"La Fiscal, Luisa Ortega, se une a la lucha contra la narcoconstituyente" por Manuel Malaver

POR MANUEL MALAVER - VENEZUELA - 12 JUN 2017, 6:33 A.M.

No estuvo mal el cálculo de la élite madurista y el  G-2 cubano cuando decidieron que, cualquier intento de garantizarle una permanencia estable a Maduro en Miraflores hasta el 2018 y más adelante, pasaba por rediseñar “constitucionalmente” el país, de modo que, ni elecciones, ni revocatorios, ni artículo 350 volvieran a ser pretextos para embochinchar y poner en aprietos a la recién empollada dictadura.

Eran “los encantos” de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la CRBV, aquellos con los que Chávez, no solo se presentó como un revolucionario nacionalista y bolivariano, sino como “un reformador”, un hombre de Estado que llegaba a convertir la “República” y la “Democracia” en otra cosa.

No eran, sin embargo, aportes originales, puesto que ya los “constituyentistas” que en Colombia y Brasil -a comienzos y mediados de los 90-, habían refundado la democracia, los consideraron e incluyeron en los textos constitucionales de ambos países, pero dotándolos de un sentido civilista y social y no personalista y militar.

En ambas “Cartas” se habla de “democracia participativa y protagónica”, pero no como oposición a la “democracia representativa” (que ya le estaba quedando corta a los movimientos sociales y a los derechos humanos de tercera generación de los 80) sino como complementación a la “democracia representativa” de origen griego y que era la adoptada en Europa y América, desde el triunfo de las revoluciones antimonárquicas y anticoloniales  de Francia, Norte y sur América.

Chávez-quizá por recomendación del teórico radical de la izquierda italiana, Antonio Negri-, si vio el giro y la ventaja que representaba la oposición entre “representación”, “participación” y “protagonismo” e incluyó estos dos últimos términos en la CRVB, pero, como se denunció posteriormente, para garantizar que el único “participativo” y “protagónico” fuera él.

De todas maneras, Chávez, se metió en el problema de su vida, de su historia y de su carrera política con la CRBV, pues cuando quiso “reformarla” para instaurar el socialismo y la dictadura personalista, el pueblo le respondió con un  rotundo NO, y aunque  después la violó para convertirse en dictador de facto, destrozó el espíritu de una Carta Magna a quien el mismo consideraba intocable, y por eso la llamaba, “la Bicha”.

Pasó seis años transitando por aquel camino escabroso, comportándose como un autócrata que violaba la Constitución cuantas veces le venía en ganas, pero negándolo, ocultándolo y maquillándolo, acatándola y haciéndola cumplir si no le acarreaba ningún costo político que, de paso, era un viejo vicio o manía de los dictadores latinoamericanos de todos los tiempos y países, quienes no ejecutan sus tropelías sin justificarlas “constitucionalmente”.

Por eso, ser derrotado según los cánones “de la Constitución Bolivariana”, fue, sin duda, el peor momento de la carrera política de Chávez (en diciembre del 2007, recuerdo), el golpe del cual jamás volvió a reponerse, pues le quedó claro que ni el boom petrolero de los años 2004-2008, ni las Misiones, ni las máquinas Smartmatic, podían derrotar la pasión democrática de los venezolanos.

No era un demócrata, sino un dictador que le gustaba legitimarse con los votos, y de pronto sintió que, en cuanto se acabaran los petrodólares para comprar votos, tendría que  asumir la dictadura pura y simple.

Fue el trance que se le presentó a  su sucesor Maduro, cuando, sin petrodólares y con el aparato productivo interno destruido por la ineficacia y la inviabilidad del socialismo, se vio obligado a ser guardián de una Constitución que lo obligaba a exponerse en las urnas, y  en  circunstancias que, ya no contaba con votos, para así ir rodando hasta que, sin mayoría en el Poder Legislativo, las gobernaciones y alcaldías, no le quedaba otro remedio que entregarle el poder a la oposición, porque así lo quería el pueblo, y él, Maduro, era un fracaso colosal en lo personal, burocrático y estructural.

Le llegó, entonces, el momento de acabar con la oposición, pero no antes de dispararle en la frente, de dinamitar, el legado “constitucional” de Chávez, lanzando al país a un salto al vacío que, hasta este momento, se expansiona, profundiza, exponencia, crece, pero sin tocar sin fondo.

Si señores, Maduro, rueda por lo peor de los dos mundos, pues, en uno enfrenta a una oposición aguerrida que no abandona la calle y suma y suma apoyos sin parar; y en otro, en  el sector más numeroso de lo que alguna vez se llamó el chavismo, se suscita una rebelión que llama a unírsele a la oposición para terminar con el esperpento, con el adefesio.

Un injerto de rata con escorpión que, hasta ahora, solo se ha distinguido porque dice que conversa con pájaros y vacas, pero en un sentido circense, bufonesco y de la peor forma que se podría aprovechar una cualidad que, al menos, revelaría que sirve para algo.

Es un tipejo que baila mientras comenta que por los lados de El Valle, o de Candelaria, mataron “no sé cuántos, o cuántas” y todo porque salieron a reclamarle que en el país existe una Constitución y él, no solo la ignora, sino que se burla de ella.

Y permisa, aplaude, condecora a narcogenerales que asesinan niños y jóvenes desarmados, cuyo único delito es exigirle que respete la Constitución de Chávez, la CRBV, la Bicha, la que juró defender cuando asumió la presidencia y traiciona de manera vil y rufianesca, porque ya no lo permite presidir una pandilla o mafia que se ha especializado  en saquear el país.

Ya cuentan 67 asesinatos,  más de 600 heridos y más 1000 detenidos, inmolados por narcogenerales que deshonran, tanto el gentilicio venezolano, como los grados de la institución donde rumiaron, porque son, sencillamente, maleantes, malvivientes y forajidos en rebelión contra la Carta Magna que juraron defender y el pueblo les exige someterse a su voluntad expresada en el voto.

Da miedo pronunciar y escribir sus nombres, pero son unos tales Néstor Reverol, Antonio Benavides, Zavarse Pabón, Wladimir Padrino López y otros, en problemas desde el jueves, no solo con el pueblo opositor, sino con el pueblo chavista, que en la persona de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, está preguntándoles qué hicieron del legado de Chávez, y sobre todo con la CBRV, la Bicha, que han desguazado para que Maduro se erija en dictador y convierta a Venezuela en un protectorado cubano.

Porque, no se busca otra cosa al imponerle al país la celebración de una Asamblea Nacional Constituyente, de origen y factura fascista y mussoliniana, que no sería electa de acuerdo a las pautas de la Constitución vigente, sino por el solo capricho del dictador de facto, quien ordena sean  gremios de calidad írrita los que seleccionan los diputados, en una elección de segundo grado y sin someterla a un referendo que la apruebe o desapruebe.

En otras palabras que, será el marco “constitucional” de la dictadura que administra el país para usufructo de la gerentocracia cubana, que se cobrará así los servicios que le presta al líder autobusero para reprimir, asesinar, torturar y encarcelar a los opositores democráticos o chavistas que se lancen a las calles a enfrentar tal monstruosidad.

Por eso, los llamados del jueves de la Fiscal, Luisa Ortega y del líder opositor, Freddy Guevara, eran unir esfuerzos para que la llamada narco o prostituyente no pasara y Maduro, y quienes lo apoyan, sean desplazados de un gobierno que, aparte de tener las manos manchadas de sangre, ya ha revelado su desapego a la normalidad constitucional y los códigos que rigen la vida jurídica del país.

Es una lucha que, en lo que toca a la oposición democrática, ya  ha significado la pérdida de decenas de vidas humanas, pero en la que no debemos detenernos, pues en ella nos va nuestra existencia como una nación con su libertad y democracia recuperadas,

Debemos celebrar, por último,  el gesto, la voluntad y el coraje democráticos de la Fiscal Ortega Díaz que, saltando sobre prejuicios y parafernalias ideológicas, no ha tenido empacho en denunciar el peligro de la desaparición de la CRBV, que es también el piso constitucional que evita que, cualquier esperpento constitucional sea filtrado para imponer la dictadura y entregarle Venezuela a ocupantes extranjeros.

Gesto, voluntad y coraje que esperamos no cejen en los días por venir que, son en los que se decidirá si, definitivamente, somos libres, constitucionalistas y democráticos.

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