¿Perder 1.000 millones y seguir viviendo como millonario? Trump sabe cómo

Octubre 04, 2016

¿Cómo puede Donald Trump afirmar que perdió casi mil millones de dólares en declaraciones de impuestos en 1995 y seguir pareciendo tan rico?

No es tan raro como parece.

Aquí el cómo. El código fiscal de Estados Unidos favorece a empresarios ricos como Trump, especialmente aquellos dedicados a los bienes raíces. Sus fuentes de ingresos y sus inversiones son más vastas y diversas que las de la mayoría de las personas. Igual que las exenciones de impuestos.

A diferencia del sujeto promedio, “los peces grandes tienen mucha flexibilidad, tanto para reclamar grandes amortizaciones como para utilizarlas en lo que prefieran”, explicó el abogado fiscal Steven Rosenthal, miembro del Tax Policy Center, un centro de estudios especializado en impuestos.

Trump acostumbra a estructurar sus negocios como corporaciones de responsabilidad limitadas y sociedades limitadas, y las normas que rigen este tipo de estructuras le dieron muchas ventajas a lo largo de los años.

Por ejemplo, mientras mantenga en operación cualquier negocio, él puede utilizar sus pérdidas como contrapeso de las ganancias en otros negocios, tales como las regalías por sus libros o los derechos por el uso de la marca Trump.

Lo que es más, las empresas de Trump y otros negocios tienen permitido continuar con sus pérdidas operativas netas entre 15 y 20 años, dijo el experto en impuestos sobre bienes raíces Richard Lipton.

El paraíso de los 90

La década de 1990 fue un momento notablemente dulce para los desarrolladores de bienes raíces, señaló Lipton.

No está claro cuándo o cómo fue que Trump generó las pérdidas por 916 millones de dólares que aparecen en su declaración fiscal de 1995, documento que obtuvo The New York Times. Pero las leyes de la época permitían a los desarrollares como Trump hacer mucho dinero aun si un proyecto de bienes raíces fallaba, y todo ello sin incurrir en grandes riesgos fiscales.

Digamos que un desarrollador pone un millón de dólares de su propio dinero y obtiene un préstamo por 99 millones más para comprar y desarrollar una propiedad a través de una entidad legal en la que él sea el socio principal.

Eventualmente el proyecto falla.

El desarrollador aún deberá el dinero que le prestaron. Pero en los 90, los prestadores solían perdonar la deuda cuando se trataba de propiedades fallidas debido a que, de no hacerlo, hubiera provocado un desorden en sus balances fiscales, dijo Lipton.

Una vez que la deuda fuera condonada, la ley (que desde entonces ha cambiado) permitía al desarrollador reclamar una pérdida fiscal por los 100 millones de dólares invertidos, aunque él haya puesto un millón de su propia bolsa.

Además, mientras otros habrían tenido que pagar el impuesto sobre la renta respecto a la deuda condonada, el desarrollador lo evitaba debido a una norma especial que regía en la época.

Y todavía hay más. El dinero que le prestaron le generaba otros tres grandes beneficios. El desarrollador se llevó el dinero libre de impuestos cuando se hizo el préstamo. Se le permitió deducir los intereses que pagó por el préstamo. Y la condonación de la deuda generó una enorme pérdida fiscal para él. Esa pérdida fiscal, a su vez, podría ingresar su futuro ingreso gravable, reduciendo, si no es que eliminando, el impuesto sobre la renta que pudiera adeudar en los años venideros.

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