Actos de habla

POR JUAN GUERRERO - OPINIÓN - 28 JUL 2016, 8:34 A.M.

 La perversión del lenguaje se evidencia en regímenes militaristas, autoritarios, arbitrarios y esencialmente totalitarios. La práctica idiomática del militarismo, como sistema y modo de vida, es contrario a la naturaleza democrática donde la lengua, como sistema universal que busca democratizar todos los espacios de convivencia social, es centro y base fundamental para el fortalecimiento de la paz  ciudadana y la práctica de la libertad.

  Si se revisa la historia se verá que en todos los regímenes totalitarios, desde el fascismo, nazismo, así como el stalinismo y maoísmo, junto con los dictatoriales del llamado Cono sur latinoamericano, chileno, uruguayo y argentino, le han  otorgado al lenguaje una importancia significativa y por lo tanto, pieza fundamental en la propagación de un discurso político que forma parte esencial del potencial destructivo para silenciar y desaparecer al Otro-diferente.

  Frescas están las huellas de los estragos causados por la propaganda de guerra lanzada en África, en el genocidio de Ruanda, para desaparecer a los adversarios políticos. Nos referimos a la guerra desatada entre hutus y tutsis, en 1994. Entre 800 y 1.000.000 de muertos ocurrieron en solo cuatro meses. Pero a esos actos de crueldad se llegó después de años de aniquilamiento verbal del adversario, que era visto como enemigo y tratado como cucaracha. Así identificaban los hutus a los tutsis.

  Mientras la Cruz Roja y demás organizaciones de ayuda humanitaria, como Médicos sin Frontera pedían a la ONU que declarara el genocidio en Ruanda para que intervinieran los Cascos Azules, el presidente Clinton ordenó a su representante en el Consejo de Seguridad, que no mencionara esa palabra y usará el término “Actos de genocidio”

  Pero las masacres ya habían sido milimétricamente calculadas meses y hasta años antes, por los bandos radicales. El uso de palabras y frases, como cucarachas tutsis, ratas inmundas, por radio, televisión y medios impresos, así como la participación de líderes políticos arengando a la población para que exterminaran a los enemigos, era algo que abiertamente se practicaba.

  Hoy los responsables de esas matanzas cumplen, la gran mayoría, cadenas perpetuas. Después de esas masacres la ONU debió aceptar que en Ruanda se ejecutó un genocidio. Hubo tanta crueldad en la ejecución de civiles, usando machetes, martillos y hasta palos y piedras, que muchos sentenciados pagaban para que la muerte fuera por “tiro de gracia”

  Y a todo ello se llegó por el uso de una propaganda de Estado donde el lenguaje orientaba hacia la ejecución de un discurso de violencia. Actos del lenguaje en boca de dirigentes políticos para ir progresivamente despojando al adversario político de su condición humana, hasta transformarlo en enemigo, convertirlo en ser animalesco (cucaracha) y aniquilarlo.

  Por eso el lenguaje y los actos de hablas no pueden ni deben usarse de manera inconsciente y menos, irresponsablemente. Porque los actos del lenguaje poseen correspondencia inmediata, referentes donde el hablante encuentra una “lógica” para visualizar, identificar y catalogar.

  Me viene a la memoria uno de los últimos términos escuchados, a propósito de la estructuración de los tristemente llamados CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción).  Quienes están al frente de esta actividad en pueblos, caseríos y barrios, cuando identifican a pobladores en urbanizaciones, les llaman a esos sitios “Zonas de silencio”

  Es tan triste, doloroso y a la vez espeluznante, darse cuenta que el discurso del poder identifica a quienes habitamos en sitios diferentes a las clásicas barriadas, como lugares donde el ciudadano es “invisible” al Estado. Y bien sabemos en manos de quienes estamos desde hace años. Todo este tiempo, traducido a lenguaje, ha causado un daño terrible al hablante.

  Los actos de habla practicado en la venezuela bolivariana (-a propósito en minúscula) están absoluta y transversalmente contagiados por la arenga militarista, autoritaria y totalitaria. Es tan notoria que su peso se siente en la cotidianidad del venezolano. Tanto, que asfixia y asquea.

  Y bien sabemos que estas arengas, usadas como base para la propaganda de Estado, transformaron radicalmente el concepto que se tenía de gobierno democrático, a otro de régimen socialista. Que esta última acepción pueda o no ser cierta, es cosa de otras reflexiones.

  Por lo pronto interesa señalar que el régimen actual venezolano ha transformado el idioma español hablado en Venezuela, en una suerte de arenga continua donde el Otro diferente ya no es solo enemigo. Ahora pasó a ser también un traidor a quien se le debe juzgar, bien desde el discurso del poder y con actos de repudio. Pronto, muy pronto, si es que antes la hambruna nos alcanza, tocarán la puerta en nuestras zonas de silencio y nos llevarán a las plazas públicas, teniendo a Bolívar de mudo espectador, para juzgarnos por delitos tan banales, triviales, como ocultar mortadela.   

(*)  camilodeasis@hotmail.com  TW @camilodeasis  IG @camilodeasis1

 

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