¿En serio?: "…yo no me acuerdo donde estaba hace una hora"

Julio 11, 2017

El imaginario de la dirigencia opositora se mimetiza con los postulados de Gene Sharp. Ante tanta mediocre copia conceptual, los resultados serán siempre la desmemoria, aun cuando haya pasado solo una hora

Hay acontecimientos que, convertidos en palabras, pasan la rigurosa prueba de la permanencia. El lapsus línguae de los "penes" (por los "panes") tiene un sitio allí. Ahora, el "no me acuerdo donde estaba hace una hora" tendrá, también, otro a su lado.

Los estudios del discurso, desde sus orígenes, insisten en que las palabras dichas forman un importante componente material en la vida de las sociedades; hasta el punto de que pueden "construir" y "constituir" realidades. Sin embargo, para que podamos valuar ese impacto se requiere ser riguroso en el cálculo de sus condiciones de producción. De allí que pormenores como ¿quién lo dijo?, ¿qué dijo?, ¿dónde lo dijo?, ¿a quién se lo dijo?, ¿cómo lo dijo?, ¿en cuáles condiciones (en cuál situación socio-cognitiva) lo dijo? etc., se consideran trozos del mundo inevitables para determinar la dimensión de la conmoción producida por lo dicho.

Juan Requesens, actual diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela, en una conferencia ofrecida en la Florida International University (en Miami) a venezolanos rabiosos, se subió a un atril para contarles sobre el país que quiere. Dijo mucho, de un modo y en un contexto socio-cognitivo que merece mucha atención… y deja bastante perturbación. Sobre todo porque causa escalofríos el sosiego y la deficiencia empática con que narra el periplo social que nos prepara.

En cualquier parte del mundo, ante el descontrol y los exabruptos en las conjuras políticas que aguantamos los venezolanos (afectos a una parcialidad político-partidista u otra), aquí y ahora, sus palabras sonarían no solo apocalípticas, sino como un testimonio de infatigable voluntad destructiva, de un corazón políticamente sórdido, de una intencionalidad cívica nefasta, de una ceguera social peligrosa. En cualquier parte del mundo, la confesión pública de Requesens sería un dato suficiente para que el sector que su mentalidad representa lo execrara de toda aceptabilidad ciudadana. Una mente que piensa así y lo haga público así, provocaría suficiente consenso social para la condena más severa. Menos, aquí y ahora, en Venezuela. Aquí y ahora, la narrativa de que el mal menor (toda la violencia y la destrucción desatadas) es válido por el bien supremo (lograr que Maduro renuncie y acabar con el chavismo) hace estragos en muchas subjetividades. Tolera y justifica, siempre. Las reacciones generadas (o las no generadas, más bien) por esta "conferencia", muestran la gravedad socio-cognitiva, ética y afectiva en la que se instiga a habitar desde esa narrativa.

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