Trump estrecha los lazos con Farage

Noviembre 12, 2016

Nigel Farage, el controvertido líder del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), ha recibido un tratamiento de alfombra roja a su llegada a la América de Donald Trump. Farage, ninguneado en su propia tierra y tachado como "irrelevante" por el Gobierno británico, aspira a convertirse en el primer líder europeo en ser recibido en persona por el presidente republicano.

Farage llegó a la Torre Trump a primera hora de la tarde (hora local) y dijo que estaba en Nueva York como un "simple turista". El líder del Ukip ha informado de su reunión con "un equipo de colaboradores" del presidente y una portavoz del propio Trump confirmó que la reunión se había producido a última hora de la tarde. "Han hablado sobre la libertad y sobre la victoria", dijo la jefa de campaña Kellyann Conway a la salida de la Torre Trump. "Estos encuentros son increíblemente productivos".

El gesto de Trump, que ha trabado una "relación especial" con el líder euroescéptico desde su paso por la Convención Republicana, se interpreta como un mensaje dirigido a Bruselas y a la premier Theresa May (que hizo la número 11 en su lista de llamadas telefónicas a líderes internacionales, por detrás del irlandés Enda Kenny).

El propio Trump había advertido que su victoria sería como "un Brexit de talla plus, plus, plus" y había hecho suyo el lema que Farage utilizó durante la campaña del referéndum: "¡Vamos a recuperar nuestro país!". Los dos aparecieron juntos en un mitin en Misisipí y el líder Ukip ha seguido asesorando en la sombra a Trump hasta la recta final.

"Trump odia la Unión Europea incluso más que yo", declaró Farage a su paso por Florida, camino de Nueva York y arropado por el millonario Arron Banks en su anhelado encuentro en la cumbre con Trump. En su regreso a EEUU, Farage no ahorró insultos hacia Obama, a quien describió como "una criatura odiosa" por haberse atrevido a decir que el Reino Unido "pasaría al final de la cola" si decidía abandonar la UE.

La visita-relámpago del líder nacionalista británico ha sorprendido con la guardia baja al Gobierno de Theresa May, que le ha tachado de "irrelevante" y ha negado la posibilidad de usarle como intermediario ante Trump. Antes y después de partir, el propio Farage se ofreció para allanar el camino al Gobierno británico y bromeó con la posibilidad de ser nombrado "embajador de EEUU ante la Unión Europea".

"Estamos ante una gran oportunidad para todos los negocios británicos, porque una vez hayamos dejado esa cosa horrible que es la UE podremos sellar nuestro primer acuerdo comercial con Estados Unidos", declaró Farage a una emisora local en Florida, desde la que se atrevió a lanzar con incorregible humor británico sus primeros consejos a Trump: "Ahora voy a ser diplomático: le diré que venga y charle amigablemente con Theresa. Pero que no se le ocurra tocarla, por Dios...".

Desde Londres y desde Bruselas se está contemplando con cierta perplejidad todo lo que está pasando con Farage al otro lado del Atlántico. Pese a contar una nutrida y ruidosa delegación en Bruselas, el Ukip no deja de ser una fuerza minoritaria en la política nacional, con un solo parlamentario en Westminster: Douglas Carswell (peleado con su líder).

El futuro del propio Farage está en el aire. Al fin y al cabo, no es más que líder "interino", después de haber dimitido tres veces y haber vuelto otras tantas (la última, tras el mandato fugaz de apenas dos semanas de Diane James). El 28 de noviembre se celebran nuevas elecciones internas, con dos candidatos en liza: el faragista Paul Nuttall y la rebelde Suzanne Evans. La división interna del partido es tal que dos eurodiputados se liaron a golpes en el Parlamento de Estrasburgo: el derrotado Seven Woolfe anunció días después su fuga por considerar que el Ukip es "ingobernable".

Pero Farage, que prometió retirarse para "recuperar mi vida privada", no se resiste a seguir chupando primer plano y el 5 de diciembre piensa encabezar la manifestación en la que espera a reunir hasta 100.000 partidarios del Brexit, para reclamar al Tribunal Supremo que respete el resultado del referéndum.

Pese a los conflictos abiertos en casa, Farage se ha lanzado ahora a la "aventura americana" y pretende convertirse nada menos que en el "vaso comunicante" entre Washington y Londres. "Por fin tenemos un presidente al que le gusta nuestro país y que entiende nuestros valores post-Brexit", dijo tras la victoria de Trump, en el momento de recordar la afinidad de valores, en temas que van de la inmigración (aún colea el impacto de su famoso póster anti-refugiados) al desdén por las élites económicas y políticas.

Farage, que hizo escala en Barcelona antes de partir hacia EEUU, se atribuyó a sí mismo el papel de "catalizador en las caídas de los 'blairistas' y los 'clintonistas'" y aseguró que hay un gran paralelismo entre el voto de las clases trabajadoras a favor del Brexit y a favor de Trump: "Ha llegado el momento de deshacernos de la gente que trabaja mano a mano con asesores de Goldman Sachs y que se han hecho ricos a costa de arruinar nuestros países".

Su dialéctica incendiaria está muy emparentada con los exabruptos de Trump, hasta el punto de que los dos han decidido intercambiarse el apelativo de Mr. Brexit y rivalizar a la hora de predecir la ruptura de la Unión Euopea tras la marcha del Reino Unido.

Y en esto llega Boris Johnson, el mismo que dijo que el peor día de su vida fue cuando le confundieron en Nueva York con Donald Trump. El titular de Foreign Office reclama también un puesto en la mesa de negociaciones con el "amigo americano" y se ha comunicado por teléfono con su vicepresidente Mike Pence, al tiempo que lanzaba un mensaje a su colegas europeos: "Dejad de lloriquear por la victoria de Trump".

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