Ana Teresa Torres: Lo que estamos viviendo en Venezuela es una catástrofe social

Febrero 13, 2017

Como una venezolana más, madre, profesional de gran trayectoria, escritora notable y premiada, académica pero, al fin y al cabo, una mujer venezolana que como todas, o la enorme mayoría, padecemos la crisis y destino incierto del país, habla Ana Teresa Torres en esta entrevista con Contrapunto.

En otras circunstancias o momento - país, la conversación hubiese tenido como foco su obra literaria, sus libros, sus búsquedas como escritora. Pero no. Son tiempos para indagar en las reflexiones de una cronista de su tiempo, en la intelectual, pensadora y en la psicoanalista acerca de la situación actual de Venezuela y del rol de los creadores en este proceso que, sin dudas, ella califica de “apocalipsis”.


–La élite de los intelectuales en todas las sociedades y momentos históricos ha tenido un protagonismo decisivo. En el caso de Venezuela, ¿qué ha pasado con ese rol en los procesos políticos y sociales que hemos vivido al menos durante los últimos 18 años?.

–Ese rol fue vital e importante, y en gran parte por eso estoy dedicándome a escribir acerca de ese tema, porque tengo las pruebas documentales de que sí ha sido un rol destacado. Un grupo de gente del sector cultural e intelectuales trabajamos con la Coordinadora Democrática durante un buen tiempo; luego, cuando ocurrió el referendo revocatorio de 2004 y la Coordinadora se disolvió, pues hasta allí llegó ese trabajo, en el sentido más político al que nos estamos refiriendo. Pero no se puede decir que los intelectuales no sigan teniendo una voz, no tanto en la prensa escrita, que está tan decaida, pero se siente en la radio, en entrevistas como esta, y en una cantidad de libros, que, para este momento de crisis económica, son muchos los que se publican. Si revisamos lo que ha publicado un buen número de intelectuales, explicando, narrando, criticando, o analizando lo que ha ocurrido en Venezuela en estos últimos años, y desde distintos puntos de vista, es un material inmenso.

–Pero siempre se le pide, o se le exige a los intelectuales que digan algo, que sean esa voz transgresora, atrevida, esa voz inteligente, luminosa y sin cortapisas que increpe a los dirigentes, a políticos y a quienes tienen el poder de solucionar los asuntos fundamentales del país. ¿Ese rol ha cambiado o se ha opacado en nuestra sociedad venezolana? O, al menos, ¿cuál es ese rol que tú consideras han asumido nuestros intelectuales?

–-El papel de los intelectuales en estos tiempos no es el que era en otros momentos de la histora, eso ha cambiado en el mundo; ya no estamos en los tiempos de Sartre ni de Camus; claro que los intelectuales tienen su voz y su espacio, pero no es que la sociedad tenga que depender de lo que dijo el intelectual para que un país motorice una acción. Eso ha terminado, ahora más bien estamos viviendo en una sociedad de conocimiento, de especialización; la sociedad espera y busca lo que diga un politólogo, un economista, un experto en finanzas, cada quien en su campo. El intelectual habla en su terreno, pero ya no es la voz única como lo pudo ser tiempos atrás.

– Sin embargo, hablando ya del aspecto que nos convoca en esta entrevista, debo decirte que los intelectuales y pensadores en Venezuela han estado muy activos todo este tiempo de crisis y transformaciones en el país, que la gente lo sienta o no, eso es otra cosa. Pero, en general, han estado activos en defender los principios democráticos, en acudir a actos públicos, a manifestaciones, a marchas, hay una presencia en foros y conferencias.

–Sería necesaria, como en otras épocas, la conformación de un grupo, como ocurrió, por ejemplo, con Los Notables en los años 90. ¿Lo consideras importante?.

–No lo creo necesario y te explico el porqué. Yo tengo una lista parcial del número de documentos que nosotros, un buen número de intelectuales, otros artistas y creadores venezolanos firmamos en más de 10 años. ¿Tu crees que esto ha cambiado algo?, por ejemplo, ante el asalto al Palacio de las Academias hubo un repudio, pero de allí no pasó. Podemos reunirnos y firmar 50 papeles y documentos y eso no va a cambiar la situación, porque el país requiere respuestas a los problemas políticos y económicos, de comida, de salud, de servicios y los venezolanos estamos, todos, concentrando nuestras energías en buscar el diario para comer, buscando los alimentos donde se consigan, es una cotidianidad de sobrevivencia.
 

Creación para resistir la crisis


– ¿Cómo ves el proceso de la crisis del país en comparación con el preceso creativo, por ejemplo, en el área literaria; se dice que en momentos difíciles de los pueblos la producción artística e intelectual aumenta?

–El proceso creativo no se ha detenido en absoluto en Venezuela; veo constantemente nombres de jóvenes escritores, a quienes ni siquiera conozco personalmente, nuevos poetas, narradores, cuentistas, y creo que hay un momento creativo muy fuerte. Eso tiene también otra cara: la situación económica hace que haya muchísimas dificultades editoriales, muy graves; una gran cantidad de editoriales grandes ha desaparecido, casi todas, algo fatal para una nación, pero, al mismo tiempo, a mi me sorprende ver gente que se lanza a crear nuevos sellos editoriales y hay una pila, son sellos editoriales muy limitados, pequeños, que publican tres o cuatros libros al año, pero allí están; esto te está hablando de un empeño, de una energía, de un emprendimiento, de una fuerza. Esto habla de que la gente quiere resistir, la gente no quiere decir “se acabó y aquí no hay más nada”. Por el contrario, la gente del sector editorial y literario, que es donde me muevo, quiere decir: “yo soy escritor y quiero escribir y hacer lo que tengo que hacer”.

–Sí, resistir, eso se constata en la nutrida oferta y agenda cultural de cada semana. Pareciera que como en procesos de guerra, o post guerra que han vivido otras naciones, los creadores y artistas venezolanos están sacando la mayor fuerza para que nada los detenga…

–Exactamente. Eso que dices me recuerda que estoy en este momento como jurado de un concurso de narrativa joven y han llegado muchísimos manuscritos. Entonces hay un deseo de continuar, de luchar contra dificultades enormes y eso creo que hay que rescatarlo como algo muy importante de este momento que vive la nación. Seguramente esto también está ocurriendo en otras artes, en música, en cine, por ejemplo, que es de las disciplinas creadoras más difíciles porque es lo más costoso. Entonces, en este sentido veo con esperanza que las nuevas generaciones de creadores venezolanos no se quieren rendir y dicen “vamos a seguir luchando”.

–¿Cómo puede influir, transformar o alinearse esa resistencia con el proceso creativo? ¿Hay géneros o estilos y contenidos de creación literaria que tú observes marcados por este proceso político, social y de emergencia en salud y alimentación que vive el país?.

–Es variable, porque por ejemplo, en poesía, yo tuve la oportunidad de leer textos de jóvenes poetas que concursan y ví que estaba bastante marcado el tema político; en narrativa, a veces sí, la gente está escribiendo muchos cuentos; pero el género que aquí ha tomado más fuerza es la crónica, se está escribiendo muy buena crónica, tanto escritores noveles como gente que tiene mucha trayectoria como escritor. Hay la necesidad de echar el cuento, y esos libros o artículos quedarán como testimonios de un tiempo.

Entender qué nos pasó...

–Otro género que también se ha desarrollado mucho es el histórico, la historia de interpretación y análisis. Pero también los cineastas, los productores y directores de teatro, están buscando remitirse a un pasado reciente y “rebotar” en estos días difíciles que vivimos muchos contenidos o sucesos de las últimas décadas del siglo XX. Estas últimas semanas, por ejemplo, hay en cartelera tres reposiciones teatrales de obras de Cabrujas, Chocrón y Chalbaud… también está la película “Cap 2 Intentos”. ¿Qué están buscando con estas reposiciones? ¿Hay una intención de hacerle un puente a las nuevas generaciones para que evalúen el antes y el ahora, o hay un deseo de revisar qué nos ha pasado y por qué caimos en este mal momento?

–Justamente, hay un deseo de revisar buscando entender por qué hemos llegado hasta aquí; entender por qué ha pasado lo que está pasando en el país. Te iba a mencionar la pelíucla “Cap, 2 Intentos”, de Oteyza, que hace una revisión de Pérez, que no es una revisión de si él era bueno o malo, hace una revisión del primer gobierno y de su segundo gobierno; entonces, fijate tú la cantidad de venezolanos que nacieron después de Pérez, que no tienen ni idea de lo que estaba pasando, y qué importante puede ser tener, en hora y media, una revisión de ese tiempo, cómo te puede ayudar a esclarecer tantos aspectos del ahora.

–Entonces, es allí donde entra el papel de los intelectuales que es iluminar, esclarecer e informar a quienes quieran verlo. El hecho de que la gente quiera leer tantos libros de historia, es porque el venezolano necesita contestarse la pregunta de por qué estamos en este punto de país al que hemos llegado, qué hicimos, qué no hicimos, qué pasó. Y los intelectuales nos decimos también: déjame echar para atrás a ver qué pasó, déjame ver en los historiadores, en otros intelectuales, déjame buscar la luz en los poetas, qué puedo yo traer a la memoria, qué puedo yo iluminar, porque no solo es la sociedad y los lectores los que se hacen preguntas, sino también los intelectuales necesitamos esas respuestas.

–¿Tú también te has dejado tentar por el análisis o por la revisión histórica?

– Hablando de mi obra, La herencia de la tribu, que tuvo impacto, que se leyó y se vendió mucho, fue justamente un libro que escribí tratando de explicarme a mi y a los demás qué era lo que estaba pasando con el discurso de la revolución bolivariana y creo que se cumplió el objetivo, porque yo logré buscar y comprender, y elaborar una explicación. El hecho de que muchas personas lo leyeran, que varias organizaciones me invitaran a dictar charlas, conferencias, implica que había mucha gente necesitando una explicación sobre el tema… que estuvieran de acuerdo o no eso no importa, lo notorio es que la gente responde a ese trabajo que los intelectuales hacemos.

- Yo no creo que en otro momento histórico, más atrás, yo me hubiera puesto a escribir sobre el discurso de Bolívar, jamás se me hubiera ocurrido detenerme en ese tema. Pero yo misma tengo una necesidad de saber por qué estoy viviendo esto como venezolana, en mi país.


Ya llegamos al apocalipsis

En artículos publicados en varios medios de comunicación, Ana Teresa Torres ha escrito sobre muchos aspectos de la situación del país: de la gobernabilidad, las elecciones, las colas, también acerca de los sucesos del 11, 12 y 13 de abril de 2012.

–¿Qué otras producciones has hecho en estos últimos años que tengan relación o que estén motivadas por el análisis de la crisis de Venezuela? Tienes una novela cuyo tema tiene que ver con lo que estamos conversando, titulada Nocturama.

– Sí. Esa novela es una alegoria, una ficción de Caracas, hablo de una oscuridad, salen las marchas, hay un retrato alegórico de lo que estaba pasando en 2006 y termina con una especie de apocalipsis.

–¿Y Venezuela y los venezolanos hemos llegado a un apocalipsis?

–Sí, ahora sí llegamos. Imaginate, esa novela es del 2006, ni hablar de que íbamos a llegar a esto. Ahora sí llegamos al apocalipsis porque se está comprometiendo el futuro del país, se está vulnerando lo que será la estructura demográfica del país. Aquí vamos a tener al menos una generación de venezolanos que ya ha nacido en condición de desnutrición, sin vacunas de ningún tipo, sin cuidados médicos y de salud adecuados. Esta situación terrible está comprometiendo la base física y humana del país. Esto que padecemos todos no es el problema de que si tú conseguiste hoy harina y mañana pudiste comprar arroz. No. Esto es mucho más grave y es, además, irreversible. Venezuela ya ha perdido al menos una generación y las personas que queden dañadas por esta situación de pobreza, ya no van a poder recuperarse, porque son daños, te repito, irreversibles.

– Además está la tragedia de perder a nuestros mejores talentos, que forman gran parte de los tres millones de venezolanos que se han ido, en su mayoría la élite de profesionales, un grupo de venezolanos ilustrados. Entonces, ¿qué tipo de sociedad va a tener Venezuela en el futuro cercano?

–La respuesta es muy sencilla: tendremos una sociedad con grandes déficits, estamos perdiendo la clase media profesional, gente que se formó en las universidades del país y gratuitamente; estamos perdiendo a jóvenes y niños que están recibiendo una educación básica pésima, sé que muchos no saben leer, ni escribir ni sumar, universitarios a quienes tú les dices: "dame las ideas principales" y no saben hacerlo, y peor todavía, este será un país con niños que van a tener comprometidas sus estructuras psicológicas y neurológicas por la mala alimentación y pésima calidad en atención de salud… Entonces, ¿qué país vamos a tener?: un país como el que queda después de una guerra, incluso hasta peor, porque una guerra termina y empieza la reconstrucción pero esto que nos está pasando es como continuado. En este sentido no me es posible tener demasiadas esperanzas …


–¿Qué camino puede tomar la sociedad venezolana para esa reconstrucción, si no hay un corte, un quiebre?

–El problema es que aquí no tenemos ese punto cero, no tenemos ese quiebre, aquí se empeora y se empeora constantemente. Lo primero que habría que hacer es restituir el Estado de Derecho, un sistema de derecho y de valores democráticos, que permita realizar las elecciones y que se respete al ganador, sea quien sea. Lo segundo, enfrentar el tema económico que no se arregla subiendo el sueldo; después todo el tema sociológico: aquí todo es posible, aquí no hay normas, se acabó la ley. Venezuela creo que está entre los países con 91 muertos por cada 100 mil habitantes, aquí se puede hacer lo que te de la gana: matas. violas y no pasa nada.


–¿Padecemos de anomia?

–Sí, entramos en un tema complejo. Y si te pones a enumerar, por ejemplo, que mataron a una persona anciana para quitarle un paquete de arroz; que tienes a gran parte de la población armada, y una sociedad no puede vivir en forma anómica. En el país tendría que venir un quiebre, y decirnos: nos paramos aquí y volvemos a empenzar, pero ¿cómo se hace esto?. Tendría que ser por una vía electoral y las elecciones están en veremos. Necesitamos ese punto cero, porque en la historia todo el tiene un punto final.


–Quisiera que te refirieras a la salud mental del venezolano. Hay una población que está mal, que está nerviosa, hay sentimientos de fracaso, de dolor, silencio y resignación; hay miedo por lo que pueda pasar, por salir a la calle, por perder a tu familia... y el miedo paraliza.


–¿Y eso no es el apocalipsis? Es que tenemos miedo y mucha gente paralizada, pero también sucede otra cosa: tenemos que resolver situaciones muy concretas en el día: comida, medicinas, qué tiempo te queda en tu cabeza para otra cosa.

–¿Qué es lo que más te preocupa a ti de las condiciones y de las presiones por las que pasa el venezolano hoy día?

–Me preocupa que eso lleva directamente, sobre todo a los sectores y a la población más pobre, a la sumisión. Ese es el camino: tu no puedes conseguir comida, y tampoco tienes con qué comprarla y te ofrecen el tal carné de la patria, con el que te van a dar la bolsita clap, entonces tienes que someterte a eso, porque es la única salida. Esa situación termina en la sumisión, porque tu dices: “Okey, dame el carné y te firmo lo que quieras". Y firmas porque te están apretando en lo más sensible, en las necesidades más elementales y básicas del ser humano.

–Ese es el riesgo más grave que yo veo, aparte de la rabia que seguramente hay, de emociones fuertes como desesperación, la ira. Pero todo lo veo enfocado en la sumisión, usada politicamente, utilizada con el fin de que los venezolanos pierdan su capacidad de lucha, porque la capacidad de lucha de la población está dirigida y enfocada en sobrevivir y en aceptar lo que te den, algo que te pueda ayudar a esa sobrevivencia. Esto, desde el punto de vista psicosocial significa que tendremos una sociedad que quedará acostumbrada a pedir; unos venezolanos acostumbrados a depender de lo que les den, y que deben portarse bien para que les sigan dando. Entonces te va quedando esa estructura social. Por eso es que yo creo que no es que estamos mal, sino que lo que estamos viviendo en Venezuela es una catástrofe social. Quizá, algunas personas lean esto y les parecerá que no es así, que ellos están muy bien, no sé, serán unos poquitos, pero lo cierto es que para la mayoría es una realidad muy dura.


–-No hablemos del tema de las universidades y de la situación de los profesores universitarios, quienes ya venían con un sueldo inferior, ahora les quieren quitar el seguro que era el único incentivo que tenían, por eso se están marchando al exterior por toneladas, y es capital humano que perdemos, profesionales súper preparados que para poder volver a formar otros de sus niveles, pasarán años.

–Me decías que estabas haciendo un estudio, un “arqueo” de documentos y textos acerca de estos años de crisis. ¿Cuándo lo podremos leer?

– El trabajo en el que estoy enfocada ahora, incluye una memoria de estos años, empiezo en el 98 y le pongo como punto final en 2015. Pero no solamente es hacer una memoria de lo que veo, lo que recuerdo, ni tampoco únicamente en cuanto al rol y al peso que han tenido los intelectuales, eso no es lo central. Está muy teñido por mi labor de escritora, más enfocado como una revisión de la sociedad. Es un trabajo que todavía está crudo.

–¿Qué señales de parte del gobierno, de la MUD, de otros sectores, de líderes, has observado que te digan o indiquen que algo se puede mover y que nos impulse a enfrentrar, por ejemplo, la recostrucción del país?

– Me gustaría decirte que sí veo una señal, pero te estaría diciendo un embuste. Todo lo contrario. De parte del gobierno estoy viendo una profundización del Plan de la Patria; estoy viendo acciones que aumentan la represión y que castigan cualquier tipo de disidencia, y en el plano económico también hay una profudización de los Clap y otras medidas que no resuelven los problemas. Por parte de la oposición, veo mucha indecisión, confusión; está bien que haya varias opiniones y puntos de vistas diferentes, pero hay un momento en el que se deben tomar decisiones, en el que tienes que articular algo con una estrategia bien definida; veo un deseo, una fuerza para resistir, pero también veo una difcultad de la oposición para trazar ese plan y poder equilibrar la situación y que sea una alternativa para salir de este barranco. Claro, fácil no es porque estás oponiéndote a quienes tienen la palanca del dinero y del poder militar.

–Y la sociedad civil, ¿cómo la percibes en este momento?

–Hay una parte de la sociedad civil que está furiosa, una furia válida, natural, pero que me parece poco útil, es como una pataleta que no lleva a nada; otra parte de la población, la enorme mayoría, como te dije anteriormente, está resolviendo el día a día, su sobrevivencia, porque todos aquí estamos padeciendo, en uno u otro nivel, en un aspecto o en otro, pero cada uno viendo cómo resuelve sus problemas; y otra parte, cada vez más numerosa de venezolanos, viendo y haciendo maromas para irse del país… imaginate que es tan fuerte la desesperación que hay profesionales, personas mayores, de mi edad, que están marchándose, y hay que ver lo que es empezar en otro país a estás alturas de la vida, hay que ver lo que implica tomar una decisión así. De manera que el panorama es muy complejo y desalentador para los venezolanos.

 

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