador y al Ejecutivo hondureños, en el año 2009, no se las ha retirado a casi ningún magistrado del tribunal supremo de justicia (minúsculas adrede) venezolano, ni a las Rectoras del CNE, Tibisay Lucena, Sandra Oblitas, Socorro Hernández y Tania D`Amelio, quienes el 21 de septiembre de 2016, colocaron la última pala de tierra sobre la tumba abierta en la que yacía agónica la democracia venezolana.  

Otras muchas preguntas adicionales que nos es lícito plantearnos, son igual de preocupantes: ¿Por qué Juan Manuel Santos encomendó a la OEA, en la VI Cumbre de las Américas celebrada en Cartagena el año 2012, realizar un estudio sobre la posible despenalización del consumo de drogas? ¿Tuvo lógica que un perezoso Insulza haya aceptado de inmediato el encargo, opinando, entusiasta y abiertamente que él está de acuerdo con la legalización del consumo de marihuana? Hablamos el mismo Insulza que reiteradamente se negó a calificar las violaciones graves a la Constitución de Venezuela, los fraudes electorales y los ataques a los Derechos Humanos, cometidos por el castrochavismo, de rupturas o alteraciones graves al orden Constitucional, lo cual habría ameritado la aplicación de la llamada “Carta Democrática”, principal razón de ser de la

OEA. ¿Por qué Insulza actuó raudo y veloz ante ese pedido de Santos, en particular? ¿Por qué hasta ofreció su opinión personal en un tema en el que el Consejo Permanente no la había solicitado (y él siempre dijo que únicamente haría lo que le pidiese el Consejo Permanente) y cuando a nadie le puede interesar lo que él piense o deje de pensar en la materia, pues no es experto en el tema? ¿Acaso no tiene sentido que la conquista de la institucionalidad colombiana sea lo que siga, tal como ocurrió en Venezuela, para facilitar un negocio internacional de venta de narcóticos? ¿Es falso que el 90% de la cocaína que se consume en EEUU es producida en Colombia? ¿Es falso que Cuba estuvo facilitado el tráfico internacional de cocaína, al menos hasta los años 90, como personajes muy cercanos a Fidel Castro lo han relatado? ¿Cómo es posible que mientras Insulza daba saltitos de alegría con el encargo de Santos –el cual, por cierto, ejecutó fielmente, entregándole un informe en mayo de ese mismo año 2013-  la ONU alertaba a Uruguay respecto de que con su nueva política de aceptar el consumo de marihuana, violaba tratados internacionales suscritos por ese país? ¿A qué se está jugando a este lado del planeta?

Para agravar las cosas, el Castro-comunismo ha “institucionalizado” el crimen, involucrando en él a la Fuerza Armada. Como dice el prestigioso abogado boliviano, Dr. Carlos Sánchez Berzain:

“(…) el papel de las fuerzas armadas en el siglo XX ha sido el de actuar en beneficio propio estableciendo gobiernos militares conocidos como dictaduras militares, muy frecuentes en América Latina en tiempos de la guerra fría donde las dos potencias en contienda auspiciaron y sostuvieron dictaduras militares de izquierda y de derecha convirtiendo a los ejércitos en un aventajado instrumento armado en el juego político. Como consecuencia de ese proceso ha sobrevivido la dictadura castrista en Cuba que comenzó siendo guerrillera para terminar con los ejércitos del sistema, pero que ha desarrollado por 57 años un gobierno esencialmente militarizado, con ejércitos que son y están al servicio del régimen (…)” Resaltado nuestro.

Por eso, tenemos muy valederas razones para pensar que el tan cacareado “Acuerdo de Paz” con las FARC, de 297 páginas, firmado en Cuba el 24 de agosto de 2016, desafortunadamente expone a las generaciones colombianas actuales y futuras, a un horror como el venezolano. Más cuando, aún si las FARC entregaran las (nunca inventariadas) armas, el plan que sigue es apoderarse de las instituciones y eso incluye, como en Venezuela, a la Fuerza Armada. Un sistema electoral manipulable, como el que permite el voto electrónico contado por máquinas de la misma empresa (Smartmatic) que se asocia con el régimen venezolano (u otra de similar oscuro origen), sería la guinda de la torta.

Ya en el año 2009, yo veía como la OEA, en las manos de Insulza y de sus amigos del llamado “Foro de Sao Paulo”, a la vista de propios y extraños se estaba transformando en un cartel: de las coimas o “mordidas”, que tanto han estimulado a los Socialistas del Siglo XXI y que ya poco a poco van saliendo a la luz pública, pero, peor que eso, del narcotráfico y del crimen organizado. ¿Será porque yo ya podía ver eso, que vino a mí, en sueños, San Francisco?  Gracias sean dadas a Dios, porque ya ha ocurrido al menos un aparente milagro. De pronto, el nuevo Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha dado un vuelco de 180 grados en el tratamiento dispensado al régimen “Bolivariano”. Esperamos con fe que eso signifique el retorno al respeto, en todos los países miembros de la OEA, a los valores y principios democráticos, pues son los únicos que garantizan la supervivencia de la civilización moderna, con dignidad para la raza humana. 

No podemos dejar de mencionar que no hay nada auténtico en el “Socialismo del Siglo XXI”, que ha sabido manipularlo todo: cifras, sentimientos, religión, ideas. Pero en especial, las elecciones. En Venezuela, hace muchos años que cesaron de celebrarse elecciones auténticas. El único motivo por el cual algunos venían tolerando las atrocidades castro-chavistas, era por su supuesto origen electoral. Pero es hora de distinguir lo “electoral” de lo “democrático”. Y por eso –y porque ese tema me llegó de la mano de San Francisco-  a este punto le vamos a dar especial desarrollo.

Por mi parte, deseosa como soy de una auténtica paz mundial, no me queda sino invitar a todos los latinoamericanos que sueñan con poder regresar un día a sus países de origen, de los cuales salieron hacia los EEUU o Europa, huyendo del mal de no poder progresar con un trabajo honesto, en sus propias naciones, que hagamos realidad las proféticas estrofas originales del Himno Nacional venezolano y abandonemos la desdichada estrofa a la que se refirió el diputado Jorge Olavarría, en su igualmente profético discurso del 5 de julio de 1999, cuando fue escogido como orador de Orden ante el entonces Congreso Nacional:

“(….) Es la hora de hacer verdad el himno, el himno que hoy cantamos. Es hora de hacer como ellos, no de hablar de ellos, porque si no, terminaremos cantando que el vil egoísmo…otra vez triunfa (…)”

Asombrosamente, son las estrofas originales del Himno Nacional venezolano las que encierran la aplastante verdad de lo que en este instante sucede a este lado del mundo:

 

“Pensaba en su trono que el ardid ganó

darnos duras leyes el usurpador

¡Previó sus cautelas nuestro corazón

y a su inicuo fraude opuso el valor!

 

Unida con lazos que el cielo formó la América toda

existe en Nación

¡Temedla tiranos que el orbe adoró!

¡Ya jura ser libre!

¡Ya os ve con horror!

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FRANCISCO, EL PAPA COMUNISTA

POR ADRIANA VIGILANZA -OPINIÓN - 11 NOV, 8:34 P.M.
Los venezolanos debemos agradecer a la Providencia que el Papa Francisco haya confesado su ideología política.

¿Por qué no nos oyen?

POR ADRIANA VIGILANZA -VENEZUELA - 23 SEP, 5:34 P.M.
Cada vez que hay una mención internacional a Venezuela, como la hubo en la hermosísima misa ecuménica para orar por la paz mundial, celebrada en Asís este pasado 20 de septiembre de 2016, yo vuelvo a hacerme una serie de preguntas, para las cuáles nunca he tenido respuesta:

CNNE: ¿Añadir insulto a la injuria?

POR ADRIANA VIGILANZA -VENEZUELA - 02 SEP, 1:46 A.M.
Por razones de salud (meniscos fracturados) hoy, por primera vez en la historia de la Revolución, estando en Caracas, no pude acompañar una marcha opositora.