Hacer a América grande de nuevo, ¿pero sin venezolanos?

Enero 22, 2017

Y llegó Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América, el “magnate de las finanzas especulativas de Manhattan”, como gustan llamarlo los pensadores de izquierda. Sin embargo, yo lo asemejo a un J. Ward Moorehouse* moderno, un hombre de marketing que logra sumar a su más preciada venta -la imagen de sí mismo- el poder seductor de un discurso político ideológico, gracias al efecto de dos de las principales paradojas de la modernidad: el “prestigio de lo nuevo” y la “feria de las ilusiones” –definidas por el escritor, catedrático y crítico literario francés Antoine Compagnon en Las cinco paradojas de la modernidad. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela, 1991. Pág. 17-.

Desde el “prestigio de lo nuevo” se envuelve la contradicción principal: Trump es un outsider, un hombre que viene desde filas ajenas a la política, por tanto alguien “nuevo” y “libre” del enlodamiento ético-moral en que se revuelca el sector político tradicional -en especial en los Estados Unidos desde la gestión de Ronald Reagan y la explosión del caso Irangate-. No obstante, desde lo nebuloso de nuestra positiva modernidad surge la contradicción: estos outsiders, estos “nuevos” políticos, llegan para hablar de lo nuevo, "pero cuidándose de no aportar nada nuevo" (COMPAGNON, Antoine. Op. cit.)**.

Desde allí el outsider se constituye en la promesa (y la apariencia) del cambio con un discurso que apela al rescate de “la dignidad de los olvidados” y que engorda el resentimiento social, para usarlo luego como plato principal en la (es)cena denominada “feria de las ilusiones”, segunda paradoja, consecuencia de la primera. Esta segunda es preparada por la fabulosa precipitación del criterio de renovación puesto también de moda -por cierto- desde la Segunda Guerra Mundial, y que estableció el dominio de un mercado mediatizador de la calidad del contenido conceptual y programático de las categorías libertad, democracia y comunicación.

En el caso del actual presidente norteamericano la mediatización ideológica se da desde el “rescate” de un mito o símbolo de carácter sociopolítico y de clase, que busca explicar o establecer la doctrina bajo la cual debe y ha debido funcionar siempre la sociedad estadounidense: The american way of life. No obstante, ¿qué diferencia la asunción del símbolo por parte de Trump a la asunción por parte de Obama? Recordemos que en el discurso inaugural de su período presidencial, Obama aseguró que no había por qué pedir disculpas al mundo por el “Modelo de vida americano”, por el contrario, instó a no desfallecer en su defensa***. La diferencia está en que la doctrina Obama incluyó dentro del programa político para mantener y garantizar el orden social norteamericano a “todos los norteamericanos”, y con este “todos” señalaba a los inmigrantes. La “doctrina Trump” se mueve en sentido adverso.

¿Pero será que, como anuncian algunos analistas, esta “doctrina” ha sido solo una estrategia electoral que sacó provecho de las diferencias y desencuentros ocurridos entre el Gobierno Obama y los Estados de la Norteamérica profunda, donde el magnate de Manhattan obtuvo el apoyo del voto popular? ¿Será que una vez asumido el control de la presidencia, Trump se verá “ajustado” por su “círculo cero” a la moderación que parece imponer el inestable y conflictivo escenario económico internacional y, sobre todo, el amplio ejercicio de diplomacia y negociación estratégica que viene exigiendo la nueva disputa por la hegemonía global, cuyo principal actor es aquel que ha asegurado estar dispuesto a recibir al magnate de Manhattan con los brazos abiertos y los puños cerrados: China? Así lo cree, por lo menos, el sociólogo y científico social histórico estadounidense Immanuel Wallerstein, principal teórico del análisis de perspectivas geopolíticas y geoeconómicas aplicadas a las relaciones internacionales conocidas como sistema-mundo.

 

La tercera paradoja y el populismo que no es tal

Entender las paradojas descritas y cómo estas han evolucionado hasta constituir aquella otra que resulta hoy la que demarca el escenario político internacional fronteras adentro (otra paradoja en sí misma) para cada una de las potencias mundiales, y que ya ha descrito el periodista argentino Marcelo J. García en un revelador artículo para la revista Anfibia: “cuánto más conocemos al otro, más queremos parecernos a nosotros mismos”, hará posible una mejor comprensión y un mucho más certero análisis proyectivo del gobierno Trump. Entender esto es comprender, por ejemplo, que la ideología motorizadora de la doctrina Trump no es el “populismo”, sino algo de más viejo cuño: el nacionalismo aislacionista. Y es provechoso -aunque aterrador- recordar también que las “cartas” que mejor ha empleado el nacionalismo para lograr sus objetivos a lo largo de la historia son la fuerza militar y la hegemonía de clase. Si miramos la conformación del gabinete presidencial de Trump veremos que hasta ahora ha empoderado políticamente a 19 personas, entre militares y civiles de fenotipo caucásico, ascendencia europea y alto éxito económico.

Y si de paradojas continuamos hablando, viene aquí otra que encaja en la figura de este J. Ward Moorehouse moderno, y que puede dar otras pistas sobre el sendero o vía que podrá tomar su gestión en el ámbito internacional: recuerden que este hombre de actitud volátil, grosera y confrontativa, que dijo en algún momento de su campaña presidencial que combatiría al terrorismo islamista haciendo a los prisioneros “algo peor” que los ahogamientos simulados, saltó a la palestra pública en 1987 con un libro titulado El arte de la negociación (The art of the deal), en donde revela que su estrategia para negociar es “simple y directa”: apunta muy alto y luego presiona, presiona y presiona, hasta conseguir el objetivo.

Hay allí un particular rasgo de Trump que explica el porqué de la elección para Secretario de Defensa de un hombre que es también otro experto en marketing: James “Mad Dog” Mattis, General de la Infantería de Marina (los muy mediáticos Marines), veterano de Afganistán e Irak, que si bien ha soltado frases aterradoras en público, sobre todo referidas a su postura frente al terrorismo islamista, como aquella de "Hay unos cuantos imbéciles en el mundo que necesitan que les peguen un tiro. Hay cazadores y hay víctimas", en su primer encuentro con Donald Trump como presidente electo le aseguró que nunca había visto que la tortura funcionara y que era un convencido de la estrategia de conectar con los detenidos a un nivel emocional, incluso mediante “un paquete de cigarros y unas cervezas”****. Por otro lado, Mattis, que fue comandante de la OTAN y es un firme defensor de la alianza, a la que Trump ha menospreciado al asegurar que es obsoleta, se declara contrario al aislacionismo y promulga el camino de las alianzas con Europa, Continente al que Trump considera en decadencia.

 

Una agenda política internacional sin América Latina

La ideología política de Trump: el nacionalismo aislacionista; la elección del General Mattis como Secretario de Defensa -y la conformación del resto del gabinete, si se le mira con atención-, más preocupado por modernizar la OTAN, establecer alianzas con Europa y combatir con firmeza e inteligencia al terrorismo islámico; el crecimiento y avance de China en la economía global y el riesgo que esto implica para la hegemonía financiera internacional norteamericana, centran la agenda política de Trump en cuatro puntos: China, Rusia, Europa y el Medio Oriente, lo que hace también pensar que para el 45° presidente de EEUU “el resto del mundo no existe o tiene una importancia menor”, como asegura en un artículo escrito para la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), el profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA), Marco A. Gandásegui.

Gandásegui asegura también que las posturas de Trump respecto a la inmigración latina y en especial a la mexicana fueron una concesión a los sectores xenofóbicos que lo apoyaron en las elecciones, porque la realidad es que “no tiene una política hacia América Latina”. De ser esto así, es probable que la gestión de Trump se caracterice por la aplicación de su particular “arte de la negociación” -o quizás por el del “paquete de cigarros y unas cervezas”, ofrecidos desde unas bases militares situadas en suelo colombiano, tal vez-, para continuar con la garantía de acceso a un área de explotación de recursos naturales y humanos baratos. Vemos aquí la aplicación de la primera paradoja descrita: llega algo “nuevo”, "pero cuidándose de no aportar nada nuevo".

Sin embargo, los escenarios planteados por Trump en sus discursos electorales, su postura dirigida a derribar los espacios de acuerdo establecidos con algunas organizaciones y países latinoamericanos, su aparente “neopopulismo” clasista y xenófobo, su bravuconería y constante conflictividad, escandalizaron a buena parte de la comunidad latina residente en Estados Unidos y produjeron algunas confrontaciones que el propio Trump se cuidó -recuérdenlo- de que no llegaran a ser “memorables”, como el caso de su ataque a la actriz y ex Miss Universo venezolana Alicia Machado. Para la “nueva ola” de inmigrantes venezolanos en Estados Unidos la “doctrina anti inmigrantes” de Trump, el discurso ideológico que consideran “populista” y esa condición de outsider, generan un temor característico, como lo revela el periodista venezolano Iván González, National Editor de la web site de Telemundo en Miami: “Los venezolanos en Miami están temerosos, porque piensan que la historia de la cual tratamos de huir puede repetirse con Trump”. Sin embargo asegura no creer que Trump “pueda socavar 240 años de institucionalidad”.

 

Tres venezolanos dialogan desde las redes: Trump y sus expectativas

Iván González llegó a Estados Unidos el 01 de mayo de 2010 y en este momento espera la obtención de la ciudadanía norteamericana, por lo cual se siente libre de cualquier amenaza derivada del discurso o las políticas migratorias que pueda implementar el gobierno de Trump. Para él el problema es que “el discurso de Trump, cargado de matices anti inmigrantes, ha sembrado un muy particular odio hacia todo aquel no americano". Asegura que por las condiciones sociopolíticas de los Estados Unidos es sumamente difícil que cualquier intento de marginar a un inmigrante prospere, “pero se dejó la semilla del odio hacia aquel que luzca como extranjero. Tal vez más adelante pueda ocurrir algo lamentable”.

La percepción del productor audiovisual y columnista de medios venezolano Jorge Sayegh, residente en Los Ángeles desde mediados de 2015 es algo diferente. Trump le preocupa bastante, aunque no como latino ilegal en Estados Unidos dado que “Aquí nos protegen, porque nos explotan”. Sin embargo, “los legales van a sufrir el desastre de Trump como cualquiera. Va a destruir la economía y se va a hacer más rico”.

Renier Otto, fotógrafo venezolano residente en Memphis, Estado de Tennessee (un Estado republicano por excelencia) desde julio de 2016, y casado con una ciudadana norteamericana, asegura que “el tema con la migración es álgido”, y coloca como ejemplo el caso de sus suegros, que votaron por Trump: “Ellos son anti migración. Entiéndase como anti migración a la migración ilegal. Nadie quiere ilegales aquí, nadie, no les gustan. Y aunque muchos se benefician de ellos, y hay leyes que los amparan, la gente aquí pide que vengan por la vía legal. Ahora, para venir por la vía legal solo hay tres formas: que vengas a invertir y el monto es de 1 millón de dólares, otra es que tengas un talento especial, que seas un genio matemático o deportista, y mi caso, que estés casado con alguien de aquí. El proceso es caro, pero si lo haces como es debido no tiene porque pasar nada”.

Iván González advierte que “la comunidad emigrante es víctima de una generalización, y eso ha sido histórico. Existe el prejuicio de pensar que los emigrantes latinos son flojos. Todos. La mejor forma de borrar eso es con buenos ejemplos. Una comunidad extranjera puede crear un gran impacto a través del aporte que haga en la comunidad a la cual va, primero que nada, adaptándose, y no pretendiendo que el entorno se adapte a ellos”. Para él esto es una especie de obligación: “Hacer las cosas bien hechas, dejar marca en la ciencia, las artes, la cultura, el espectáculo”.

Por su parte Jorge Sayegh no percibe cambio alguno en la percepción sobre la comunidad latina a partir del discurso de Trump, pero señala que “los republicanos son como aristócratas antes de la revolución francesa. Están desfasados, y son como los chavistas enchufados, dispuestos a cualquier bajeza con tal de no perder el poder”.

Para Iván González esa comparación es algo inviable. Asegura que eso no funciona así en los Estados Unidos. “La historia lo demuestra. Y yo, que nunca he sido conservador, te puedo asegurar que no son tan malos como los chavistas. Entre las principales preocupaciones de los inmigrantes está todo lo que tiene que ver con esta comunidad y es toda una curiosidad que bajo la administración de un republicano (Ronald Reagan), fue cuando se hizo la última reforma. En general, la clase política de este país hace lo mismo que su similar del resto del mundo”.

Al consultarle sobre la comparación hecha entre Chávez y Trump por un articulista de la revista Foreign Affair, basado en el discurso “populista” y el tenor autoritario del ahora presidente norteamericano, el periodista Iván González responde que “Quizás nadie lo compare con un líder en particular, mucho menos con Chávez (alguien sobre quien se habla muy poco en los medios en inglés, por cierto), pero sí se ha mencionado mucho el carácter autoritario de Trump, algo notable no solo por su discurso y su ideología, sino por su lenguaje corporal. En cuanto al populismo, es más que obvio, debido a la cantidad de ofertas que ha hecho, sin siquiera mencionar cuál será el plan para llevarlo a cabo. Personalmente, me resulta algo populista, una característica propia de estos líderes demagogos”.

Para Sayegh, Donald Trump y Hugo Chávez “Son igualitos e igual que en Venezuela, sus seguidores no son capaces de ver el peligro que representa”. Por eso, aunque está claro en que Trump es un negociador que “responde a sus intereses personales, económicos y vanidosos”, asegura que “Si Putin le pide que no joda y le muestra una oportunidad de negocio con el chavismo, no hará nada en contra de la dictadura chavista. Si no ve oportunidad de negocio inmediato con el chavismo, lo atacará, pero eso probablemente no signifique nada bueno para el pueblo venezolano. Mira el bloqueo cubano, ¿a quien le sirvió? A la dictadura castrista”.

Renier Otto plantea que en lo que Trump y Chávez se parecen es en que “de lado y lado Trump como Chávez supo generar un discurso capaz de canalizar lo que la gente estaba sintiendo en ese momento. Es un discurso genérico, con pocos planes de acción, si te das cuenta muy general, ambiguo en ciertos casos, tal cual como el discurso de Chávez”. Así es como lo ven en Memphis, asegura, aunque saben que “aquí jamás se llegará a los niveles a los que llegó Venezuela, de pasar hambre y demás. La cuestión aquí fue la forma para poder llegar al poder”.

El último aspecto a tratar con estos tres venezolanos residentes en los Estados Unidos entra en el campo de lo especulativo, puesto que aún resulta demasiado pronto para saber cuál será la vía que tomará la gestión de Donald Trump para mantener las relaciones bilaterales con Venezuela, pero vale la pena hacer la consulta para intentar una aproximación desde lo que perciben quienes hoy habitan en esa “América” que el magnate de Manhattan devenido en presidente de la “nación más poderosa del mundo” promete “hacer grande de nuevo”.

“Sin ser un especialista, sino un habitante de este país” -responde Iván González, “me llama la atención que esta nueva lista de aliados cuente con algunos de Venezuela. Es algo que mucha gente que sí conoce del tema internacional menciona con curiosidad, porque no se conoce con exactitud cuál será la política a seguir con los aliados tradicionales de este país. Solo sospecho, desde mi ignorancia, que se trata de una forma de buscar nuevos horizontes en los negocios, supongo que de Estados Unidos. Pero no creo que haya mayor interés en Venezuela (algo que va a decepcionar al Gobierno venezolano, ávido de hallar enemigos externos), sobre todo porque la tendencia es la búsqueda de nuevas formas de generar energía, lo que dejaría a nuestros país en situación comprometedora, por el futuro”.

Sayegh insiste en que “hasta por intereses personales, si se convence que económicamente le conviene el chavismo lo va a ayudar de manera sutil pero eficiente. Si no le conviene puede usarlo como ejemplo formal de una supuesta moralidad democrática. Si considera que le va a afectar sus ganancias atacará, pero estoy seguro que el chavismo no afecta en nada a Trump”.

Loading...

Lo Más Visto

Loading...