Venezuela una economía ¿planificada?

POR JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ - POLÍTICA - 02 AGO 2016, 8:36 A.M.

En Venezuela, el movimiento chavista y su “gobierno” mantienen en materia económica una obsoleta “confrontación” ideológica entre el sistema de mercado y el sistema de planificación central, que ha venido propiciando una mezcla de funcionamiento improvisado entre una economía indicativa y una economía centralizada, al extremo de haber extraviado toda orientación en pro de alcanzar una coherente organización política y económica; al haber soslayado (suponemos que intencionalmente y no por ignorancia) que la gran dificultad de la planificación reside en la imposibilidad de prever todas las necesidades de la población así como de coordinar todos los factores para producir bienes y servicios; lo cual quedó muy bien consagrado en la metáfora de Friederich von Hayeck “En una batalla donde se enfrentan dos ejércitos, en uno de ellos los soldados sólo reaccionan en respuesta a las órdenes que les dan sus superiores, en el otro los soldados se desenvuelven en función de unos objetivos generales y de presentarse imprevistos pueden variar el curso de su acción para superarlos. En razón de ello, el segundo ejército ganará la batalla ya que puede reaccionar ante las variantes, mientras que el otro actuará según el plan fijado inicialmente sin posibilidad de variarlo para adecuarse a las nuevas condiciones que se vayan planteando”.

La economía indicativa, hace referencia a una teoría cataláctica del sistema de mercado como un lugar de intercambio mediante precios monetarios donde una mayor intervención gubernamental induce mayor desastre, al tiempo de separar el problema de la escasez del entorno político, psicológico y ético donde los agentes económicos (consumidores y productores privados) deciden qué productos comprar y en qué cantidad al tiempo que las empresas determinan qué bienes y servicios producir; o lo que es lo mismo son los millones de consumidores y los miles de empresarios quienes armonizan libremente su participación a la luz del comportamiento de los precios en correspondencia con la eficiencia alcanzada y la cantidad producida. La economía planificada (centralizada) por su parte, implica que las decisiones en cuanto a la asignación de los recursos escasos emanan del gobierno por intermedio de una autoridad central que “apadrina” coercitivamente su comportamiento, apoyándose en instrumentos generados por un supuesto organismo de planificación central donde intentan (sin mucho éxito) reflejar la imagen objetivo que se desea imponer en sustitución del mercado y de la actividad privada, haciendo uso (o intentando) de una gran cantidad de información (o de irresponsables estimaciones) a efectos de cuantificar no sólo las necesidades al presente de los consumidores y productores sino también para anticipar tendencias (¿?) en los gustos y preferencias ciudadanas y empresariales (cambios tecnológicos), en el entendido que el Estado regula el proceso de producción, de distribución y de acumulación.

Es de resaltar a manera de una “evaluación histórica”, que las economías planificadas han surgido como la “alternativa socialista” para superar las “injusticias” del mecanismo del mercado y de la “ambición” de los dueños del capital (al tiempo de procurar “salvar” la democracia); cuando en realidad y en su casi totalidad han generado desastrosos resultados socioeconómicos abriéndose paso para las injusticias político-partidista en un contexto de relevante corrupción financiera, ética y moral, tal como se evidencia para el caso venezolano luego de 17 años de un transitar económico en permanente incertidumbre y con la brújula perdida al extremo que los propios voceros del “alto gobierno” mantienen evidentes discrepancias conceptuales y procedimentales en relación al horizonte socioeconómico, en un desfigurado enfoque con premisas contradictorias tales como (I) “no se aspira desarrollar una economía estatizada, pero si que las empresas fundamentales que motoricen el desarrollo del país estén en manos del Estado” (sic); (II) construcción de un “clima de confianza y garantías con la empresa privada” en un marco de “profundización del socialismo”; (III) “iniciar un modelo económico (luego de 16 años de espera) para superar el rentismo capitalista y dar paso a un modelo productivo” (¿socialismo rentista?); (IV)  “los exportadores pueden retener el 60% de las divisas para sus negocios y el otro 40% lo colocan (obligatoriamente) en el Banco Central de Venezuela a una tasa de cambio altamente competitiva” (¿?); (V) instauración de un “revolucionario” modelo esclavista de trabajo que permite al gobierno requerir por 60 días prorrogables a los trabajadores del sector público y privado en aras de ir al campo a sembrar para contribuir en la producción de alimentos; (VI) aplicar una indexación salarial para proteger el poder adquisitivo de la inflación, lo cual equivale a señalar que se aumentará en 2016 el salario mínimo en un ¡700%!. Tan incongruente escenario económico, lo plantean en un contexto donde cerca del 80% de lo producido domésticamente (poco en relación a la demanda potencial) es generado por el sector privado a pesar de no contar con divisas, con el agravante que en su aberrante modelo económico socialista el gobierno ejerce pleno control sobre la distribución de la oferta nacional incluidas las importaciones (con guías obligatorias), lo cual facilita desmentir la “presunción gubernamental” de la existencia de una “guerra económica” que es utilizada mediáticamente como explicación de su fracaso, encubriendo de igual modo la ausencia de un sistema de cambio libre que en conjunto induce desconfianza sobre la economía, al punto de propiciar una masiva  salida de capital estimada en unos USA 450.000 millones que poco estímulo a la repatriación experimenta ante la incertidumbre, riesgo y temor que genera la presente “gestión gubernamental” cargada de autoritarismo y militarismo.

La Comisión Económica para América Latina (Cepal), estima para 2016 una contracción de nuestra economía del -8,0%  (hasta superar los 12 trimestres consecutivos de decrecimiento), señalando al propio tiempo que la capacidad de acelerar el crecimiento económico depende de los espacios para adoptar políticas que apoyen la inversión tanto pública como privada en complemento con un aumento de la productividad; lo cual será sólo posible en la medida que se controle el crecimiento de la liquidez monetaria (en paralelo a una caída de las reservas internacionales)  que ha venido siendo dinamizada por la permanente emisión de dinero inorgánico que para julio 2016 se ubicó en 5,37 billones de bolívares (durante 2015 creció en un 97,7%) siendo un monto muy superior a la capacidad de absorción de la economía, provocando nefastos desequilibrios tanto en la cantidad de bolívares en circulación respaldados por cada dólar de reserva (Bs439/$), y muy especialmente en materia de inflación que durante el IS 2016  acumuló un anualizado de 487,7% para un estimado de cierre superior al 700%.

En fin, pueden formularse otros muchos comentarios sobre la imperfección de la “planificación económica” del movimiento chavista que el espacio del artículo no lo permite; pero en reflexión final expresamos nuestra percepción en cuanto a que el manejo “tramposo” del CNE en relación a la celebración del RR en 2016, puede provocar que la presión de calle se convierta en una furiosa manifestación violenta de insatisfacción “callejera” ante el rechazo de la gestión presidencial que supera el 80%, y que en más de un 85% aspira un cambio de Presidente ¡ya!.

Economista Jesús Alexis González

 

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