¡ÓIGANME BIEN! “Boto tierrita y no juego más”

POR MARIELACARNEVALI - VENEZUELA - 18 NOV 2016, 11:52 P.M.

No me considero ni twittera, ni guerrera de Facebook ni del teclado.

Claro que comparto, opino y publico, a veces hasta escribo en las redes sociales, que se han convertido en los mejores aliados de quienes no tenemos acceso a la información, como lo tienen en países libres y democráticos.

Soy una guerrera en contra del narcotráfico, del robo, en contra del comunismo y de la indecencia, en contra de la cultura de la muerte y de la miseria humana, en contra de la escasez y de la inseguridad, en contra de la injusticia, en contra de los antivalores. En contra de las torturas a inocentes, en contra de quienes no nos permiten vivir en libertad y democracia.

Lo único que quiero es trabajar decentemente, no he trabajado ni trabajo para el gobierno, no hago negocios con ellos, no soy enchufada, no soy bolichica ni boliburguesa, no quiero un “carguito” cuando volvamos a ser libres. Solo quiero vivir en paz, quiero gastarme el dinero que gano como me da la gana, quiero viajar, quiero salir sin que me muera del miedo, quiero planificar, quiero soñar.  No es muy complicado entender eso.  Estoy harta de mentiras, de humillaciones, de traiciones, negociaciones a escondidas, de promesas incumplidas, de agendas ocultas, de guabineos, estoy harta de dobles discursos, estoy demasiado harta de que me usen de “utilería”.

Soy solo una venezolana que tuvo la suerte de nacer en la familia que nací. Tuve y aproveché la oportunidad de estudiar aquí y afuera, de aprender, de trabajar, de viajar, de conocer otras culturas y otras gentes y concluir que Venezuela era el país más bello con la gente más increíble, de valorar, de discernir, de votar y escoger. Sobre todo, tuve la oportunidad de nacer y crecer en libertad y democracia. Valores que mi familia ha defendido con su vida.

He participado en todas o casi todas las marchas, concentraciones, caminatas, maratones, vigilias.

He votado, he firmado, he sido testigo de mesa en casi todas las elecciones, recogí firmas, que luego fueron planas, en moto y a pie, asistí por años a las reuniones del CEN de AD, no solo escuchaba sino que hasta que me atrevía a opinar, iba a reuniones de la Coordinadora Democrática, de la Coordinadora de Acción Cívica, formé parte activa de Los Vecinos Observan, una ONG, muy activa en aquellos años del paro, dormí en la plaza Altamira, creyendo en aquella locura de los militares, me quedé sin empleo en AVENSA en el año 2000,  la primera empresa que se robó el gobierno.  Renuncié, no me botaron, no quise seguir trabajando con los hampones que se la quedaron.  Tranque calles, hice volanteo, aporté hasta algún dinerito que no me sobraba, doné ropa y medicinas, formé parte activa de las guarimbas, toque cacerolas, grité, lloré, etc., etc.  Es decir, he sido activa y pro activa, como muchísimos venezolanos y eso me da derecho a opinar, sin que me digan que no he hecho nada, que lo que quiero es que los demás se maten en Miraflores, que soy divisionista, golpista, abstencionista, que lo que quiero es un golpe de estado, que lo que quiero es que nos matemos, que lo que quiero es sangre y bla, bla, bla.

Desde que ganó el tipo más despreciable que haya nacido jamás, hasta hoy, he puesto mi granito y a veces bastante más que un granito arena para que se vaya. Todo esto me da derecho a opinar sin que me descalifiquen.

Comienzo por decir que he apoyado todas y cada una de las actividades de la MUD, a pesar de no creer ni en sus dirigentes ni en sus estrategias…

Pero esta mañana, cuando leí finalmente el acuerdo entre la MUD y el régimen, para mí se cerró el ciclo de lucha, de opinión, de apoyo.

A partir de hoy “boto tierrita y no juego más”, hasta que personas inteligentes, capaces, con altura moral, sin agendas ocultas, valientes, corajudos, que quieran al país más que sus cuentas bancarias y/o parcelas de poder, sean las personas que me representen.

No puedo creer más en quienes, con esta mal llamada mesa de dialogo, han alargado la agonía que se ha convertido el vivir en Venezuela, en quienes han contado con mi voto, con mi firma, con mi apoyo incondicional y no me han demostrado que quieren lo mismo que yo quiero, que es salir de esta pesadilla cuanto antes.

No quiero exponerme más por quienes no lo hacen por los venezolanos honestos y decentes de este país.  No quiero seguirme desgastando física y emocionalmente por quienes, para obtener mi apoyo, me prometieron una ley de amnistía para los presos políticos y ahora los llaman detenidos o me prometieron que si yo votaba y ganábamos, ellos cobraban.

No quiero  seguir apoyando a quienes tercamente se aferraron al RR sin evaluar otras opciones, igualmente válidas, no quiero seguir apoyando a quienes poco o nada les ha importado la cantidad de venezolanos que se quedaron  sin empleo por haber firmado o votado a lo largo de estos años en contra del régimen, por quienes vociferan, prometen y prometen y no hacen nada, por quienes actúan a espaldas del pueblo,  a quienes criticaron a mansalva a Leopoldo López y ahora ruegan porque salgamos a la calle, pero cuando salimos a marchar millones de personas, entonces nos mandan a la casa a bailar o a cacerolear,  a quienes nos engañan.

No, no quiero seguir apoyando a quienes no se pusieron los pantalones largos antes de sentarse en esa mesa.

No me salgan ahora que es que nosotros no tenemos fusiles. ¡Por favor!  Tenemos 18 años tratando de salir de este régimen, pero siempre o casi siempre con los mismos actores. ¿Entonces, no han corrido la arruga?  ¿Entonces, no le han dado oxígeno al régimen cuando más lo ha necesitado?

No pienso seguir apoyando a idiotas o en el mejor de los casos a incapaces, para que negocien la libertad y democracia en Venezuela.  El día que el pueblo sobrepase a esta clase de líderes, ahí estaré de primera para seguir luchando.

En el peor de los casos, no me importara seguir esperando por alguien con la altura moral, con el coraje y con un amor tan grande por este país, como para que me motive nuevamente a arriesgarme, hasta con la vida, por conseguir la libertad y la democracia que tanto quiero, o tristemente, intentaré encontrar horizontes fuera de aquí.

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