La resucitación de un dinosaurio

Agosto 13, 2017

Ciertamente, la llamada Asamblea Nacional Constituyente no es otra cosa distinta de un hecho obstinado asumido bajo el falso nombre de un proceso revolucionario que, aunque “pacífico”, escasamente existe en la mente de quienes han creído, suponen o disfrazan con petulancia, y a duras penas, la ridícula, absurda y engañosa idea de que “el socialismo del siglo XXI” es el modelo que mejor le calza a Venezuela. Este conglomerado de mentirosos, cómplices, furibundos y aduladores y socarrones de oficio que forman la bancada de la susodicha asamblea la cual, más de lo que dice ser, sólo alcanza a connotarse como conciliábulo, concurrencia o corro convocado bajo selección y elección cerrada de una parcialidad predeterminada de venezolanos afectos al régimen. Pero, especialmente, de personas resentidas, egoístas y envidiosas que han hecho de la política el mejor escenario para servirse de una población de ilusos y hacerles creer que por su “denodado esfuerzo”, sus derechos y garantías estará garantizados permanentemente. Vergonzoso y desnaturalizado engaño.

Esta convocatoria que devino en un encuentro trivial, guarecido por una exagerada logística que en nada se compadeció de la insolvente crisis que soporta Venezuela, justamente, por culpa de quienes hoy se arrogan la condición de “constituyentistas”, o también autocalificados de “salvadores de la patria”, tanto como de “constructores de paz”, se ha enfocado en problemas sepultados por la apatía que estos personajes de marras llevan colgada sobre sus espaldas. Tan deplorable situación, refleja la desvergüenza propia de la ineptitud siempre demostrada o el interés canalizado hacia la merma de la institucionalización democrática por la obtusa causa de imponer un retrógrado plan de gobierno que sólo ha traído miseria, corrupción y muerte.

Aunque pareciera que debajo del referido barullo, no se vislumbraran fuerzas que repudiaran y cuestionaran lo ocurrido, ha sucedido que países con regímenes políticos asociados a prácticas democráticas se han hecho eco de las protestas que millones de venezolanos han levantado a lo largo del territorio nacional. No sólo así, sino que también parlamentos mundiales, gremios, universidades, oficinas públicas de distintos países, corporaciones de desarrollo y organismos internacionales se sumaron a la defensa de las libertades y derechos fundamentales conculcadas por la excesiva represión cuyo saldo de asesinatos, heridos y presos políticos es sorprendentemente monstruoso.

El régimen venezolano firmó y refrendó su condena ante el mundo democrático. A tal extremo ha llegado luego de dejar ver su talante tiránico, que gobiernos extranjeros se organizaron para asumir un papel contestatario pero representativo de la posibilidad de defender y de apoyar sistemáticamente al pueblo venezolano y a sus estamentos democráticos y libertarios. En términos de lo que estos respaldos significan, vale mencionar la Declaración de Lima documento contentivo del espaldarazo de casi todas las cancillerías del continente americano. Es el documento, entre otros cuantos, contando al emitido por el Secretario general de la OEA, Luis Almagro, que de manera más frontal reprocha la fractura de la constitucionalidad venezolana por agentes del gobierno mismo. Hecho éste, llamado también: “autogolpe”. Asimismo, dicha Declaración deja ver que los gobiernos de sus respectivos países no reconocerán ninguna medida adoptada por la mal aludida “Constituyente” en contra de las funciones legítimas de la genuina Asamblea Nacional, y de la institucionalidad democrática. Igualmente, da cuenta que ante las circunstancias en curso, Venezuela no cuenta con los méritos para ser miembro del Consejo de DD.HH de las Naciones Unidas. Ni tampoco, para que asuma cargo alguno en otros organismos internacionales.

Sin embargo, la testarudez de quienes ostentan malamente el poder político en Venezuela ha sido la carta a jugar para imponer la vigencia –ahora con mayor énfasis- del modelo económico con el cual apostaron a construir el socialismo que su precaria visión política de los hechos en desarrollo conjeturó. Estos gobernantes siguen sin reconocer que el curso de sus decisiones ha llevado a Venezuela al descalabro total. Están empeñados en torcer el curso de la historia política nacional a semejanza de crisis que arrasaron con sociedades enteras. Es decir, su equivocada labor está planteándose alrededor de un propósito contraproducente y fracasado. Algo así como la resucitación de un dinosaurio.

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