Trump contraataca y denuncia la "conspiración de los medios corruptos"

Octubre 14, 2016

Donald J. Trump contra todos. Un magnate en apuros, en el momento más bajo de su campaña presidencial, cada vez más lejos de la victoria según las encuestas, está dispuesto a morir matando. Liberado de «todas las cadenas», como anunció, el candidato republicano menos republicano de la historia ha desatado el contraataque con toda la munición a su alcance. Ya no queda títere con cabeza.

Primero fue el partido por el que se presenta, con el que ha roto definitivamente acusando a su dirección de no haber estado «nunca» con él. Después orientó el ventilador hacia el pasado sexual del expresidente Bill Clinton, al que utilizó para repartir culpas acudiendo a testimonios de supuestas víctimas de acoso.

Ahora, la denuncia va dirigida contra «los medios corruptos», y en concreto, «The New York Times», que, junto con su rival Hillary, formaría parte de «una conspiración para frenar el movimiento» que lidera. La amenaza de una querella contra el diario, tras la publicación de dos nuevos testimonios de presunto abuso sexual, es el ariete con el que empuja en su nueva ofensiva. Al grito de «¡mentira, mentira y mentira!», sus invectivas se centran en denunciar y apelar a sus seguidores a que combatan la mano negra que pretende cerrarle las puertas de la Casa Blanca.

Es el animal herido, tan peligroso para los demás como para sí mismo. La política de tierra quemada está llegando a tal punto que nadie se atreve a asegurar cuál será el paisaje tras la batalla del 8 de noviembre. Para unos, como Peter Wehner, antiguo asesor del presidente George H. W. Bush, Trump se encuentra en el principio de su fin: «Se está derrumbando psicológicamente, es doloroso de ver. El desenlace será traumático y desagradable». Sus asesores creen que hay tiempo para levantar la campaña y que las espadas todavía están en alto, con el debate del próximo miércoles, en Las Vegas, como última gran baza. Para muchos otros, aunque Trump termine derrotado, será el Partido Republicano el que salga perjudicado en esta batalla, quebrado o transformado para mal. Al fin y al cabo, Trump seguirá vendiendo su producto, afirman.

Mientras las encuestas confirman su debilidad a 25 días del «Election Day», Trump recorre los mítines intentando borrar la sombra de «depredador sexual» que le persigue, según palabras de la Primera Dama, Michelle Obama, y que ha llevado a que en un estado tan conservador como Utah, siempre del lado republicano, se estreche al mínimo su distancia con Clinton. El desgaste de su imagen por las denuncias sexuales, que está haciendo estragos en los sondeos, contrasta con el reforzamiento de las mujeres más fieles, que comparecen en sus actos electorales con camisetas en las que se puede leer «Trump, dime a mí cosas sucias».

Su argumentación para salir del atolladero se centra en plantear esta pregunta: «Si fuera verdad, ¿por qué no lo denunciaron entonces?». El magnate concluye voz en grito: «¡Porque es mentira!». El candidato republicano ha desarrollado una nueva teoría de la conspiración. Desde que alcanzara la fama televisiva denunciando durante años que el presidente Obama no había nacido en Estados Unidos, y, por tanto, era un impostor al frente del país, su habilidad para crear y recrear tramas ha sido incontestable. La última sitúa en el mismo frente conspiratorio a lo que llama «la maquinaria Clinton», con la candidata demócrata en cabeza, «The New York Times» y el empresario mexicano Carlos Slim, propietario de casi un 17% de la sociedad que edita el diario neoyorquino. Según argumenta, todos ellos son parte de un establisment «amenazado existencialmente».

Todavía no la ha incluido en el mismo grupo, pero, prueba de su habitual desprecio hacia los medios, acostumbra a referirse a la cadena de televisión CNN como Clinton News Network (Cadena de Noticias Clinton). La teoría le sirve para justificar la secuencia de denuncias de víctimas de abusos, que, según clama en los mítines, forma parte de esa «conspiración global». Lo explica así: «La maquinaria Clinton es el centro de la estructura de poder. Cualquiera que desafía su control, es tachado de sexista, racista y xenófobo. Y termina elevando el tono: «¡Os atacarán, os difamarán, intentarán destruir vuestra carrera, vuestra familia. Y mentirán, y mentirán!».

La acometida de Trump contra los medios ha llevado a que la Comisión de Protección de los Periodistas (CPJ, en sus siglas en inglés) difundiera un comunicado, con pocos precedentes en una campaña electoral, en el que acusa al magnate de «traicionar el contenido de la primera enmienda de la Constitución», que protege la libertad de expresión.

En su nueva ofensiva final el magnate proclama ahora en sus mítines que si vence la candidata demócrata en la elección de noviembre, «Daesh invadirá Estados Unidos».

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