A la cárcel por no querer servir té a Erdogan

Diciembre 27, 2016

Las purgas del Gobierno de Erdogan dejan cifras record: cerca de 110.000 personas han sido despedidas y más de 50.000 han acabado en prisión -Él, aquí, té no va a encontrar.- Debido a la presencia de nuestro presidente, algunas de las calles de la zona se han cortado. Por cierto, si viene aquí igual tiene la oportunidad de servirle un té...

Así discurrió, según la defensa, la conversación entre un policía, que vigilaba en las inmediaciones de un hotel donde se hallaba Recep Tayyip Erdogan el sábado pasado, y Senol Buran, un camarero de la cantina del periódico opositor 'Cumhuriyet'. El cantinero acabó el día en prisión preventiva, pendiente de juicio, acusado de insultar al jefe del Estado. Este delito se pena en Turquía con hasta cuatro años de cárcel. Según la agencia Reuters, el acusado reconoce el comentario, pero niega insulto alguno.

Este caso, que vuelve a involucrar a un medio de comunicación opositor cuyo director, viñetista y varios columnistas llevan casi dos meses entre rejas por "terrorismo", ilustra el asentamiento de un clima de agitación y desazón medio año después del sangriento golpe de Estado fallido. Pese a que tras la asonada los críticos creyeron que Erdogan cultivaría un nuevo talante reconciliador, asentado en la oposición de toda la ciudadanía a los militares, sus decisiones y discursos acrecientan la fractura social día tras día.

De hecho, el mismo presidente había anunciado benevolente, después de la intentona golpista, que sus abogados retirarían las más de 1.800 denuncias contra internautas, estudiantes, dibujantes y hasta una modelo por insultarle. El encarcelamiento de Buran va en la dirección contraria. "Es una forma de castigo", denuncia Abbas Yalcin, abogado del Cumhuriyet. "Para llevárselo emplearon tres vehículos blindados y entre ocho y 10 policías del departamento de Antiterrorismo".

Desde julio, cerca de 110.000 personas, entre ellas muchos maestros, han sido despedidos o suspendidos de su cargo. Más de 50.000 han acabado en prisión. El Gobierno emprendió la mayor purga de la historia moderna turca alegando la necesidad de combatir el "terrorismo", término empleado tanto para referirse a la cofradía del teólogo Fethullah Gülen, acusada de orquestar el golpe, como para otros grupos armados como el kurdo-turco PKK o el Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés), ambos "terroristas" según la Unión Europea.

El Ministerio del Interior anunció este lunes la detención de 1.682 personas, durante los últimos siete días, por presuntos delitos terroristas. Según Interior, 508 tienen relación con el PKK y 78 de ellos fueron encarcelados. Según las autoridades, 78 de los detenidos, de los cuales 12 acabaron en prisión, están relacionados con el IS. El resto, 426 de los cuales entraron en la cárcel, guardan vínculos con el grupo de Gülen, denominado FETÖ por el Ejecutivo turco.

Justo este martes ha dado comienzo el primer juicio contra acusados de participar de la asonada del 15 de julio. Según la agencia semioficial Anadolu, 29 ex agentes de policía se sientan en el banquillo, en una sala habilitada en la prisión de Silivri -cerca de Estambul- acusados de cooperar con el golpe al desobedecer la orden de proteger la residencia presidencial en Estambul la noche de autos. La Fiscalía pide cadena perpetua agravada para 21 y un máximo de 15 años de cárcel para el resto.

Pero lo que comenzó como una cacería postgolpe de miembros de la comunidad de Gülen, anterior aliado de Erdogan y hoy su némesis, ha degenerado, según la oposición, en una ofensiva total para aplacar toda disensión política en Turquía. La campaña de atentados del IS y sobre todo del TAK, ligado al movimiento armado kurdo, han cargado de argumentos a Erdogan. Seis mil trescientos académicos han perdido su empleo, 192 medios han sido cerrados y 81 periodistas duermen hoy en prisión, una cifra récord.

Después de los medios patrocinados por fieles a Gülen, las agencias, periódicos y emisoras prokurdas fueron silenciadas. El siguiente objetivo fue el 'Cumhuriyet', un periódico de tirada modesta pero conocido por nacer al albor de la República de Turquía y haber destapado algunos de los mayores escándalos que involucraron a Erdogan y su entorno. En los últimos días se ha cerrado el canal televisivo de la minoría aleví Yol TV y detenido a cinco periodistas más de medios críticos.

2016 ha sido un año negro en Turquía. Las matanzas de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad han golpeado casi cada mes. La guerra contra el PKK ya implica ataques de turbas contra sedes políticas kurdas y ha provocado, según Amnistía Internacional, cientos de muertes y el desplazamiento forzoso de medio millón de civiles por la destrucción de ciudades del sureste. El Comité Para la Protección de los Periodistas ha señalado a Ankara como el Gobierno del mundo que más informadores ha encarcelado.

Lejos queda aquel 2010 cuando el mismo Erdogan logró aprobar por referéndum reformas ampliamente aceptadas, como la que brindó más independencia a la Justicia. Paradójicamente, en 2017 el presidente pretenderá que se vote en referéndum justo lo contrario: que él elija a la mayoría de responsables judiciales, en una reforma que además le garantizará el control del Ejecutivo. La mitad del país, que lo adora, puede darle la victoria aún a costa de enajenar a la otra mitad de una sociedad dividida.

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