La República de la Melcocha

POR ALFREDO CORONIL HARTMANN - VENEZUELA - 23 SEP 2016, 10:17 A.M.

“Antilla vaho pastoso de templa recién cuajada

trajín de ingenio cañero, baño turco de melaza,

aristocracia de dril. donde la vida resbala,

sobre frases de natilla y suculentas metáforas.

Estilización de costa a cargo de entecas palmas,

idioma blando y chorreoso:: mamey, cacao, guanabana…”

Luis Palés Matos.

 

La vejez, sobretodo la vejez, después de una vida intensamente vivida, tiene como toda situación existencial sus pros y sus contras, no nos hace mas sabios como creen algunos, simplemente, a quienes tenemos buena memoria y afán por el estudio, nos priva de la propensión por las sorpresas, no es “antevisión”, es el recuerdo de circunstancias similares vividas o estudiadas, muchas veces relatadas por otros…

La Venezuela descuadernada de hoy, retrotraída mas de un siglo, quizá a los albores de la Guerra Federal, es un campo de agramonte para el análisis y las teorías mas bizarras, pero sin remontarnos a Ariosto o a los combatientes del Camagüey decimonónico, intentemos unas líneas sobre el hoy y el mañana de esta tierra, un día llamada “de Gracia”, hace ya más de quinientos años.

Venezuela es, desde el punto de vista sociológico, mucho mas un país caribeño que andino, de allí, de esas abiertas puertas de doradas arenas, nos vienen nuestro igualitarismo natural y nuestro propensión a recibir y acoger lo que el azul océano nos trae, bueno o malo así, ni el remedo lejano y algo mítico, de los chibchas que en criollo denominamos timoto-cuicas, ni en los pacíficos caquetíos, arauacos o nuestros antropófagos caribes, que tanto parecían enorgullecer al fiambre de La Colina.  Existía nada parecido a un sustrato endógeno sobre el cual edificar una febril epopeya de lucha, conquista y cruel dominación imperial… Como lo pretendiera Chávez, quien hasta hizo derribar la estatua de Cristobal Colón que, por muy largas décadas estuvo, respetada y querida, formando parte del paisaje en el Parque de los Caobos.

De la extraordinaria España, descubridora y colonizadora, vino en verdad -sobre todo en las primeras expediciones- abundante “material de deshecho”, ceños patibularios, reos de variada índole y en ello se basan historiadores improvisados para pintarnos como la hez social de la península, olvidan quienes así nos condenan a “galeras metafóricas”, la existencia de una institución jurídica ( que duró hasta el siglo XIX y comienzos del XX) que cuasi obligaba a los hijos menores de las grandes Casas, a “hacer la América”, me refiero al “mayorazgo” que reservaba al mayor de los varones títulos y canonjías, al segundo los hábitos sacerdotales y al tercero las armas a favor de su Católica Majestad. De allí para abajo, un despacho de Capitán y algún cargo menor en las Indias eran todo el bagaje para labrar su destino. Solo así podemos entender que en las actas fundacionales de Villas y pueblos coloniales nos tropezamos linajudos apellidos españoles, que no se expedían en las farmacias: Espinosa de los Monteros, Manrique de Lara, Hurtado de Mendoza, Ladrón de Guevara, Laso de la Vega, Loreto de Andrade, etc. Olvidan, también que Hernán Cortés, conquistador de México, era Bachiller por Salamanca…

Sea lo que fuera, ese ánimo amplio y desprejuiciado, nos permitió crear una sociedad abierta e inclusiva, gloriosamente mestiza, que además de producir las mujeres mas bellas del mundo nos dio un pueblo desacomplejado y de espíritu libre, el venezolano supo siempre que de sus capacidades personales dependía su techo vital. Sufrió y sufre -hoy mas que ayer- diferencias económicas indignandes, pero las sabe superables. Ese fue nuestro devenir desde 1830 hasta 1998 -desde luego con el horrible desencuentro de la guerra larga (1859-1863)– . En el siglo XX ocurre, acontece, aparece: el petroleo y con él todo se altera. Mi muy cercano y admirado amigo Arturo Uslar Pietri, solía repetir en privado “el petróleo nos pudrió”, visto desde esta Venezuela postchavista, amorfa y átona, me inclinaría a darle la razón.

Apenas ayer, el Consejo Nacional Electoral, esa oficinucha del Palacio de Miraflores, le dió la puntilla -en términos taurinos- al magnífico Miura que el 6 de diciembre pasado barrió el piso con los malos o engañados hijos de la Patria que sufragaron por el PSUV y que apenas el 1º de septiembre echó a la calle 1.600.000 manifestantes que reclamaban sus derechos. Y… nada ha pasado, por lo menos hasta ahora.

No se como se redacta la Partida de Defunción de un país, ni deseo aprenderlo. Nadie tiene derecho a sentirse sorprendido por lo que ha ocurrido, todo estaba anunciado o dicho expresamente, el lobo no se molestó en disfrazarse de abuelita, afilaron los cuchillos a plena luz del día. Un grupo de abogados asomamos fórmulas legales, constitucionales, pacíficas -no necesariamente electorales- para salvar el irremediable obstáculo, reforma constitucional, Contituyente, dudosa nacionalidad de Maduro, abandono del cargo (artículo 233 Constitucional) nada fue atendido ni por el régimen ni por la oposición, quedará siempre el derecho natural de “Resistencia a la opresión” que recoje el artículo 350 de la C.N. pero, dificilmente,  será incruento. ¿ Si le tuvieron miedo a las salidas pacíficas?  Que podemos esperar...

Siempre estaré dispuesto a la reingeniería institucional de un país democrático e inclusivo, a ninguna otra cosa… 

 

ACH

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El 1º de septiembre : la incógnita nacional

POR ALFREDO CORONIL HARTMANN -VENEZUELA - 29 AGO, 7:02 P.M.
Es preciso tomar el toro por los cuernos, no existe espacio ni tiempo, para perderlos, no nos pertenecen, son propiedad del pueblo venezolano, sediento y merecedor de justicia.