Donald Trump amenaza con llevar a la cárcel a Hillary Clinton si es presidente

Octubre 10, 2016

"Es una suerte que ninguna persona con el temperamento de Donald Trump no es quien se ocupa de las leyes en este país". "Desde luego, porque estarías en la cárcel".

En esos términos se desarrolló el segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. Un debate en el que quedó de manifiesto la antipatía personal de los dos candidatos, y en el que Trump ganó. Ganó, simplemente, porque no perdió. El empresario reconvertido en político se juagaba el futuro de su candidatura después de un fin de semana negro después de la publicación por el diario 'The Washington Post' de una grabación en 2005 en la que el candidato republicano alardeaba de asaltar sexualmente a mujeres.

Poco importan las cifras exactas de las encuestas. El que la candidatura de Trump siga viva es una victoria. Parece improbable que vuelva a concitar el apoyo generalizado del Partido Republicano. Pero quedan 29 días de campaña. Y de los más de 130 millones de votos que se esperan, apenas 500.000 han sido ya realizados.

Clinton se limitó a actuar 'presidencial'. Trump, por su parte, demostró que es capaz de escuchar a sus críticos y aprender de sus errores, a pesar de que muchos opinan lo contrario. El candidato republicano aparcó su populismo y su visceralidad, y jugó como lo había hecho su candidato a vicepresidente, Mike Pence, en su victorioso debate contra su rival demócrata, Tim Kaine, el martes pasado. Estuvo tranquilo (a veces, como sedado), negó las afirmaciones que lleva haciendo meses haciendo y, cuando fue necesario, como en Siria, dejó claro que Pence está equivocado.

Pero, ¿y el famoso vídeo? ¿Qué dijo Trump de eso? Tres veces le preguntó uno de los dos moderadores, Anderson Cooper, al respecto. Porque Trump se iba por los cerros de Úbeda. O de Aleppo, porque mezclaba el vídeo con el Estado Islámico (IS, según sus siglas en inglés). Trump repitió lo que sus allegados dicen: que era solo "una charla de hombres", y sacó a colación las infidelidades de Bill Clinton. Solo de pasada, y a la tercera pregunta, Trump dijo que él nunca ha hecho lo que decía que hacía en el video.

Al margen de eso, el debate transcurrió entre una enorme tensión a nivel personal entre los dos candidatos. Pero la tensión se combinó con aburrimiento. Al tratar de calmarse, y de frenar sus instintos populistas, Trump dejó de ser el showman para convertirse en aburrido. Y Clinton fue ella misma. O sea, distante, fría, arrogante a ratos, y aburrida siempre.

Trump mostró disciplina y capacidad de aprendizaje. Eso sí, cuando se desataba, aunque sin alzar la voz en su estilo habitual, dio munición a los demócratas. El mejor ejemplo fue cuando Trump declaró que, si gana las elecciones, instruirá a su fiscal general (cargo equivalente al de secretario de Justicia) para que nombre un investigador especial a Hillary Clinton por las "mentiras" de ésta. Dejando de lado que ésa es una prerrogativa del Congreso, no del Presidente, ése fue el inicio de la pendiente que le llevó a acabar diciendo que Clinton va a acabar en la cárcel. Ésa es una frase que el equipo de la demócrata va a explotar en las cuatro semanas que quedan hasta las elecciones.

Con esa frase, o con su defensa del juez ultraconservador del Tribunal Supremo Antonin Scalia, fallecido en enero, Trump reforzó sus credenciales entre el ala más conservadora del Partido Republicano. Pero no entre los independientes o entre los indecisos. A Clinton, con su habitual estilo aburrido hasta la extenuación, le pasó, probablemente, tres cuartos de lo mismo. No parece, así pues, que éste haya sido un debate que haya cambiado la campaña.

No hubo apenas momentos de emoción y los pocos que hubo fueron, previsiblemente, cosa de Trump. Y, frecuentemente, las peleas fueron más entre Trump, que se saltaba su tiempo y seguía hablando, y los moderadores, el periodista de la CNN Anderson Cooper y de la ABC Martha Raddatz. Aparte, el público, formado por votantes que no han decidido su voto y seleccionados con la empresa de estudios demoscópicos Gallup, formuló varias preguntas.

Apenas hubo propuestas políticas, acaso porque el republicano no las tiene y la demócrata no es capaz de resumirlas en dos minutos, que era el tiempo que tenía cada candidato para responder. No hubo ejemplos de personas concretas que se hayan visto beneficiadas o perjudicadas con las políticas que se estaban defendiendo. Fue un debate aburrido tras un fin de semana de infarto, que Donald Trump ganó, simplemente, no perdiendo.

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