Tasas, aranceles, drogas e hidrocarburos, los efectos en la economía que viene

Noviembre 10, 2016

De entre todos los efectos que la victoria de Donald Trump tendrá sobre la economía global, el más cercano es uno que se sentirá especialmente en América Latina por la deuda en dólares de los países y empresas de la región, ¿subirá o no la Reserva Federal (FED) las tasas tras la reunión del 13 y 14 de diciembre?

Hasta el martes, todos los pronósticos apuntaban a una subida. Janet Yellen, la presidenta de la FED, había salido de la reunión de directorio del 1 y 2 de noviembre diciendo que el organismo seguía de cerca la evolución de los precios. Un lenguaje cifrado que los analistas leyeron como el aviso de un alza: cuando la inflación amenaza con salirse de los máximos tolerables y el empleo no está en riesgo, la FED tiene la misión de encarecer el crédito para evitarlo. 

Con el desempleo en mínimos no vistos desde antes de la crisis de 2008 (4,9%), la suba de tasas en diciembre era la medida más probable. Pero Trump ganó y barrió con los pronósticos. Sus promesas económicas, que muchos ven como amenazas, podrían poner el peligro el pleno empleo pero también la estabilidad de los precios. El problema es que los dos objetivos que guían la política monetaria de la FED recomiendan políticas excluyentes: cuando cae el empleo, hay que bajar las tasas (o dejarlas en el mínimo de 0,25%-0,50% actual); y cuando se calientan los precios, subirlas.

Aunque menos probable, la suba de tasas en diciembre sigue siendo una medida posible según los diarios The Wall Street Journal y The Financial Times, que lo fundamentan en la aparente tranquilidad con que los mercados financieros recibieron a Trump: el Dow Jones subió 1,40% y el dólar se fortaleció.

En un plazo menos inmediato, el efecto Trump también se sentirá en el comercio mundial. El TPP y el TIPP, los acuerdos de libre comercio con los países del Pacífico y con Europa, corren grave peligro de convertirse en papel mojado. La renegociación del NAFTA, que une a EE.UU. con México y Canadá, es otra promesa de campaña en la que los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Justin Trudeau no tendrán más remedio que entrar: mejor un acuerdo limitado que ningún acuerdo.

Más difícil de cumplir será su amenaza de aplicar aranceles desorbitantes contra China, Japón y México, sus principales socios comerciales. Como escribió en su newsletter Ian Bremmer, de Eurasia Group, las personas a las que perjudicaría esa medida tienen demasiado poder dentro del congreso de EE.UU. como para que prospere.

Pero no todos se sienten amenazados. Para las grandes farmaceúticas, la victoria de Trump mejoró las perspectivas. Hillary Clinton había prometido aumentar la regulación y reducir el precio de los remedios. Trump, sin embargo, habló de dar marcha atrás con el Obamacare, como fue conocido el plan de salud impulsado por Barack Obama para atender a los más pobres que, entre otros efectos, había conseguido abaratar los medicamentos.

El sector de hidrocarburos también se beneficiará de Trump, que desprecia a las energías renovables, apuesta por abrir nuevas áreas a la extracción de gas y petróleo y piensa retirar a EE.UU. del Acuerdo de París por el cambio climático. Igual que las empresas de armamento, felices con su promesa de adquirir una nueva flota de aviones y barcos de guerra. Lo que es bueno para la industria petrolera y armamentística no suele ser bueno para el mundo, pero eso no parece estar entre las prioridades del momento.

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