NYT: La enfermedad mental y la escasez convergen en una realidad dantesca en Venezuela

Octubre 02, 2016

Las voces que atormentaban a Accel Simeone eran cada vez más fuertes.

Con los últimos suministros de medicamentos antipsicóticos en Venezuela casi por acabarse, Accel tenía semanas sin tomar las pastillas que controlan su esquizofrenia.

Su realidad se desintegraba, día tras día. Pronto los ruidos en su cabeza se convirtieron en personas, con nombres propios. Esos personajes fueron creciendo y multiplicándose hasta desplazar a su familia. Le gritaban obscenidades al oído.

Luego le exigieron que matara a su hermano.

“Yo no quería hacerlo”, recordó Accel, de 25 años.

Entonces fue al garaje de la familia, tomó una amoladora eléctrica y la encendió. Pero, en vez de matar a su hermano, se atacó a sí mismo y empezó a cortarse el brazo hasta que su padre le arrancó la herramienta de sus manos ensangrentadas.

El colapso económico de Venezuela ha diezmado su sistema de salud al dejar a los hospitales sin antibióticos, a los cirujanos sin guantes y al provocar el fallecimiento de muchos pacientes que llegan a las salas de emergencias.

Ahora, miles de personas con problemas de salud mental están a la deriva viviendo momentos de desesperación y episodios psicóticos porque el país se ha quedado sin la gran mayoría de los medicamentos psiquiátricos. Las familias y los hospitales no tienen insumos para poder ayudarlos, dicen los expertos en temas de salud.

Las instituciones mentales han decidido dar de alta o rechazar a miles de pacientes psiquiátricos porque ya no pueden tratarlos. Los que todavía reciben atención médica están recluidos en centros donde apenas pueden alimentarlos. Los médicos y enfermeras temen ataques violentos y dicen que no les queda más remedio que atar a sus pacientes, encerrarlos o quitarles las ropa para prevenir los suicidios

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