"El destructor de un país" por Juan Pablo Crespo @juanpamark

POR JUANPABLO CRESPO - VENEZUELA - 07 JUL 2017, 12:49 P.M.

Juan Pablo Crespo / @juanpamark
CNP: 10.474

Por supuesto que no es el único, porque Nicolás Maduro no actúa solo   en su plan de destruir a Venezuela, culpar a otros y así gobernar eternamente en medio del caos. Antes de su (des)gobierno también hubo malas y muy malas administraciones, como la de Chávez y una larga lista que le precedió.  

Pero el de Maduro no tiene parangón en la historia republicana de Venezuela y, cuidado, si de Latinoamérica. Esto último será parte del trabajo que los especialistas tendrán que tratar de determinar tras el punto y aparte de la trágica novela que Maduro comenzó a escribir en abril de 2013, cuando prometió desde el balcón del pueblo que trabajaría hasta que no existiera ni un solo pobre en el país.

Y eso es precisamente lo que más se ha multiplicado: la pobreza, producto de una anacrónica política económica que centraliza, controla y aniquila el aparato productivo.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), de febrero pasado, reveló que 82% de los hogares vive en pobreza. Ese mismo trabajo realizado por las principales universidades del país determinó que bajó el porcentaje de quienes comen tres veces al día desde 88,7% hasta 67,5% (entre 2015 y 2016). Claro está, no hay que ser experto para saber que desde entonces esos porcentajes han empeorado aceleradamente, por muchas bolsas Clap que quieran repartir, porque dosificar el hambre no es la solución.

Según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas), entre mayo de 2016 y mayo de 2017, la Canasta Básica pasó de 303,615 bolívares a 1,42 millones.  ¡Casi cinco veces más!

La Organización Mundial de la Salud, por su lado, informó que Venezuela registró en abril pasado 11,4% de desnutrición infantil, porcentaje que califica de crisis según sus parámetros, para nada sesgados.

El informe 2016 de Fedeagro catalogó aquel año como “un infierno agrícola”. Más recientemente, en el boletín de la primera quincena de junio de 2017, la Confederación de Asociaciones de Productores Agrícolas dice que “a dos meses del inicio de las lluvias, el ciclo agrícola está virtualmente perdido. Las asociaciones de Fedeagro que aportan más del 80% de la producción solo han podido comprar el 30% de los insumos requeridos”.

Y así podríamos seguir mencionando cifras conocidas o archiconocidas sobre la situación del país, pero no por ello menos alarmantes, como la estampida de venezolanos al exterior o el incremento de la inseguridad. Ni hablar de la destrucción de los más elementales valores éticos y morales.

La destrucción de las instituciones sigue igualmente su marcha acelerada. Lo poco que queda de los Poderes Públicos sufrirá el zarpazo definitivo con la Constituyente que solo busca atornillar al régimen. Y como lo alertó valientemente la fiscal Luisa Ortega Díaz, de concretarse significará la muerte de la democracia.

Cuando Maduro afirma con la vehemencia que lo caracteriza que “lo que no logremos con los votos lo lograremos con las armas”, quiere decir que está dispuesto a destruir todo lo que falte por destruir con tal de que se cumpla aquella frase de “no volverán”.

El asalto que sufrió el jueves 5 de julio la Asamblea Nacional es otro ejemplo de la destrucción planificada que se tiene de lo poco que queda en pie porque, insisto, sobre escombros de un país se pretende seguir gobernando cada vez con más fuerza, con más represión y con más excusas para cercar la libertad de expresión y de información. Resultado: Derechos Humanos reducidos a una mínima expresión. De nuevo, entonces, retomamos la advertencia de la fiscal sobre la muerte de la democracia para preguntar: ¿Pueden respetarse o garantizarse los  Derechos Humanos en un sistema en el que la democracia está sepultada? Claro que no.

La propuesta para la Constituyente de Mario Silva de “caerle a coñazos a todos esos… de su madre, y empezar a meterlos presos”, podrá provocarle mucha risa a Iris Valera, pero no al pueblo venezolano.

La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de detener la destrucción de Venezuela, de cambiar el rumbo hacia un mejor destino, con la bandera de la paz siempre por delante, aunque el margen de maniobra cada vez es más estrecho. De lo contrario, de mantenerse el actual camino dictatorial, el país caerá hasta un fondo donde arden las llamas del infierno.   

Juan Pablo Crespo

@juanpamark

Loading...

Basta de hacerle el juego al régimen por Juan Pablo Crespo / @juanpamark

POR JUANPABLO CRESPO -VENEZUELA - 06 APR, 12:49 P.M.
No, no podemos seguir haciéndole el juego al régimen venezolano de quedarnos de manos cruzadas, entretenidos en cómo conseguir una caja de los Clap, medicinas, el dinero para la subsistencia o analizando mapa en mano para dónde y cuándo me voy por aire o por tierra porque “esto ya no ...