Llamado a huelga: entre el ejercicio de un derecho y sus consecuencias

Julio 16, 2017

Desear un cambio en la situación económica, política y social de Venezuela no garantiza que todas las propuestas reciban el apoyo de la mayoría, tampoco que sean buenas o malas. Es en esa diversidad de pensamientos y en la iniciativa de cada uno que radica el camino hacia una sociedad más democrática.

Entre marchas, plantones y un llamado a Consulta Popular (que se celebra hoy 16 de julio) han transcurrido las últimas semanas de millones de venezolanos, que de manera pacífica y constitucional expresan su rechazo al actual Gobierno y sus políticas; objetan el llamado a Asamblea Nacional Constituyente, piden respeto y acatamiento de la Constitución por parte de Poderes Públicos y organismos de seguridad públicas, y solicitan  elecciones generales para todos los cargos.

La protesta de calle hoy llega a su día 107 y el Gobierno sigue sin atender los reclamos expresados en calle, razón por la cual algunos sectores del país han planteado la organización y próximo llamado a una huelga nacional, derecho de “los trabajadores y trabajadoras del sector público y privado”, expresado en artículo 97 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV).

Marcela Máspero, coordinadora de la Unión Nacional de Trabajadores (Unete) y del movimiento de trabajadores de Voluntad Popular (VP), sostiene que esta convocatoria es una iniciativa exclusiva de los trabajadores y por tanto, debe ser respetada.

La también presidenta de la Federación de Trabajadores de la Industria Químico Farmacéutico (Fetrameco), aseveró que la convocatoria cuenta con la organización y respaldo de gremialistas y organizaciones como Iván Freites, secretario de profesionales y técnicos de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros en Venezuela; Aldo Torres, representante sindical del sector eléctrico; Carlos Salazar, representante de la  Coalición Sindical Nacional; y Felipe García, tesorero nacional de la Federación de Trabajadores de la Construcción (Fetraconstrucción), Confederación General de trabajadores (CGT) y  Confederación de Sindicatos Autónomos de Venezuela (Condesa), además de las bases mayoritarias de la Confederación Venezolana de Trabajadores (CTV).

Aún se desconoce fecha del posible llamado, cantidad de horas y cómo se llevará a cabo. Sin embargo, representantes de los trabajadores dicen trabajar incesantemente en la organización, en la cual subrayan no tiene poder de decisión el patrono.

Al respecto, Alberto Gámez, presidente para Lara de Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela  (Fedecámaras), manifestó que la iniciativa de huelga es propia de los trabajadores, por tanto si  proviene de este sector, “desde abajo”, la respetarán y los  acompañarán. No obstante advirtió que no será el sector empresarial quien la convoque.

En caso de realizarse la huelga, refirió que desconocen la manera cómo se ejecutaría. Sin embargo, no fue esquivo a la posibilidad de que los empleados acudan a sus puestos de trabajo de manera simbólica y sin hacer uso de sus funciones.

Dijo estar dispuestos a recibirlos en las empresas y a manera de “colaboración del sector”, cancelar “con sacrificio” los días de trabajo, con la esperanza de que esta jornada surta algún efecto en la situación política, económica y social del país.

Respecto al apoyo solicitado internacional por los trabajadores, Gámez destacó el valor que tendría para la iniciativa. Recordó que no sólo trabajadores, sino también empresarios a través de Fedecámaras, pertenecen a la Organización Internacional del Trabajo.

Luis Francisco Cabezas, analista político y director de la ONG Convite, ha señalado  que una convocatoria como esta es una propuesta que “genera división y rotura de costuras”, ya que no existe homogeneidad en la propuesta, legítima en la Constitución. El llamado tendría fuertes implicaciones en una economía mermada que sobrevive del día a día.

Recordó que la modalidad de abastecimiento del venezolano se basa en la compra diaria, según la aparición o no de ciertos productos y  la protección de los recursos de la inflación; las personas compran ahora porque mañana será más costoso.

En este sentido, subrayó que es una propuesta “sumamente retadora”.

Dijo no ver consenso en el llamado.

Si bien reconoció que iniciativas como los trancazos han sido atendidas, falta  conocer si habrá la misma respuesta para el paro o huelga.

“Muchos comerciantes se suman con sus trabajadores a los trancazos y cierran por dos horas, pero no sabemos si esta vez será así… y hay que tomar en cuenta que en Venezuela el sector comercio tiene un valor muy importante en la vida económica, por lo que un paro general podría suponer implicaciones terribles para quienes viven de lo que venden en el momento, puesto que han perdido la capacidad y el soporte económico para aguantar por mucho tiempo y dar respuesta a sus empleados en un escenario como este”.

A esto sumó que afectará considerablemente a quienes “sobreviven” con un salario  mínimo y dependen  fundamentalmente de su trabajo.

Esto también supondría colapsar las redes de distribución ya mermadas.

Recordó que los niveles de desabastecimiento rondan el 85 %.

En tal sentido, considera que la presión de calle y política, debe ser dirigida de otra manera.

Sobre la participación de empleados públicos en la huelga y la posibilidad de que se les inicie un procedimiento por abandono de cargo y posterior calificación de despido, la coordinadora nacional de Unete manifestó que “la huelga será tan descomunal que no habrá tiempo de constatar abandono de cargo ni calificar despido”.

Detalló que el actual Gobierno “no califica de despido a ningún trabajador”, por  tratarse de una figura amparada por el Estado de Derecho, el cual irrespetan.

No negó que habrá empleados públicos que no se sumarán a la huelga. “Habrá quienes seguirán diciéndose afectos al régimen y algunos lo harán porque creen todavía en eso y otros por tarifados y corruptos, y no tienen cómo dar la cara al país… Esta huelga es tan impresionante que ya ha mostrado sus magnitudes”.

Máspero recordó que en el primer plantón de dos horas, convocado en abril, los trabajadores públicos y privados salieron a las calles masivamente, incluso de oficinas de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en el oriente del país. Asimismo, detalló que recientemente los trabajadores petroleros cumplieron con cuatro días de paralización en empresas de la Costa Oriental del Lago, estado Zulia.

En Guayana los trabajadores de Siderúrgica del Orinoco (Sidor) también aplicaron la operación “paso morrocoy”, liderados por Alejandro Álvarez.

Sin embargo, Cabeza recordó que el patrono más grande en el país es el Estado, por lo cual es preciso analizar y tasar las posibilidades de éxito existentes y si efectivamente la administración pública logrará adherirse a la huelga, por ser este un Gobierno que amenaza, conculca derechos y coacciona. “Tendría que haber una gran coalición de sectores sindicales, al mejor estilo del Mayo Francés o Las 8 Horas de Chicago”.

En tal sentido, reconoció como “uno de los grandes logros políticos de la revolución el desmantelamiento del sector sindical”, el cual previo a la llegada del Chavismo registraba fuerzas menguadas.

La creación de centrales de trabajadores paralelas y sindicatos alternativos, ha afectado la credibilidad y fuerza de organizaciones sindicales de tradición y trayectoria, por lo cual duda que haya una figura que pueda formular esta convocatoria y obtener una respuesta positiva.

Una coalición de pequeños sindicatos aún en resistencia podría ser parte  de ese renacer esperado. Este es momento de  sumar y hacer grandes alianzas, porque “lo que está en juego es la República y la Asamblea Nacional Constituyente podría poner de lado cuerpos intermedios entre ciudadanía y Gobierno, como sindicatos,  cámaras de sectores, gremios y otros, que deberán superar el filtro del Estado Comunal”.

Más allá del perjuicio económico, el Gobierno “se la va a jugar para el fracaso de ese paro”.

Respecto a la recurrente amenaza “empresa parada, empresa expropiada”, adagio que podría aplicarse para aquellas que se sumen a la huelga, Máspero expresó que el mismo  sector empresarial ha declarado que no participa en este llamado, posición que la gremialista justificó por tratarse de una iniciativa meramente del sector trabajador. Se trata de una decisión que los empresarios tendrán que respetar.

Respecto  a la posible interpretación de que por ser la huelga de  trabajadores un acto de protesta contra los patronos y esto podría afectar al privado, manifestó que las malas políticas de Gobierno han acabado con los derechos laborales, al punto de  destruir incluso los derechos civiles y las libertades; allí reside la razón de protesta de la ciudadanía.

“En asambleas de trabajadores ya no se habla del problema del agua y la comida, sino de las libertades y la democracia”, indicó la gremialista, quien agregó que el grado de conciencia de los trabajadores es elevado, superando incluso la capacidad de racionamiento  de políticos de la Mesa de la Unidad Democrática.

Destacó que los términos de la huelga nacional no se discutirán con ningún patrono, incluidos los gobernantes y alcaldes de oposición.

Sobre el comentario de Máspero, que aseveró que el sector trabajador no consultará al respecto a los empresarios,  Gámez compartió la idea por ser un derecho que pertenece a los trabajadores.

Aseveró que las empresas pueden decretar paro productivo de sus actividades, pero esto no se encuentra contemplado en su agenda.

Al consultarle si esta decisión representaría consecuencias económicas y productivas para ellos, reconoció que será así. “No serán consecuencias sólo para los empresarios, sino también para los trabajadores, porque es algo que va en detrimento de la estabilidad de la empresa. Pero esa sería nuestra cuota de sacrificio, por todo lo que está viviendo el país”.

Sobre la postura adoptada por los empresarios, el director de Convite manifestó que históricamente han sido no muy proclives a este tipo de llamamientos, lo cual dijo es comprensible .

En tal sentido, dice apostar por el entendimiento entre patronos y trabajadores, para  desarrollar conjuntamente mecanismos de presión, como protestas escalonadas, plantones en las industrias y otros, realmente homogéneos y sin afectar al ciudadano que día a día sobrevive a la crisis del país.

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