Trump avisa al mundo: «Tendremos que ser duros»

Febrero 02, 2017

Firmeza frente al exterior, seguridad dentro de las fronteras y protección de la libertad religiosa. Donald Trump leyó ayer el catecismo de la simple, pero eficaz doctrina que ya conquistó a los conservadores evangélicos en las urnas, durante su estreno en el National Breakfast Prayer (Desayuno de Oración Nacional). El jefe de la Casa Blanca se estrenó en el tradicional encuentro de dignatarios y líderes religiosos, donde cada año se escuchan las reflexiones políticas y espirituales del presidente de EE.UU.

En su primera gran aparición pública tras la polémica orden que impide el acceso a inmigrantes de siete países musulmanes, Trump dio un paso adelante y lanzó una nueva apuesta con su alma de jugador: «Espero estar aquí otras siete veces más». Convencido de cubrir los ocho años que por ley puede ocupar la Casa Blanca, pese a los 70 que le han convertido en el presidente con más de edad en llegar al cargo, el mandatario norteamericano volvió a mostrar su arrojo al lanzar esta advertencia: «Vamos a tener que ser un poco duros». Era su forma de justificar los numerosos roces diplomáticos abiertos en menos de dos semanas de presidencia, precisamente el día que el nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, se estrenaba en el cargo.

El nuevo jefe de la diplomacia norteamericana, que ha superado no sin problemas la prueba del Senado, condicionada por su conocida amistad con Putin más que por su currículum profesional, puede convertirse pese a todo en el contrapeso sensato y mesurado del presidente. México, Australia, Irak, Irán… Los numerosos encontronazos, que el propio Trump admitió que provoca él mismo «porque todos los países se aprovechan de EE.UU.», ya están sobre la mesa del sucesor de John Kerry para dirigir la política exterior. Y dado el comportamiento del inquilino de la Casa Blanca, trabajo no le va a faltar.

Por mucho que el propio Trump, después de abroncar al primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, por un acuerdo previo sobre inmigración, intentara ayer lanzar un mensaje de tranquilidad a la audiencia: «No os preocupéis por mis roces telefónicos».

Pero su discurso ayer estuvo más centrado en la política doméstica. Con la promesa de hacer de Estados Unidos «un país seguro», lanzó un mensaje para justificar las agresivas medidas que ha empezado a adoptar: «Queremos que la gente que venga, nos quiera y quiera nuestros valores; no queremos a la gente que nos odia». A continuación, anunció sin concretar nuevas medidas para poner coto a la inmigración, que fundamentó en la necesaria seguridad nacional y la protección de la libertad religiosa.

Donald Trump aprovechó el Desayuno de Oración para rescatar una de las promesas de campaña con las que cortejó a los puritanos, inicialmente reacios a dar su voto a quien se identificaba con valores poco morales. Su proclama de defender la Primera Enmienda de la Constitución (Libertad Religiosa), «bajo amenaza en este país», según aseguró, habría gustado ayer a ese público, pero mucho más aún su compromiso de «acabar con la prohibición de que los pastores puedan apoyar a los candidatos electorales desde el púlpito». Una antigua demanda de los conservadores evangélicos que ningún presidente republicano ha impulsado nunca con decisión.

Para ello, Trump debe cumplir con el anuncio realizado ayer de «destruir» la llamada Enmienda Johnson, que no permite a las organizaciones sin ánimo de lucro participar en el proceso electoral ni hacer política expresamente. Su nombre se debe al presidente Lindon B. Johnson, quien impulsó la norma después de que durante su anterior campaña electoral una de estas organizaciones buscara su destrucción como candidato. Aunque las encuestas sitúan en sólo un tercio los evangélicos que plantean el fin de la prohibición (el resto prefiere que la ley se mantenga como está), se trata de los pastores con más predicamento entre sus fieles. Como ocurrió el pasado 8 de noviembre, su movilización electoral suele tener una gran influencia, especialmente en las posibilidades del candidato republicano.

Dispuesto a otro cambio más de medio siglo después, Trump se mostró partidario de que se escuche «la voz de los pastores desde sus púlpitos». En su versión más religiosa desde que se estrenara en el cargo, el nuevo inquilino de la Casa Blanca se expresó de esta manera: «EE.UU. es un país de creyentes. Si tenemos a Dios con nosotros, nunca estaremos solos».

Sin embargo, ni siquiera en un acto tan fraternal, quiso Trump obviar algunos de sus más sonados enfrentamientos. Y volvió a demostrar que la humildad no es su mayor virtud. El arranque del acto sirvió para que, en tono jocoso pero convencido, se mofara de Arnold Schwarzenegger, su sucesor como presentador del programa televisivo «El Aprendiz». Desde su marcha, recordó, el exitoso programa que lanzó a la fama nacional a Trump, además de servirle para sembrar de dudas la probada americanidad de Obama, «ha caído en picado en audiencia». Por eso, bromeó, «os pido que recéis por la estrella de cine que me sustituyó y que ha llevado los índices de audiencia a un desastre total». La respuesta del actor llegó minutos después en forma de grabación, distribuida por las redes sociales: «Arnold reza por que Trump puede empezar a mejorar sus índices de aprobación, que son los peores de la historia para un presidente». Tras lo que añadió: «Te propongo un cambio de puestos: yo voy a la Casa Blanca y tú vuelves a la televisión, para que la gente pueda dormir tranquila».

Loading...

Lo Más Visto

Loading...