¡Y después no digan que Trump no hace milagros!

Enero 29, 2017

Cuando el lamentable Ministro de Defensa salió con el cuento de erradicar cien mil hectáreas de coca, alcanzó a desorientarnos. Pero ahora, viendo unidos a los socios Santos-Timochenko prometiendo la sustitución voluntaria de cincuenta mil, las mismas de Villegas, se nos hizo la luz: Trump no está en los altares, ni lo estará nunca, pero hace milagros. La parte de la trama empieza porque está listo el informe de la Secretaría de Estado sobre las plantaciones colombianas, que andan por doscientas mil hectáreas, cinco veces lo que recibió Santos de Uribe, y porque el problemita no se va a discutir con Obama sino con Trump. Y Trump no está dispuesto a tener buenas migas con el que quintuplica la producción de cocaína para envenenar la juventud de su país.

A Trump le habrán contado que ese milagro de productividad no es gratuito. Santos aceptó las exigencias de las FARC para estimular el negocio. Por eso prohibió los bombardeos en los campamentos cocaleros; por eso paró las fumigaciones aéreas, alegando que hacen daño; por eso paró las extradiciones a los Estados Unidos, en las que fuimos tan activos y exitosos en el Gobierno del Presidente Uribe; y por eso permitió que los rábulas acabaran de hecho con la extinción de dominio de los bienes de estos malditos. Resultado: un mar de coca.

Valga aquí un paréntesis en el hilo del discurso, para poner en evidencia una de las trampas de tahúr en que Santos es especialista. Porque negó la extradición de WalidMaked a los Estados Unidos, porque no había tratado vigente. Y con ese discurso ha dejado de cumplir todos los pedidos de los Jueces Americanos, precisamente respecto a los bandidos narcotraficantes de las FARC. Pero como quiere con desesperación de enfermo mental y pasional la extradición a Colombia del perseguido político Andrés Felipe Arias, no vacila en ordenarle a la frágil Canciller que la pida alegando que el tratado sí existe.

Los de las FARC son perversos, criminales, taimados, lo que se quiera. Pero menos tontos que Santos, al parecer. Y se han dado cuenta de que por perseguir a Arias el gobierno abrió el camino de la extradición para ellos. Y no tienen el menor interés en pasar lo que les quede de vida jugando dominó con Simón Trinidad en una cárcel americana. Por eso resolvieron tratar de aplacar la ira de la Secretaría de Estado y de Trump, con el cuento de la erradicación voluntaria de cincuenta mil hectáreas, de las que tienen sembradas.

Suponemos la carcajada del Secretario de Estado cuando le cuenten la estratagema de Santos y las FARC para eludir la ira de Trump y la exigencia de que se combata en serio el narcotráfico. Por limitado que sea el Embajador que tienen en Colombia, les dirá que eso no es serio ni posible.

Habrá notado usted, lector querido, que en los anuncios del gobierno no hay una palabra de lo que se va a sembrar en lugar de coca. Ni las vías de comunicación que se abrirán en plena selva para permitir la siembra y sacar los productos nuevos, nadie sabe a dónde ni para vendérselos a quién ni a qué precio. Y nadie ha dicho, ni siquiera el tan locuaz Ministro de Agricultura, cómo se garantizará a los cultivadores, raspachines y traficantes de la coca, un ingreso siquiera remotamente parecido al que hoy tienen. Esos asuntico quedan para mejor ocasión, cuando los gringos anden ocupados en Irán o Corea del Norte o Cuba. Santos y las FARC coinciden en todo, especialmente en esto de mamar gallo y ganar tiempo, en lo que son especialistas.

Las otras cincuenta mil de la cuenta de Min Defensa se completan con la erradicación manual que harán el Ejército y la Policía.

Lo de contratar campesinos que se jueguen la vida por cualquier salario desafiando las minas y las balas para esa tarea, pasó al olvido. ¿Cómo no haber pensado antes en ponerle oficio a los policías y a los soldados, tan desocupados como están ahora? Genial, mi querido Villegas. A un lado fusiles y pistolas, y vengan palas y recatones para la Fuerza Pública.

No le queda a uno espacio para la indignación ni hay medios suficientes para la protesta. Sobre todo cuando los Altos Mandos andan de rodillas, apurando hasta la última gota del cáliz de las humillaciones.

Hasta distraídos anduviéramos mirando el desarrollo de esta comedia. Los próceres de las FARC convenciendo decenas de miles de campesinos para que en lugar de coca siembren yuca y plátano; y en la Escuela Militar de Cadetes cambiando las clases de estrategia en la guerra por técnicas de erradicación manual de coca, y los polígonos de tiro por huertas caseras, no dejaría de ser divertido. ¡Y digan que Trump no hace milagros!

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