VENEZUELA UN PUEBLO EN RESISTENCIA por MARIA AUXILIADORA @mauxi1

POR MARIA AUXILIADORA DUBUC - VENEZUELA - 23 APR 2017, 10:13 A.M.

“La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”. Mario Moreno

Todo empieza y todo continua, y al parecer los venezolanos llegamos al punto de quiebre cuando el pasado 29 de marzo el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por Nicolás Maduro, anunció que asumía todas las competencias de la Asamblea Nacional, democráticamente electa y con mayoría de la oposición, anulando así el poder legislativo en franco desconocimiento a la voluntad popular.

Lo que resultó inesperado en esta historia fue cuando unas horas después y dado el intento evidente de usurpación de funciones, se denunciaba un golpe de Estado a lo interno y en el exterior y la ruptura del Orden Constitucional, lo que no se esperaba el régimen, era una respuesta tan contundente de los organismos internacionales, por lo que ante el temor de ejecutar medidas directas contra el Gobierno, la respuesta de Nicolás no se hizo esperar y acto seguido exhortó al Poder Judicial a cambiar la decisión. La Fiscal se mostró en desacuerdo con la decisión del “Tribunal todopoderoso” y el TSJ adujo error de transcripción, pero a pesar de ello y de toda la confusión que esto generó la realidad es que no ha habido marcha ni vuelta atrás y la Asamblea Nacional sigue privada de sus funciones acusada de un “presunto desacato”.

Así fue como en virtud de la necesidad urgente del restablecimiento del orden constitucional ante el silencio de las autoridades o su bypaseo,  aunado a la crisis que padecemos, se estremecieron las tripas del pueblo venezolano, quien enfurecido ante semejante burla retomó las calles esta vez, -pienso- que, dispuesto a todo, en un ¡ahora o nunca!. De repente despertamos del letargo que nos mantuvo congelados, dado el nefasto y fracasado intento de dialogo ridículo por demás al que nos llevó la dirigencia opositora luego de la burla del fallido proceso de referendo presidencial que intentamos confiados los demócratas.

Hartos y ostinados como estamos ya y, como todo tiene un límite, la sociedad en pleno decidió rebelarse, y en un “hasta aquí nos trajo el rio”, tomó una decisión histórica: accionar activamente frente a los abusos de un estado autoritario, que dicho sea de paso, pretende obstaculizar toda posibilidad de cambio como solo ellos saben hacerlo: a través de la violencia. ¡Imagínense ustedes! obstruir un proceso electoral, cuando los venezolanos hemos sido criados en elecciones, somos en esencia un pueblo al que le gusta tomar decisiones.

La dinámica central de todo este conflicto, se maneja alrededor de la gente, esta vez es diferente, dejo de tratarse simplemente  de un llamado a movilización por parte de la MUD. Más allá de eso, ahora se hace presente sin lugar a dudas, el descontento del pueblo y su malestar evidente frente a las penurias que pasamos diariamente: hambruna, epidemias, escasez, violencia, narcotráfico, persecuciones políticas, represión, violación de derechos humanos, violación del derecho a la libertad de expresión y demás derechos constitucionales.  Pero no se ve fin al conflicto. El estado irresponsablemente sigue arengando al pueblo que reacciona, en su contra,  con una fuerza atroz, dispuesto a no entregarse, a resistir, a no permitir más agresiones, dispuesto a defenderse hasta morir.

Esta reaparición de “la calle” es muy distinta a las anteriores. Se trata de un sentimiento nacional, esta vez, se unen territorios que tradicionalmente eran considerados rojos rojitos. Porque la crisis no tiene color político, se trata ahora de un clamor nacional. Las acciones del gobierno en vez de calmar la sed de justicia, producen el efecto contrario, dada su torpeza, generan un efecto acumulativo, cada evento nos mina, abre heridas profundas que nos invitan a continuar la lucha. Maduro grita “!Golpe!” en un canto de irresponsabilidad sin límites, consciente además por experiencia propia,  que los golpes no se producen en marchas pacificas solicitando llevar un papel a la Defensoría del Pueblo, ni pidiendo respeto al marco constitucional, por lo que la multitud continua su marcha cada vez mas furiosa frente a él.

Venezuela no quiere a Nicolás, eso es evidente, y estamos todos tercamente empeñados en elevar nuestra voz de protesta para defendernos y recuperar nuestra libertad, porque queremos refundar el estado de derecho y la democracia, más allá de los partidos y sus intereses particulares. Llegó la hora del pueblo, quien es el protagonista en esta gesta heroica, luciendo crecido frente a la adversidad, el bravo pueblo retoma su autonomía en la calle, así la movilización se torna cada vez mas  legitima dotando a la gente de un poder sin límites.

Todos queremos y apostamos al desenlace, porque “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. La realidad es que llegamos al tope  y la dictadura no podrá sostenerse mucho tiempo mas, en mi criterio está en cuenta regresiva, porque los venezolanos ya entendimos que la salvación de Venezuela pasa por la salida de Nicolás,  la cual resulta inevitable en el mediano plazo, dado el rechazo general. Sin embargo, una sociedad movilizada hace la diferencia, con cabeza fría, y avanzando, así la presión en la calle sigue siendo determinante para lograr el objetivo: la celebración de unas elecciones democráticas: limpias, en libertad, con garantías y sin coacciones.

Ahora bien, la celebración debe esperar. Hemos avanzado pero no debemos cantar victoria, no aun, el desenlace no será tan rápido como pensamos, o aspiramos, se trata de un proceso largo y tortuoso. La tiranía sembró odio, destruyó la confianza entre los ciudadanos y en sus instituciones. Han transcurrido muchos años de destrucción física y moral, de manipulaciones, agresiones y maltratos. No será tarea fácil, porque estamos frente a una descomposición general de la Nación. Lo que sí está claro es que mientras más demore el comienzo del fin, más complejo habrá de ser el camino por recorrer. Por esta razón, la salida constitucional de Maduro no puede esperar, ya que es sin duda una garantía para que el país pueda empezar a salir del foso en que se encuentra sumergido.

Por mi parte el llamado es, a no perder el foco y mucho menos la calma. No luchamos por  recuperar privilegios perdidos ni cuotas de partidos. Aquí se trata del país, de la gente y de nuestros hijos. Por eso, tengo la esperanza puesta en la juventud, quienes al final son el verdadero futuro de Venezuela. Esos muchachos que se enfrentan estos días con valentía a todo el poder agresor del Estado, en ellos confío firmemente y  en el potencial de los venezolanos de luchar efectivamente por reconstruir el país de manera positiva, porque solo así, lograremos llegar a la meta.

Somos un país noble y generoso, pero no tonto. Hemos pasado por mucho por lo que se nos está prohibido olvidar, las dificultades y las penurias, el desasosiego y la tristeza, la incertidumbre y la inseguridad.  Por eso se me torna entonces mas real y vívida la imagen del muro construido por estos jóvenes en Altamira, llamado “el muro de la vergüenza”, un muro donde se reflejan los rostros de quienes nos gobiernan, los artífices de esta debacle, pero además yo lo denominaría el muro del recuerdo, para jamás olvidar esas caras, las caras de la destrucción de la iniquidad, de la injusticia, del odio y de la maldad, esos son los rostros de la dictadura, rostros de aquellos que indudablemente han conducido a la miseria y a la destrucción a uno de los países más ricos y hermosos del mundo!

MARIA AUXILIADORA DUBUC P.-

@mauxi1

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