En Nicaragua funciona un ‘autoritarismo moderno’, según ONG de derechos humanos

Junio 08, 2017

La investigación asegura que Nicaragua recurre a la táctica de "burlar, eludir o remover los límites de los mandatos presidenciales" para perpetuarse en el poder

El estudio tiene 64 páginas y habla de varios países pero está dominado por Rusia y, en menor medida, China

(CNN Español) - Autoritarismo moderno. Es lo que se ha instaurado en Nicaragua, según una investigación llevada a cabo por la organización de defensa de los derechos humanos Freedom House, con sede en Washington, publicada este lunes.

El estudio, llamado “Ruptura de la democracia: metas, estrategias y métodos de los autoritarios modernos” y al que por el momento no ha reaccionado el gobierno de Nicaragua, está dominado por Rusia, país al que los expertos dedican la mayoría de las 64 páginas de la investigación. Pero en una de las tácticas que define como las del autoritarismo del siglo XXI aparece mencionado el país centroamericano.

Se trata de la táctica de burlar, eludir o directamente remover los límites de los mandatos presidenciales, establecidos para evitar la concentración del poder en una sola persona, precisamente con el objetivo de perpetuarse en el primer cargo de una nación. Según los investigadores de Freedom House, eso sucede en países como Rusia, Bielorrusia, Kasajistán, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, entre otros.

“Los mandatos continuos, que parece que nunca terminan, les niegan a las fuerzas de oposición la oportunidad de convencer a los votantes de que los elementos del gobierno en el poder están listos para un nuevo liderazgo. También promueven la lealtad personal a expensas del servicio público, restringen el desarrollo de posibles sucesores, refuerzan la impresión de que solo el líder actual es apto para gobernar y alimentan el miedo al cambio político”, dice el informe.

El presidente Daniel Ortega se ha mantenido en el poder en Nicaragua: en enero pasado se posesionó para su tercer mandato consecutivo (y cuarto, si se suma el de la segunda mitad de los años 80, en plena Revolución Sandinista). Sucedió tras unas controvertidas elecciones, en las que una parte de la oposición hizo un llamado a no votar y meses después de que Ortega destituyó a 28 diputados opositores y rechazó la presencia de observadores internacionales durante la jornada electoral.

Según datos oficiales de las autoridades electorales en el país centroamericano, Ortega obtuvo el 72,5% de los votos en las elecciones de noviembre del 2016.

Ortega asumió su cuarto mandato nombrando a su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta, lo que también ha despertado duras críticas.

El reconocido periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, por ejemplo, le dijo en ese momento a CNN en Español que “esa dictadura familiar pretende convertirse en una dictadura dinástica” y el excandidato a la presidencia de Nicaragua Edmundo Jarquín le aseguró a este medio que “el frente sandinista no es más un proyecto político, es una maquinaria de poder al servicio de Daniel Ortega”. Jarquín es coautor del libro El régimen de Ortega. ¿Una nueva dictadura familiar en el continente?

Según la investigación de Freedom House, las otras cuatro tácticas usadas por los regímenes donde prima el “autoritarismo moderno” son la intimidación de la oposición, la marginalización de la oposición, la tolerancia a una pseudo-oposición que en realidad es controlada por el gobierno en el poder y la criminalización de la protesta.

“El siglo XXI ha estado marcado por el resurgimiento de gobiernos autoritarios que han demostrado ser resilientes, a pesar de la fragilidad económica y la ocasional resistencia popular. El autoritarismo moderno ha tenido éxito allí donde fracasaron previos sistemas totalitarios, gracias a redefinidas y matizadas estrategias de represión, a la explotación de las sociedades abiertas y a la expansión de políticas antiliberales incluso en países que son democráticos. Los líderes de los sistemas autoritarios le prestan toda su atención al desafío de paralizar a la oposición sin aniquilarla, despreciando el Estado de derecho mientras mantienen una imagen verosímil pero falsa de orden, legitimidad y prosperidad”, se lee en las conclusiones de la investigación.

El estudio afirma que “el objetivo (del autoritarismo moderno) no es solo controlar los poderes ejecutivo y legislativo, sino también los medios de comunicación, el poder judicial, la sociedad civil, los puestos de mando de la economía y las fuerzas de seguridad”. Cuando un mandatario tiene bajo su control todas esas instituciones, concluye, “los cambios en el gobierno a través de elecciones justas y honestas son prácticamente imposibles”.

El papel de Rusia

Aunque el estudio menciona a varios países, se centra en dos en los que, dice, está realmente fortalecido el “autoritarismo moderno”: Rusia y China.

De acuerdo con la investigación, sobre todo Rusia, bajo el liderazgo de Vladimir Putin, ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de los sistemas autoritarios modernos, especialmente en lo que tiene que ver con el “control de los medios, la propaganda, la asfixia a la sociedad civil y el debilitamiento del pluralismo político”.

Según el informe, la “combinación tóxica de elecciones no justas y ‘mayoritarias’ (que se ha dado en Rusia) se está extendiendo” en el resto del mundo.

Hay que recordar que Nicaragua y Rusia tienen muy buenas relaciones y que eso no es nuevo. Los dos países, tan lejos geográficamente hablando y tan distintos desde el punto de vista cultural y económico, comenzaron a compartir una visión política del mundo durante el primer mandato de Daniel Ortega, de 1985 a 1990, en pleno apogeo de la Revolución Sandinista. Que luego se fortaleció cuando Ortega volvió a llegar al poder, en el 2007.

Varias cosas unen a los presidentes de ambas naciones. Desde el año 2000, Putin se ha mantenido en el poder en Rusia, como presidente, luego como primer ministro y de nuevo como presidente.

Los dos países mantienen una postura muy similar frente a la política exterior y, en particular, las relaciones con Estados Unidos. Moscú también ha donado trigo, buses y taxis para el transporte público de Nicaragua, así como ha donado millones de dólares para que el país centroamericano fortalezca su capacidad de respuesta ante desastres naturales y para los sectores del transporte, educación, salud y energía.

Además, Nicaragua es el único país de Centroamérica que actualmente mantiene vínculos militares con Rusia.

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