Venezuela: Guerra entre colectivos y bandas aterrorizó a familias del 23 de Enero

Octubre 16, 2016

Desde junio pasado los Negrín tienen nuevo hogar en La Pastora. La familia se mudó no porque compró una casa más amplia, sino por razones de seguridad. No soportó vivir en el sector El Observatorio del 23 de Enero, zona de guerra entre colectivos y bandas delictivas en pugna por el control del territorio.

A mediados de mayo ocurrió un enfrentamiento que se prolongó por más de dos horas. Varios proyectiles impactaron en la casa de Oswaldo Negrín. Esa noche no durmieron, se escondieron debajo de las camas a esperar que el tiroteo cesara.

“Mi nieto no paraba de llorar y al día siguiente no nos atrevimos a salir. Algunos autobuses no prestaron servicio por miedo a quedar atrapados en medio de otro intercambio de disparos”, relató Negrín. Agregar que entonces llamó a su hermana, que vive sola en La Pastora, para que les brindara refugio.

En tres días se mudaron y la casa del 23 de Enero la alquilaron a otras personas que también tienen proyectado irse porque están cansadas de vivir en zozobra.

Los colectivos, según Negrín, son los que imponen las reglas. Tienen equipos de radiotransmisión, están informados de lo que ocurre en cada rincón y controlan la distribución de comida y el funcionamiento de locales comerciales, cobran vacuna por el uso de estacionamientos y enfrentan a los que desacaten sus órdenes o quieran invadir su territorio. Cada vez que se reporta una situación irregular con una banda delictiva suenan la sirena para alertar a la población. Algunas personas se abstienen de salir a las calles; otras, más arriesgadas, esperar a que la situación se calme. Hay planteles que el año pasado perdieron más de 400 horas de clase por quedar atrapados en la línea de fuego de los enfrentamientos. Uno es el Luis Rafael Pimentel que entre febrero y marzo suspendió actividades por los tiroteos.

Una vecina del sector Las Casitas del Observatorio denunció que se han trasladado a casas de familiares o alquilados en Carapita, Caricuao, La Pastora y el interior del país.

Luis Acosta, en compañía de su esposa e hija, se vio obligado a marcharse de la zona F de la parroquia a finales del año pasado porque fue testigo de un crimen. “A finales de noviembre caminaba cerca de mi casa, cuando observé a tres encapuchados que sometieron a un muchacho. Lo golpearon varias veces y después le dispararon. A los tres días me mandaron notas a mi apartamento con amenazas como ‘Cuídate, sabes que están sentenciados’. Tuve que mudarme por temor a represalias”.

Inti Rodríguez, coordinador de Provea, también engrosa la lista de desplazados por la violencia en la zona. Hace dos años un grupo de encapuchados lo interceptó frente a la estación Agua Salud del Metro de Caracas y lo amenazaron. A ellos no les convenía sus denuncias sobre violación de derechos humanos, y tenía dos opciones: se marchaba del lugar y continuaba con su trabajo, o se quedaba y renunciaba. Escogió la primera.

La semana pasada se desplegó una OLP y fueron ultimados 12 hombres que integraban la banda del Kilombo. Sin embargo, sus cabecillas, según vecinos, no han sido capturados. “Ellos se refugiaron en otras zonas y van a volver porque estos operativos no son constantes”.

De hecho, el Cicpc también incursionó en la zona, pero su participación se vio truncada porque los colectivos se alzaron luego de que se llevaron detenido a David Guerrilla, miembro del grupo Salvador Allende.

“Los colectivos enfrentaron a tiros a los detectives, y a través de parlantes desde el bloque 7 llamaron a los habitantes a que salieran a defender la revolución. Al final la policía científica dialogó y tuvo que retirarse. Con la acción queda demostrado una vez más que en esta zona la policía no tiene autoridad, no puede con los colectivos ni con las bandas”, expresó un vecino que prefirió mantener su nombre en reserva.

Una funcionaria de Policaracas da fe de que desde el momento en que los colectivos tomaron el 23 de Enero en junio pasado por la detención de cinco integrantes del grupo Tres Raíces, ningún funcionario puede acercarse a la parroquia ni por error. “Las órdenes de los jefes fueron precisas: no queremos saber que hay funcionarios allá. Si algo les pasa, no nos responsabilizamos. Estamos de manos atadas”, destacó la agente.

La Cifra

5 personas han sido asesinadas este año por quedar atrapadas en la línea de fuego durante enfrentamientos entre bandas y colectivos en la parroquia.

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