El "karoshi", la muerte por exceso de trabajo se convierte en un problema de salud pública en Japón

Octubre 09, 2016
MUNDO SOCIEDAD SALUD JAPÓN TRABAJO KAROSHI

Karoshi es una palabra japonesa con la que no quisieras cruzarte.

En español significa muerte por exceso de trabajo, y aunque parezca una leyenda urbana, es un fenómeno social reconocido en Japón desde 1987, cuando el ministerio de Salud empezó a recopilar estadísticas.

Está tan extendido que si un juez determina que alguien murió por karoshi, su familia recibe una compensación de unos US$20.000 por parte del gobierno y pagos de hasta US$1,6 millones por parte de la compañía.

Al principio, las cifras oficiales reportaban un par de cientos de casos cada año, pero ya en 2015 el número de víctimas alcanzaba las 2.310, según el Ministerio del Trabajo en Japón.

De acuerdo con el Consejo Nacional en Defensa de las Victimas de Karoshi, la verdadera cifra puede llegar a las 10.000 víctimas anuales, más o menos el número de personas que mueren cada año en accidentes de tránsito.

¿Pero realmente puede uno morirse por exceso de trabajo? ¿O se trata de una combinación de enfermedades mal diagnosticadas y la edad del individuo?

¿Es posible que haya casos de karoshi en otros sitios, sin que el fenómeno haya sido reconocido?

Éste es un caso más o menos típico:

Kenji Hamada era un empleado de una compañía de seguridad en Tokio, casado con una joven esposa y exhibía una ética de trabajo impresionante.

Su rutina semanal incluía una jornada de 15 horas diarias de trabajo y 4 extenuantes horas de traslados entre su casa y la oficina.

Un día lo encontraron desplomado sobre su escritorio. Sus colegas asumieron que estaba dormido, pero cuando transcurrieron varias horas y no se había movido, se dieron cuenta de que estaba muerto.

La causa del fallecimiento fue un fulminante ataque cardíaco a la edad de 42 años.

Aunque Hamada murió en el 2009, el karoshi viene cobrando víctimas desde hace 40 años, cuando un saludable hombre de 29 años sufrió una apoplejía— la suspensión súbita de algunas funciones cerebrales, debida a hemorragia, obstrucción o compresión de una arteria del cerebro— luego de acumular turnos de trabajo en el departamento de distribución de uno de los periódicos más grandes del país.

Para que cuente como un caso de karoshi la víctima tiene que haber trabajado más de 100 horas extra en el mes anterior a su muerte o 80 en dos o más meses consecutivos de los últimos seis.

"Después de la Segunda Guerra Mundial los japoneses eran los que tenían las jornadas de trabajo más largas del mundo. Eran unos adictos al trabajo de marca mayor", comenta Cary Cooper, un experto en manejo del estrés, de la Universidad de Lancaster, Reino Unido.

En los años de la posguerra el trabajo ofreció a los hombres una nueva motivación. Los trabajadores no solo se sentían impulsados por la compensación financiera, sino también psicológica.

Las empresas le dieron la bienvenida a este nuevo orden social y comenzaron a financiar sindicatos, grupos culturales, casas para los trabajadores, transporte, instalaciones recreacionales, clínicas y guarderías.

En poco tiempo la vida comenzó a girar en torno al trabajo.

En muchos países, parte del problema no es la cultura de trabajar duro, sino la necesidad de aparentar que lo estás haciendo.

"Ahora se trata de hacer ver que llegar temprano y eres de los últimos en irte, aunque este comportamiento sea improductivo", explica Cooper.

En Japón muchos empleados jóvenes se sienten incómodos si se van de la oficina antes que sus jefes.

Así que la próxima vez que te quedes al final del día en la oficina, actualizando tu perfil en redes sociales o explorando en internet, solo para hacer creer que tu jornada en más larga, recuerda que esto puede incrementar el riesgo de que tu expediente laboral termine con una palabra en japonés.

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