“Constituyente” para una tiranía militar-cívica por el Economista Jesús González

POR JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ - VENEZUELA - 09 MAY 2017, 5:57 A.M.

La literatura mundial es frondosa, con relación a la represión que han instrumentado movimientos de “pretensión revolucionaria” luego de alcanzar el poder (inclusive por vías electorales) los cuales en su mayoría han devenido en gobiernos de fuerza, que de inmediato inician un “proceso” para “borrar” la historia social y política del país al tiempo de propiciar un terrorismo de Estado, persecución política, desprecio a la soberanía nacional,  violación de los derechos humanos, uso intensivo del populismo, la demagogia, el cinismo y la mentira en pro de instaurar un servilismo en claro reemplazo del patriotismo ; hasta finalmente estructurar una dictadura (centrada en una persona o en un grupo dominante) perfilada por una ausencia de la división de poderes y sustentando su permanencia en el poder a la luz del apoyo de las fuerzas armadas. En tal escenario, pretenden permanentemente adaptar la Constitución a las aspiraciones del grupo dominante y en unísono van desvaneciendo la figura del “nuevo” Presidente (aun cuando simule ejercer el cargo) habida cuenta de haber desmontado el orden constitucional y democrático (que en teoría continua funcionando) al punto de inducir una ausencia de los derechos del pueblo (en especial los  humanos) y en paralelo procuran dominar y controlar a los ciudadanos a través del miedo; y en sintonía cohíben la opinión de su “equipo de gobierno” quienes asumen la condición de adláteres y amanuenses con tal de permanecer cerca de las bondades que confiere el poder, propiciando un esquema de “errores gubernamentales silenciados” que van deteriorando, no solo la calidad de vida del pueblo, sino también la estabilidad del régimen como consecuencia de un aumento paulatino del rechazo de una significativa mayoría poblacional.

La democracia, por el contrario y como bien se conoce, se basa en los valores de igualdad y libertad consagrados como principios Constitucionales en un contexto donde todos somos iguales ante la ley, y con una apertura a la participación y el protagonismo que se alcanza a través del voto universal, libre y secreto, confiriendo un espacio para  contribuir en el funcionamiento del país en un escenario de desconcentración y descentralización de las decisiones, al contar con la oportunidad   de organizarse y participar con plena libertad en la vida política, social y económica  sin temor a represalias y agresión gubernamental; de igual manera define los derechos humanos con especial énfasis en el derecho a la vida, a una educación pertinente y de calidad, a la vivienda, a la salud, a la alimentación y a un sistema jurídico infalible que vele por la ecuanimidad y transparencia de los procesos, evitando la impunidad.

Desde un ángulo complementario, vale referenciar el “comportamiento” que emerge en algunos integrantes de la cúpula militar  cuando están compartiendo, directa o indirectamente, el Poder Ejecutivo desde donde, en complicidad con el grupo dominante, propician la ruptura del principio de la división de poderes del Estado al punto de convertir el Poder Judicial en un simple instrumento formal  que les permite instaurar un gobierno dictatorial altamente represivo hacia la sociedad civil en general y en lo particular a todos aquellos que son calificados como terroristas y subversivos (pretenden  alterar el orden establecido), haciendo al propio tiempo uso del terror como instrumento para intentar perpetuarse en el poder. Es de perogrullo afirmar, que los gobiernos militares-cívicos violan sistemáticamente los derechos humanos dentro de un marco de represión política en pro de monopolizar el poder del Estado, al frente del cual luego acostumbran “colocar” a un individuo con personalidad obsesiva, egocéntrica, con componentes psicópatas, de alto carisma y poder de convencimiento; quien ha de personificar la fantasía paternalista del protector-benefactor del pueblo con el fin distraer a los estratos sociales menos favorecidos sobre su pretensión de ¡tiranía! que le permita gobernar de forma ilegal, ilegitima y  déspota en aras de gobernar con un poder total sin someterse a leyes ni a limitaciones, lo cual se hace posible a través de la fuerza, la violencia y la manipulación de la Constitución. Luego de alcanzar su rol de tirano, da rienda suelta al autoritarismo caracterizado por una criminal opresión, el engaño y la coacción para imponer su voluntad (o la del grupo dominante) al amparo de la fuerza militar quienes pasan a formar parte de la vida cotidiana, al tiempo de “colaborar” para que se abandone todo tipo de consulta al pueblo al igual que para suprimir los partidos políticos (excepción hecha del partido único oficialista), sin ofrecer un pensamiento que guie la función pública salvo enunciados descontextualizados que son convertidos en “verdad única” por los medios de comunicación ante la censura y autocensura que les son impuestas en pro de enaltecer al tirano-presidente.

Afortunadamente, la caída de los tiranos se hace irreversible al compás de insurrecciones masivas que tienen en común las emociones colectivas y los acontecimientos políticos que conllevan variados movimientos con relevancia de acciones de calle y de protestas acompañadas de  marchas pacíficas y constitucionales; cuyo detonante se asocia con la pérdida de autoridad del tirano-presidente como consecuencia de haber transitado hacia el totalitarismo y de ejercer el poder de manera total sin respetar divisiones ni derechos individuales y colectivos.

Reflexión final: Venezuela está transitando un periodo histórico como el que brevemente se esbozó pero en la actualidad se encuentra muy cerca de volver a su estado anterior, para lo cual la mayoría del pueblo que se opone al régimen (más del 80%)  ha de mantenerse activamente protestando en la calle, en el entendido que la CRBV no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza, al tiempo que los ciudadanos tenemos el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia (Art. 333 Constitucional).

Economista Jesús Alexis González

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8/May/17

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