Seis razones para calificar como un fracaso el diálogo en Venezuela

Noviembre 16, 2016
DIÁLOGO MUD DICTADURA PSUV VENEZUELA

Si estas líneas se escriben el lunes 14 de noviembre, y no el sábado 12, es para poder tener 48 horas de pausa, de reflexión, antes de emitir una opinión sobre el “acuerdo” (y las comillas son intencionales) alcanzado en la mesa de diálogo entre el Gobierno (devenido en régimen, hay que aclarar) de Nicolás Maduro y la oposición venezolana.

Esperaba, en la acepción de este verbo que implica esperanza, que el tiempo disipara mi desconcierto inicial ante el comunicado que primero Claudio María Celli, en representación del Vaticano, como facilitador del precitado diálogo, y luego Jorge Rodríguez, en representación de Maduro, y Carlos Ocariz, en nombre de la oposición, leyeron a dos voces.

Lamentablemente, en estos dos días, mi desconcierto, primero, y mi decepción (que también llegó de inmediato pero que intenté manejar internamente, como si fuera un duelo) no han hecho más que aumentar.La oposición venezolana, expresada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ha perdido con un autogol en el minuto 90, para expresarlo en términos futboleros. Y aún entendiendo que hay asimetrías de información, que los miembros de la MUD manejan datos que yo no manejo, y que en las próximas horas podrían producirse, por lo menos, algunas liberaciones de presos políticos (ahí sí mantengo ciertas esperanzas, pero también tienden a disiparse), hasta ahora, la conclusión del diálogo es que la oposición concedió mucho, por no decir que lo concedió todo, a cambio de nada. Y paso a tratar de demostrar mi teoría (y lo que viene) en seis puntos:

Lo que la oposición apunta como logros (el desbloqueo de la elección “negociada” de los rectores del CNE o nuevas elecciones de los diputados de Amazonas) no son tales, si se considera que ambos están contemplados en la Constitución venezolana.

Lo que es más, peligrosamente, la incorporación de diputados en Amazonas pasa por realizar nuevas elecciones en ese estado, sin tomar en cuenta que el supuesto fraude que se apunta en las elecciones del 6 de diciembre de 2015 no solo habría ocurrido en muy pocas mesas, sino que sus indicios son muy endebles, por no hablar de que la Sala Electoral ha mantenido el juicio congelado, precisamente porque la evidencia sobre el fraude es prácticamente nula.

Como esperanza queda que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que lleva el caso, falle que en Amazonas no hubo fraude y los diputados (que hasta ahora parecen haber sido dejados de lado, abandonados a su suerte) se reincorporen. Pero es más una ilusión que una aspiración: Si entre el jueves y hoy el TSJ le ha dado tres mazazos a la independencia de la Asamblea Nacional, ¿no es de ilusos pensar que ahora fallará a favor de esta?

No hablemos de la elección “negociada” de dos nuevos rectores del CNE, de la cual, en principio, saldrían uno para el chavismo y uno para la oposición (y con los negociadores que tenemos ese parece el mejor escenario) cuando, con 109 diputados, tendríamos para elegirlos a los dos, y a lo mejor nos quedamos sin ninguno, viendo cómo “negociamos” el acuerdo del sábado, que Celli calificó de “milagroso” y que, en efecto, obró el “milagro” de diluir una mayoría opositora de 80 % y ponerla a firmar unos términos que más bien parecen los de una rendición, por más vueltas y largas elipsis que la oposición haya querido darles desde el sábado.

No es cierto que la oposición “no tuviera alternativa” a negociar, como han dicho algunos de sus voceros. Siempre hay una alternativa a negociar, que es no hacerlo.

Los voceros y representantes de la oposición parecían más preocupados por quedar bien ante los facilitadores del Vaticano que ante los 13 millones de venezolanos que apoyaban (y creo que uso correctamente la forma pasada del verbo) el referendo revocatorio, y que hoy se encuentran con un comunicado escrito en neolengua (lea el magistral artículo de Willy McKey en Prodavinci al respecto) en el que se habla del Esequibo y del “boicot económico”, y no se menciona para nada la solución electoral al conflicto.

Y aún más botados que a los 13 millones de venezolanos que querían firmar en octubre para revocar a Maduro, el “acuerdo” de la MUD deja de lado a los cientos, o miles de personas, que a costa de sacrificar su seguridad laboral, firmaron para el primer 1 % y han sufrido acoso, persecución o incluso destitución de sus cargos públicos por hacerlo.

Y aún más allá: a Luis Almagro, amigo de la democracia venezolana, que debe estar sintiendo que hizo el ridículo durante todo 2016, por ejemplo. O a Felipe González, o a Andrés Pastrana, verdaderos amigos de Venezuela.

Maduro sale del “acuerdo” ganancioso, esponjado (quienes tengan estómago lo pueden ver a continuación), y violando nuevamente la Constitución (algo que no se menciona para nada en el “acuerdo”, luego de que la Asamblea Nacional declarara hace dos semanas al Gobierno chavista como una dictadura) al prorrogar, de manera nuevamente ilegal, el Decreto de Emergencia Económica. En cambio, la MUD, con 65 % del favor popular (como mínimo), luce derrotada, y lo que es peor, desnortada, desorientada.

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