El capitán del Costa Concordia triunfa como escritor superventas

Enero 13, 2017

Cuando aquel 13 de enero de 2012 el Costa Concordia, un mastodonte de 114.500 toneladas, 290 metros de longitud -es decir, como 28 autobuses en fila, 17 pisos de alto y 1.500 camarotes, se ladeó y hundió como un frágil barquito de papel, posiblemente su capitán, Francesco Schettino, no se imaginó que saldría tan bien parado de aquel desastre. Ni él, ni nadie.

En la actualidad, -se cumplen cinco años del fatídico suceso, en el que murieron 32 personas y 64 más resultaron heridas a apenas 150 metros de la costa porque ése es el gran delito: el macro crucero de lujo en el que viajaban 4.229 personas naufragó a un tiro de piedra de la isla toscana de Giglio, Schettino sigue libre. El capitán es el único acusado por lo ocurrido, pero parece que las cosas le van viento en popa y a toda vela: se ha convertido en un escritor súper ventas en Italia.

En julio de 2015 publicó el libro 'Le vertià sommerse' ('Las verdades sumergidas'), junto con la periodista Vittoriana Abate, donde explica su particular verdad sobre lo sucedido en el naufragio, que no es otra que achacar la responsabilidad de lo ocurrido a otros y no a él. En menos de un mes se agotaron todos los ejemplares de la obra, que se ha vuelto a reeditar y sigue siendo un éxito.

"Hemos vendido 20.000 ejemplares", asegura Pietro Graus, responsable de la editorial de esta peculiar gallina de los huevos de oro, que también está previsto que se publique pronto en español, según ha avanzado dicho editor a EL MUNDO. Porque ¿quién no está interesado en leer una historia que suena casi a chiste si no fuera por su fatal desenlace?

Porque el 'caso Costa Concordia' realmente fue así: una ocurrencia, pero con muy poca gracia. El crucero se desvió de su ruta para que sus pasajeros pudieran avistar la isla de Giglio, y a su vez los vecinos de esta isla pudieran admirar desde tierra un impresionante hotel flotante, que es lo que era el Costa Concordia: albergaba ni más ni menos que cinco restaurantes, trece bares, cuatro piscinas de agua salada, un circuito de 'jogging', y hasta un simulador de Fórmula 1.

Se supone que quienes vieron pasar el Costa Concordia a tan pocos metros de la costa se quedaron con la boca abierta, pero más aún cuando a las 21.45 horas la nave, que avanzaba a una velocidad de tan sólo 15 nudos, chocó contra una piedra de granito que abrió un boquete de 70 metros de longitud en su casco, y se empezó a hundir lentamente.

Aun así, Schettino tardó una hora y 13 minutos en ordenar la evacuación del crucero. No lo hizo hasta a las 22.58 horas, cuando la nave ya estaba muy inclinada. E incumplió con la normativa marinera que exige que el capitán sea el último en abandonar el barco. Él ya estaba a salvo, en tierra firme, a las doce y media de la noche, cuando a esa hora numerosos pasajeros todavía trataban de abandonar el crucero desesperadamente.

El juicio por el naufragio del Costa Concordia se inició en julio de 2013 con Francesco Schettino como único acusado, porque la empresa propietaria del barco, Costa Crociere, aceptó una multa de un millón de euros, y la Fiscalía negoció la pena con otros cinco oficiales imputados.

Dos años y medio más tarde, en febrero de 2015, el capitán fue condenado a 16 años de cárcel, pero no entró en prisión porque aúno no se ha dictado sentencia en firma, es decir, en tercera y última instancia, por el Tribunal Supremo. Se le acusa de homicidio múltiple, abandono de la nave y daños al medio ambiente. De momento, el proceso sigue abierto.

El Costa Concordia permaneció varado ante la isla de Giglio durante casi dos años, como un singular atractivo para los turistas, hasta que por fin el pasado abril fue trasladado a Génova para ser desguazado en una operación faraónica que costó la friolera cifra de 600 millones de euros.

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