Carlos Ortega: Carta al Pueblo de Venezuela

Noviembre 10, 2016

Ante la trágica realidad que vive el país y con la moral que me otorga mi trayectoria como luchador social, año y medio de cárcel en Ramo Verde y 12 años de exilio, quiero señalar lo siguiente:

No puede un sector de la dirigencia política de oposición frustrar nuevamente la esperanza del pueblo de Venezuela en su lucha por conquistar la libertad y la democracia. Decenas han sido las coyunturas políticas en los últimos dieciséis años en las cuales con grandes sacrificios, coraje e incluso ofrendando la propia vida, el pueblo ha colocado contra la pared al régimen narcochavista, excluyente y totalitario, represivo y opresivo. Pero ante las mismas siempre han surgido factores apaciguadores y cómplices descarados, estimulados por oscuros intereses y en combinación con personeros de la dictadura. ¡Ya basta!

Aquellos quienes hoy como en anteriores oportunidades piensan que convivir con el régimen o que constituirse en una oposición tolerada y tolerante es el camino para alcanzar sus proyectos personales y políticos, pueden hacerlo, lo que no pueden es usurpar y mancillar el espacio que a sangre y sudor ha ganado la sociedad democrática venezolana en su voluntad por erradicar una dictadura de gorilas y corruptos. Esto es imperdonable.  ¡Ya basta!

Negociaciones puede haber. Se negocia con el enemigo y con el adversario. Entendemos. Pero no puede el llamado diálogo convertirse en guarida de agendas veladas y en fórmula de sobrevivencia de un régimen ilegítimo que al violar los derechos constitucionales y humanos de los venezolanos, con la anuencia cómplice y traidora de la Fuerza Armada, se coloca al margen de toda legalidad.

Ciertamente el diálogo constituye un mecanismo de solución de conflictos. Pero está suficientemente comprobado que el régimen jamás ha querido dialogar y de ello da fe que en dicha mesa, que he llamado, mesa del engaño, están sentados además de el Vaticano, cuatro ex presidentes cuya imparcialidad está en total tela de juicio y cuyas verdaderas metas no se presentan con claridad, con el agravante que uno de ellos, de dudosa hoja de servicio, es asalariado de un organismo subregional de precaria pertinencia, cuyo origen obedece a  los planes  políticos de Chávez, Lula, Kirchner y Castro, entre otros, para dinamitar la OEA y no a un  verdadero esfuerzo integrador.

En el mismo sentido, oportuno es recordar que 27 ex presidentes de Iberoamérica en junio de 2015, en Cartagena, hicieron un llamado por la democracia y la constitucionalidad en Venezuela. Ninguno de ellos fue nunca invitado a participar como facilitador y garante del diálogo y peor aún, la oposición se conformó con los mediadores del régimen. ¡Ya basta!

Podría pedirse a esa mesa de “diálogo” el auspicio de una salida constitucional, electoral y pacífica, sin embargo el pueblo venezolano y la comunidad internacional saben que en Venezuela no está vigente la Constitución, que el CNE actúa en fraude a la voluntad popular y que la violencia es el signo distintivo de la dictadura castrochavista que impera en el país. Esto, aunque parezca mentira, también lo sabe la dirigencia de oposición.

Por ello, desde hace 14 años sostengo que la calle es la salida, porque solo el  pueblo en la calle logrará sacar al tirano de Miraflores. Hay que recordar que la única vez que cayó la tiranía narcochavista fue el 11A con el pueblo en la calle. De manera que es absolutamente deleznable que la dirigencia opositora haya desmovilizado al pueblo en aras de un diálogo cuyos resultados conocemos todos. ¡Ya basta!

Ha llegado el momento en que la oposición decente se deslastre, eche a patadas como Jesús en el templo, a los mercaderes y traidores que conviven en su seno 

pero que llevan los mismos años de tragedia chavista trabajando con el régimen. No es tarea difícil porque todos son hartamente conocidos por la dirigencia y por el país nacional. ¡Ya basta!

Mención aparte merece la Fuerza Armada cuya conducta, al aliarse con la dictadura cubana, el narcotráfico y la corrupción bolivariana, la han convertido en otra vergüenza nacional. Un sector otrora reconocido, admirado y respetado por los venezolanos, hoy goza de su mas profundo repudio. Su conducta violatoria de los mas elementales derechos humanos y de la Constitución que juraron defender, los hace sujetos activos de crímenes de lesa humanidad los cuales no solo no prescriben sino que los venezolanos nos encargaremos de que les caiga todo el peso de la Ley. Si dentro del componente militar aún quedan cuadros identificados con la democracia y la libertad, les digo que les llegó la hora de dar un paso al frente para colocarse al lado del sufrido pueblo venezolano a ver si así pueden reivindicarse ante el país.

Igualmente, ante esta tragedia, quiero expresarle mi mayor sentimiento de admiración y sincero respeto a nuestros queridos estudiantes y a todos los que se han mantenido al frente en defensa de los derechos fundamentales e irrenunciables de los venezolanos. Su movilización le ha cerrado el paso a las maniobras entreguistas y dilatorias, no la abandonen pues son ejemplo para todos.

Solo una salida política puede regresar los alimentos a la mesa, las medicinas a los hospitales, la seguridad a los ciudadanos, la moral y la decencia a la sociedad y los delincuentes a la cárcel. Esa salida es el pueblo en la calle.

Mi solidaridad y reconocimiento a todos los presos políticos, a mis compañeros de exilio y a nuestros agredidos, perseguidos y valientes familiares.

Por último, manifiesto que sólo actuando con verdadero y comprometido sentido unitario y dejando a un lado las apetencias personales y político partidistas, es que lograremos junto al pueblo venezolano, acabar con la tragedia que representa este régimen castrochavista, narcoterrorista y corrupto instaurado por el difunto comandante y continuado por Nicolás Maduro.

Lima, Perú

Carlos Ortega

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