El fenómeno Kirchner y la enésima reinvención del peronismo

Junio 25, 2017
Peronismo Argentina Kirchner

Como si fuera una Eva Perón del siglo XXI, Cristina Kirchner se despidió de las masas en diciembre de 2015 prometiendo que "siempre" estaría ahí, dispuesta a volver si el pueblo la reclamaba. Un año y medio después, la ex mandataria está de regreso. Su candidatura para las próximas elecciones legislativas ha removido el tablero político de Argentina. El fenómeno Kirchner, que suscita pasiones encontradas, renace con fuerza y lo hace con una piel aparentemente diferente, despojándose de atributos peronistas pero sin perder del todo sus esencias.

Con su nuevo frente político, Unidad Ciudadana, Kirchner será a sus 64 años candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires en los próximos comicios legislativos de agosto/octubre. El regreso de la ex mandataria a la política ha dejado heridos en el camino. El peronismo irá dividido a la contienda. Un escenario con el que soñaba el presidente Mauricio Macri, cuya coalición Cambiemos podría aprovechar esa debilidad para volver a salir triunfante en esa populosa provincia, la olla donde se cocina la política argentina.

El primer damnificado del renacimiento político de Kirchner ha sido su ex ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, el dirigente que soñaba con encarnar la renovación generacional del peronismo. Para no competir con Randazzo en las elecciones primarias de agosto (obligatorias y abiertas), Kirchner se sacó de su inagotable chistera una fórmula tan creativa como arriesgada. La ex presidenta, consciente del fervor popular que desata, se apeó del Partido Justicialista (que arropa a los partidos peronistas) y presentó la semana pasada su nueva piel política en un estadio colmado de seguidores. No había allí, en la cancha del club Arsenal del distrito de Avellaneda, ni un solo símbolo peronista. Desde un sencillo escenario, quien hablaba era Cristina, no Kirchner. Una candidata renacida que puso nombre y apellido a la crisis económica que sufren millones de familias en el país. Uno tras otro, fueron subiendo al estrado el estudiante que se quedó sin beca, el obrero desempleado, la madre de familia numerosa sin subsidio...

"En la mise-en-scène de Cristina no hay un abandono de los contenidos peronistas clásicos, como algunos señalaron, sino una resignificación de éstos a través de nuevos modos de expresión", escribe el analista político Eduardo Fidanza en el diario La Nación. Los cuadros políticos que acompañaron a Kirchner en la puesta de largo de Unidad Ciudadana, todos peronistas, se quedaron en el palco mientras una Cristina en versión minimalista consolaba en el escenario a los perdedores de la crisis. Toda una innovación en el peronismo que recordaba mucho a la última campaña electoral de Macri y su insistencia en "dialogar con la gente". "Nos copió", se quejaron los estrategas de la Casa Rosada. Pero Kirchner en realidad no hace sino adaptarse a los nuevos tiempos de la política, como supo hacer Macri en 2015.

Lejos de estar preocupado, el líder conservador parece sentirse a gusto con esa polarización que supone el regreso de Kirchner. Para el oficialismo, la ex mandataria (querida y odiada a partes iguales) representa un pasado de corrupción que pone un techo insalvable a sus aspiraciones políticas. Las encuestas le otorgan a Kirchner alrededor del 30% de los votos, muy lejos del 54% con el que ganó las elecciones de 2011.

La lenta recuperación económica, nada perceptible todavía para amplias capas de la sociedad, obliga al principal candidato de Macri en las elecciones (el ministro de Educación, Esteban Bullrich) a centrar el debate en la "pesada herencia" kirchnerista y las causas judiciales que tiene abiertas Kirchner por presunta corrupción. Con su escaño de senadora, Cristina gozaría de inmunidad parlamentaria. Pero un triunfo en octubre (cuando se celebren los comicios que renovarán en parte el Parlamento) supondría para ella mucho más que un blindaje ante la justicia. Sería su trampolín hacia los comicios presidenciales de 2019.

 

Inseguridad y crisis económica, los dos flagelos de Argentina

La autopista General Paz que separa la ciudad de Buenos Aires de la provincia más poblada de Argentina parece en algunos tramos una frontera imaginaria entre dos países antagónicos: uno cosmopolita y desarrollado, y otro empobrecido y castigado por la violencia. Es en ese conurbano bonaerense donde la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene su mayor nicho de votos. Un área habitada mayoritariamente por clases populares que están sufriendo al mismo tiempo los ajustes económicos aprobados por el Gobierno de Mauricio Macri para hacer frente a la crisis y una creciente inseguridad derivada, entre otras razones, del aumento de la desigualdad.

En esa populosa provincia de Buenos Aires (que representa casi el 40% del padrón electoral) se comenten según cifras oficiales unos 160 robos a mano armada cada día, un 10% más que el año pasado. Tres personas mueren al día en promedio víctimas de esa inseguridad ciudadana. Algunos de esos actos de violencia extrema han conmocionado a la sociedad, como el reciente asesinato de un niño de tres años a manos de un delincuente menor de edad que acababa de robar al padre de la víctima. Ocurrió en la localidad de Lomas de Zamora, ubicada solo unos kilómetros al sur de la capital. Pero, como muestran las estadísticas, no fue un hecho aislado. La droga ha convertido a los jóvenes delincuentes en una bomba de relojería.

Los vecinos de Lomas de Zamora, La Matanza, Quilmes y otras poblaciones del conurbano bonaerense han visto mermado su poder adquisitivo por el repunte inflacionario del año pasado (40%) y el aumento de las tarifas de los servicios domésticos decretado por Macri. Esas localidades, densamente pobladas, constituyen un abrevadero del desencanto en el que Kirchner espera captar los votos necesarios para derrotar al oficialismo en las próximas elecciones legislativas.

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