El socialismo democrático abrió camino a la miseria totalitaria en Venezuela

Enero 06, 2017

En Venezuela el socialismo no llegó al poder con Hugo Chávez en 1999. Mi país lo gobernaron de 1958 en adelante exclusivamente partidos socialistas más o menos moderados. Fundados por una generación de líderes cuya historia política se remonta a 1928, y que tomarán al poder por primera vez en 1945.

El socialismo es control, directo y/o indirecto del Estado sobre medios de producción para la planificación central de la economía. Se implementa por planificación central de sectores estratégicos, o por planificación omnicomprensiva. Aspiraban a una u otra variante de socialismo, civiles y militares que gobernaron Venezuela de 1945 a hoy. Versiones moderadas tuvimos hasta 1999. Tuvieron en común los que estabilizaron un sistema de alternancia democrática dentro del consenso socialista moderado desde 1958, precisamente la alternancia democrática dentro del consenso; y ciertos límites al control económico directo del Estado. El espacio privado mercantilista en aquél socialismo fue tan amplio que se pensó lograría avanzar a economía de mercado superando su crisis de la década de 1990. No fue así.

En 1999 un grupo de socialistas revolucionarios radicales dispuestos a llevarlo hasta sus últimas consecuencias finalmente llegó al poder. Lo intentaron antes mediante guerrillas y fracasaron. Lo intentaron electoralmente por décadas y fracasaron. Hasta intentaron un par de fracasados golpes militares en la gran crisis de los años 90. Pero la suma de los golpistas haciendo política libremente por sobreseimiento de sus juicios de un presidente cuya irresponsabilidad fue entonces ampliamente aplaudida, unidos con antes dispersas fuerzas civiles de una izquierda radical profundamente resentida con décadas de fracasos –unificada y en el aparato del poder gracias al mismo irresponsable– Y la crisis de legitimidad del populismo en un país petrolero que dependía de altos precios del crudo entonces ausentes, les permitió finalmente alcanzar el poder. A diferencia de sus predecesores, no estaban dispuestos a alternancia política ni a moderación económica. Venían por todo, tan lenta o rápidamente como las circunstancias permitieran. No han dejado buscar el totalitarismo ni un segundo.

En 17 años ocasionaron un empobrecimiento material y moral mucho mayor que sus predecesores en el doble o triple de tiempo. No habría sido posible sin que el socialismo moderado les abriera el camino con previo empobrecimiento material y moral. Y hegemonía cultural que pocos enfrentaron.

El largo camino a la destrucción

Venezuela era a mediados del siglo XX un país económicamente desarrollado con una democracia estable desde 1958. Ya en 1944 el poder de compra del salario promedio en Venezuela era más de diez veces el actual, hace 15 años había caído al doble que hoy, cuando es uno de los dos más bajos del continente. Para 1950 en Venezuela el producto interno por habitante –medido en divisa presente estable– era el segundo del continente y séptimo del planeta, en América únicamente menor que en EE.UU. Así el salario obrero era mayor en Venezuela que en casi toda Europa occidental, con excepciones del tipo de Alemana Federal, Suiza o Luxemburgo. El capital por habitante y su actualización tecnológica estaban entre los mayores del mundo. Llegamos a esto porque prosperidad y desarrollo son reversibles en cualquier parte.


En la década de 1940 no había inflación en Venezuela, la deuda pública era insignificante, el bolívar era una de las divisas más estables del mundo y la economía mayormente abierta crecía aproximadamente al 10% anual.

En la de 1950 creció el número de leyes estatistas y la economía perdió impulso. Todavía una patente de industria y comercio de un pequeño negocio no era problema. Me explican quienes así la obtuvieron que funcionarios iban a los negocios censando los nuevos para otorgarles en un día lo que hoy se tramita con gran dificultad en meses o años. La economía crecía aproximadamente al 6 % anual.

En la de 1960 se hicieron más leyes estatistas. Devaluaron la moneda. Establecieron un control de cambios por varios años. Suspendieron indefinidamente las garantías constitucionales de propiedad privada. Al amparo de esa suspensión de garantías constitucionales por una “emergencia temporal” vigente por décadas establecieron el aparato de planificación central de la economía. Cerraron la economía por sustitución de importaciones. Sectores protegidos y subsidiados crecieron más lentamente, pero los privilegiados con el monopolio del mercado interno obtenían grandes riquezas. Tuvimos empresarios prósperos con empresas quebradas y políticos con fortunas de origen inconfesable. Y se comenzó a hablar de nacionalizaciones y de grandes industrias estratégicas estatales. El crecimiento siguió hasta que las consecuencias de aquello afloraron.

En la de 1970 se estatizó la industria petrolera y el banco central. Se completaron grandes industrias estatales estratégicas –de la siderúrgica a la electricidad y las telecomunicaciones– como monopolios del Estado. Y el PIB por habitante comenzó a caer a largo plazo. Siguió la crisis final del socialismo moderado y la llegada al poder del actual socialismo radical que transformó la creciente pobreza de entonces en la abrumadora miseria de hoy. Más y más personas comiendo de la basura y niños muriendo hambre no teníamos en el socialismo moderado de antes. Los tenemos hoy.


De la engañosa década de los ’70 a hoy estamos cada vez peor. La mayoría de los venezolanos entiende que cada gobierno de ahí en adelante fue peor al anterior. Pocos admiten que, con la única e incompleta excepción del fallido intento de reforma de mercado del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, todos fueron más de lo mismo. Varió el grado del mal, pero todos, incluyendo al actual, en materia económica fueron más de lo mismo. Cada vez más de lo malo, es cada vez peor. Y cada vez más socialismo en la economía ocasionó cada vez más empobrecimiento material y moral. Mantener ese rumbo exigiría finalmente el totalitarismo. Y a la dictadura hemos llegado. Que tan estable será y cuanto durará están por verse.

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