¿Qué piensan los militares?

POR LUISBETANCOURT - VENEZUELA - 01 SEP 2016, 12:33 P.M.

 

“Hasta que no tomen conciencia no se rebelarán,

 y sin rebelarse no podrán tomar conciencia”

“1984”, George Orwell

 

Siempre he tenido vinculación con el mundo militar, o de los militares. Mi padre, el teniente Pedro Betancourt Grillet, fue un egresado de la entonces Escuela Militar, que fundó Cipriano Castro en 1903 e inauguró en 1908 en la Planicie de Cajigal su verdugo Juan Vicente Gómez. Sita en operaciones desde 1910, donde luego funcionó el Ministerio de la Defensa y después el Museo Militar, invadido ahora, y por ahora, por los restos del mayor traidor de la historia militar de Venezuela, Hugo Chávez, el también verdugo de la dignidad militar de nuestras FAN.

Mi padre perdió su carrera militar a raíz del abortado golpe que encabezaba el Capitán Luis Rafael Pimentel, digno representante de aquellos discípulos del Mariscal Antonio José de Sucre, nuestro lejano pariente. El teniente Betancourt no estaba comprometido en esa conspiración del año 1919 pero una imprudencia de civiles lo señaló en la boca de un delator; fue torturado y encarcelado en La Rotunda de Caracas por 8 largos años, casi los mejores de la juventud. No obstante, tal quedó su afán libertario y coraje militar que, entre las peripecias de su largo exilio, se hizo Coronel del ejército paraguayo por su distinción en la guerra de El Chaco, donde resultó herido. A la muerte de Gómez, regresó a su patria y a su ejército pero los resabios del gomecismo pudieron con él y fue pasado a retiro -raspado decía él, con sorna y sin amargura- por orden del Ministro de Guerra y Marina, Coronel Isaías Medina Angarita.

Algún día de mi infancia o adolescencia -ya no recuerdo bien-, y quizás con ánimo de halagarle, le manifesté interés por seguir la carrera de las armas pero él, lleno de alarma pero sin disgusto, me rogó que desistiera de la idea habida cuenta de su terrible experiencia, no obstante de vivir entonces el exultante ambiente del “Régimen de las fuerzas Armadas” que encabezaba Marcos Pérez Jiménez; hasta allí llegó mi asomado propósito.

Más tarde, durante mi vida política en las filas de la juventud socialcristiana y las luchas en la UCV contra el extremismo izquierdista de los agentes venezolanos de Fidel Castro, aprendí a respetar, como amigos y compañeros de ruta, a los soldados venezolanos que daban la cara en la guerra antisubversiva. Fue una época de lucha dura pero solidaria, en el frente civil y en el frente militar; y salvamos la libertad, hicimos respetar la democracia y sostuvimos la soberanía de Venezuela. Nos sentíamos orgullosos de nuestras FAN y ellas nos manifestaban su admiración y reconocimiento por nuestros frentes. Juntos lo hicimos.

Ya en la normalidad de una democracia más madura, sin alarmas ni apremios, conocí e hice amistad con muchos oficiales serios, responsables y honestos de nuestras FAN. Entre ellos un oficial con excelente historial y gran condición humana, con el que establecí una amistad particular hasta hacernos socios en un proyecto -sueño, más bien- ganadero y en el que no fracasamos pero tampoco nos hicimos ricos. Me refiero al General de División del Ejército, Jacobo Efraín Yépez Daza, a quien conocí de Capitán, y que me develó las particularidades de la institución armada. Fueron sesudas, intensas y largas las conversaciones durante nuestros viajes llaneros, muchos sueños compartidos sobre el país y sus FAN. Con él aprendí que nuestro oficial es un ciudadano respetuoso de las normas, celoso en la defensa y cumplimiento de las leyes y reglamentos; que la disciplina, la obediencia y la jerarquía eran pilares de su comportamiento. Que el honor era más importante que la vida. Lamentablemente ese amigo no hace mucho que se fue por la sentencia de una enfermedad terrible.

Hoy veo a nuestras FAN disminuidas, desprestigiadas y sumidas en una confusión existencial; son señaladas por muchos, y despreciadas por no pocos, gracias a la traición de  algunos formados dentro de sus escuelas y que han entregado el país a la dictadura cubana de Fidel ayer y hoy a su cínico hermano Raúl Castro. Fallecido el traidor Chávez, las FAN se ven sometidas a Nicolás Maduro, el emergente escogido en Cuba, que no es venezolano, en ningún grado, que tampoco es colombiano como suponen, sino que es cubano, cubano formado en la Escuela Superior del Partido Comunista cubano “Ñico López”, un guerrillero desembarcado del Granma y fallecido de muerte natural. Maduro es tan cubano como lo fue, y es, Ernesto “Ché” Guevara, por más que nació en Rosario, Argentina, y murió en Bolivia. O soviético lo fue Ramón Mercader del Río,  nacido catalán, hijo de catalanes, y asesino de Trotski por orden de Stalin. Hitler fue un desgraciado alemán, no obstante haber nacido en Austria.

Esta triste actuación de nuestros oficiales frente una Venezuela expoliada en sus riquezas y recursos, y su pueblo llevado a la miseria más injusta; sus hijos muertos por hambre, violencia o falta de medicinas mientras a Cuba se envían ingentes divisas para mantener la más cruel y longeva dictadura de América: sólo en el mes de abril se envió a Raúl Castro el monto de mil cuatrocientos veintiséis millones de dólares americanos con la excusa de  un pago por el “convenio educativo”, mientras a nuestros niños y jóvenes les falta de todo para estudiar y comer dignamente. Una Venezuela desposeída de su soberanía por primera vez en su historia republicana, sometida a un poder ajeno a su pueblo; dirigida por actores extranjeros en sus relaciones internacionales; vejada, postrada y despreciada por unos agentes cubanos nacidos dentro o fuera de sus fronteras; una nación objeto del negociado de extranjeros sobre sus recursos naturales y sus ciudadanos. En fin, una colonia moderna en un hemisferio de pueblos soberanos, custodiada por unas guerrillas comunistas colombianas y sometida a la bota del narcotráfico internacional bajo la mirada impávida de quienes juraron defenderla, es algo que no se entiende, porque no se entiende la actitud sumisa de los militares venezolanos a un gobierno sátrapa.

En estos días un grupo de jóvenes venezolanos, muy jóvenes, casi niños por las imágenes que se han filtrado, se acercaron a las instalaciones militares de Caracas, en el conjunto de Los Símbolos de la avenida Los Próceres de El Valle, para leer un llamado a sus pares entre los militares venezolanos, y rogarles gestos de patriotismo y consecuencia con los principios que sustenta la institución militar. El llamado fue a quienes “portan el uniforme”; hablaron a quienes deberían de ser “el orgullo de sus padres, hijos y hermanos”; a quienes por portar el uniforme militar deberían ser considerados “héroes, ejemplos y entes de quienes emane admiración”; a quienes deberían inspirar respeto “por ser defensor de nuestra tierra”; de lo difícil que es desobedecer una orden pero, a su vez, lo difícil que es cumplirla “cuando va en contra de la conciencia a tal punto que tu propia familia la repudia”; le intentaron hablar al joven para decirles “que no estarán solos  si se atreven a rebelarse”, que se conviertan en héroes, que vuelvan a hacer creer en “el honor y la divisa de las fuerzas armadas”, y terminan invitando a los jóvenes militares a convertir “nuevamente al uniforme en el sueño de millones de niños y jóvenes de una nueva Venezuela”.

Ante una manifestación, petición, ruego, como el de estos audaces muchachos, qué creen nuestros militares ¿En qué están pensando nuestros hombres que custodian las armas de la república? Es una pregunta sincera y muy angustiada que nos hacemos los venezolanos.

 ¡Ya basta!

Caracas, 30 de agosto de 2016.                        

Luis Betancourt Oteyza

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