El sueño de Nicolás

POR ANTONIO RIVAS - OPINIÓN - 04 MAY 2016, 7:23 P.M.

No es difícil imaginar a un joven Nicolás Maduro protestando entre dientes por tener que ir a trabajar todas las mañanas. Un viernes cualquiera se levantaría temprano renegando de su suerte, todavía medio dormido, por haber trabajado cuatro días seguidos y encima tener que ir un quinto día a una jornada laboral que poco valora. Lo de él, sería más bien trabajar dos o tres días por semana, eso sí, remunerado de igual manera, porque el Astor azul no es gratis.

Y es que en el mundo de Nicolás Maduro, como en el de muchos mal llamados socialistas, la vida se gana protestando contra la inteligencia, el progreso, la perseverancia y el trabajo. Esas son virtudes que le fueron negadas, así que por ser víctima de esas injusticias de la naturaleza se gana el derecho de querer, parásitamente, vivir de los que tienen, sin muchas más aspiraciones que un fin de semana de ocio. En el mundo de Nicolás Maduro, mientras más días libres mejor; mientras más reposos mejor; la comida puede ser basura siempre y cuando sea gratis, o al menos muy barata; la educación es totalmente prescindible, y las especializaciones y carreras productivas son un mito. En el mundo soñado de Nicolás Maduro, él tiene un carnet de pueblo que le da derecho a salud, comida, vivienda, servicio eléctrico, y demás necesidades básicas, que deben ser totalmente subsidiadas, porque esta tierra, Venezuela, es un país con petróleo. Y punto. Ese invento de andar trabajando es de capitalistas explotadores, ¿no?

Pero resulta que hoy, aquel joven de anhelos de sindicalista errático que basaba en su mala suerte lo que llamaba su lucha diaria, es el presidente de la república. Sin él explicarse muy bien cómo, ahora tiene el poder de hacer de Venezuela ese mundo de rechazo a la inteligencia y la perseverancia que tanto soñó. Y así, hoy por hoy, en Venezuela los empleados públicos solo trabajan dos días por semana, los planteles educativos operan a una fracción de la capacidad, no existen estímulos para la preparación, el ahorro ni la inversión, y las condiciones de vida caen en barrena porque, qué decir, si por falta de luz no se trabaja, por no trabajar no habrá luz.

Pero hay algo aún que no cuadra. Algo no está todavía cuajado en el sueño del hoy cincuentón Nicolás Maduro. Y es que él, habiendo fomentado todas las condiciones para que nadie tenga que trabajar, tiene que trabajar. O sino, al menos, parecer que trabaja. O sino por lo menos, no dejar ver que no trabaja. Y eso, todavía, es demasiado pedir.

Así que, volviendo a sus raíces y cónsono con su espíritu “echa carro”, hace un llamado estremecedor. En su condición de presidente de la república de Venezuela, país de facto paralizado, él, Nicolás Maduro, llama a un gran paro nacional, a una huelga general en todo el país si es que la oposición llegase a tomar el poder constitucionalmente. Si él ya no tiene que trabajar, por no ser presidente, lo mejor es que las condiciones permanezcan de manera indefinida. No vaya a ser que los venezolanos, que son unos vivos, después que estuvieron cobrando sin hacer nada cuando él fue presidente entonces se pongan a querer progresar y a buscar surgir cuando él ande desempleado. Él, también, quiere su beca de vagancia.

En cualquier caso, el cansancio y el desespero de Maduro por ser oposición es evidente. Ya no se halla. Él ya está harto que le pidan resultados, de que le exijan soluciones. Eso, claramente, no se le da muy bien, así que lo mejor es volver a las calles. Creo que lo mejor es complacerlo. Hay que botarlo de la presidencia y que consiga otro lugar donde no hacer nada.

@AntonioERivasR

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