Hablan los supervivientes del ataque químico en Siria: «Salí a la calle a pedir ayuda pero todo el mundo yacía en el suelo»

Abril 07, 2017

Mareo y dificultad para respirar fueron los primeros síntomas que sintió Fuad Sayed, de 47 años, uno de los supervivientes del ataque químico cometido el pasado día 4 en la ciudad siria de Jan Shijún.

Sayed estaba en la calle cuando se produjo el ataque aéreo a las 06.45 hora local (03.45 GMT), a unos 200 metros de su vivienda. «Al principio pensé que se trataba de un bombardeo normal y me dirigí para ayudar en las labores de rescate a una casa donde residía una viuda con sus cuatro hijos; cuando llegué, la gente que estaba allí me dijo que ya los habían rescatado y empecé a sentirme mareado», rememoró en declaraciones a Efe por teléfono.

«No podía controlar mi cuerpo y me quería sentar -agregó.- Pero la gente allí me dijo que no era nada y que regresara a mi casa. Cuando llegué observé que algunas aves domésticas que tengo estaban como desconcertadas y empecé a sufrir espasmos».

En aquel momento, Sayed perdió el conocimiento y no volvió a recobrarlo hasta que llegó a un hospital, donde le informaron de que muchos de los presentes en la casa de la mujer que había ido a ayudar habían fallecido. Sayed está ahora ingresado en un centro hospitalario cerca de la población de Maarat al Nuaman, próxima a Jan Shijun, junto a su mujer y sus hijos, que también sufrieron los efectos del ataque. «Mi mujer sufre mucho todavía y está con suero, porque respiró mucho gas cuando salió a ayudar a la gente, mientras que mi hija de 20 años, y la otra de 5, así como mi hijo de 9 años siguen ingresados», dijo.

Junto a Sayed se encuentra una de las enfermeras que le atienden, que explicó a Efe que cuando los primeros heridos por el ataque llegaron al centro rociaron sus cuerpos con agua para eliminar los restos de gases. «Les suministramos antibióticos y medicinas, y después suero e inyecciones, la gente tenía dificultad para respirar», relató.

Otro de los heridos en el bombardeo, Osama al Jaled, de 33 años, recuerda la trágica experiencia que vivió el martes pasado desde el hospital en el que se encuentra. Con voz entrecortada, Al Jaled narró a Efe que estaba en su domicilio en Jan Shijún cuando oyó el ruido de una explosión en la zona y subió a la azotea para ver qué pasaba: «Vi una columna de humo y noté que estaba cerca de la casa de mi hermano, así que salí hacia allí». La escena que se encontró al llegar a la vivienda de su familiar fue espeluznante. «Todos estaban tendidos en el suelo y jadeaban, les lancé agua pero no respondían, así que salí a la calle para pedir auxilio a la Defensa Civil», indicó. Sin embargo, resultó imposible obtener la ayuda en la calle, ya que «la gente estaba desplomada en el suelo». Entonces, «me desvanecí y desde entonces no me acuerdo de nada», señaló Al Jaled.

Tanto Al Jaled como Sayed coinciden en que en ningún momento sintieron ningún olor especial y que tardaron en darse cuenta de que se trataba de un ataque con sustancias químicas. Por el momento, ni la ONU ni la Organización para la Prohibición de Armas Químicas han confirmado el tipo de agente químico que se empleó en Jan Shijún, aunque Médicos Sin Fronteras (MSF) ha informado de que su personal atendió a pacientes con síntomas compatibles con la exposición a una sustancia como el gas sarín.

Al Jaled y Sayed pudieron salvar sus vidas, pero algunos de sus parientes no corrieron la misma suerte y fallecieron. Seis sobrinos de Sayed murieron, tres de ellos en centros sanitarios en Turquía, adonde fueron trasladados, y ahora su familia espera que les devuelvan los cadáveres.

Un afectado por el ataque que ha perdido a todos sus familiares es Mustafa, de 13 años, el único de su casa que se ha salvado del fatídico bombardeo. En una conversación telefónica con Efe, el menor detalló que se estaba vistiendo para ir al colegio cuando notó la sacudida de una explosión. «Mi madre llevaba 'niqab' (velo que tapa toda la cara menos los ojos), por lo que al principio estaba protegida de los gases y nos subió (a los hijos) a la azotea donde nos estuvo echando agua, pero llegó un momento en el que ella empezó a tener también dificultad para respirar», subrayó.

La mujer trató de quitarse el "niqab" para poder respirar mejor pero resultó infructuoso y acabó muriendo por la inhalación del gas como el resto de miembros de la familia, menos Mustafa. La ONU ha confirmado que al menos 70 personas murieron y más de 200 resultaron heridas, aunque el Observatorio ha elevado la cifra de fallecidos a 86 y la Defensa Civil ha hablado de más de 300 afectados

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